El escocés nunca olvidará el 7 de julio de 2013. Él ni los más de 61 millones de habitantes de todo el Reino Unido, que celebraron por las calles de Londres con banderas británicas, ya sea frente al Palacio de Buckingham en Hyde Park Corner, la fuente de Piccadilly Circus con sus carteles luminosos, frente al Big Ben y el Parlamento o en el barrio donde está el All England Lawn Tennis.

MurrayAndy Murray no podía hablar en la ceremonia de premiación en 2012 porque su sueño dorado se había frustrado frente a Roger Federer, quien conseguía su séptimo título en Wimbledon y hasta era felicitado por la realeza, todo un golpe bajo para el hombre que un año después levantó a dos naciones enteras, porque no solo festejaron en toda Inglaterra, sino en Dunblane, Escocia, en su pueblo natal.

La final que le ganó a Novak Djokovic fue una muestra de efectividad, en sets corridos por 6-4, 7-5 y 6-4, con un serbio número uno del mundo enfrente, pero liquidado después de las más de 5 horas que tuvo que batallar en la semifinal ante Juan Martín Del Potro. El tandilense debería recibir un regalo del escocés, porque ablandó a Djokovic para el encuentro que le cambió la vida.

MURRAY2El partido fue para Murray, que ganó el 72% de los puntos que jugó con su primer saque, cometió 21 errores no forzados, 6 en el primer set, 5 en el segundo y 10 en el tercero con nervios, lógicamente, y un 76% de efectividad en la red. El 5-4 del tercer set quedará para siempre en su memoria, con tres match points que no pudo concretar, con la maldición que estaba en el Court Central del All England, fantasmas sobre los británicos y el mismo primer ministro David Cameron, cerca del príncipe Carlos, comiéndose las uñas. Djokovic tenía break points pero Murray los salvaba a base de esfuerzo, sabía que lo estaba esperando la gloria, y en el cuarto punto para partido abrazó a la eternidad.

Uno puede creer que los británicos son fríos, inexpresivos, pero Andy Murray cayó al pasto gastado del All England con lágrimas, miró a su familia y a su equipo, apretó los brazos, los bíceps y la vena de su frente se hincharon y rugió ante los 40 mil espectadores que lo vieron hacer historia.

MURRAY1

Murray vivió dos hechos que lo marcaron y que debió superar, como el divorcio de sus padres y otra el 13 de marzo de 1996, cuando tenía 8 años e iba al colegio de Dunblane. Ese día, Thomas Hamilton entró armado para matar a 16 chicos y un profesor para después suicidarse, mientras que Andy y su hermano tuvieron que irse a las corridas para abrazarse y protegerse abajo del despacho del director. “Pudimos ser uno de esos niños, y pensar que él era el líder del grupo de scouts que viajó a mi lado en el auto que manejaba mi madre, no lo podía creer”, le dijo el número 2 del mundo del tenis al diario británico The Guardian, allá en 2008.

FRed PerryFred Perry fue el último británico que logró el título en “la catedral”, allá por 1936, y tuvieron que pasar 77 años para que surja un joven que vuelva a levantar el trofeo dorado más importante del tenis mundial. Es Andy Murray, el héroe que seguramente será nombrado caballero de la corona británica, que desfilará por las calles más importantes de Londres, como Oxford Street, Regent Street y la zona de Oxford Circus y hasta tal vez, en homenaje, tenga una estación del Underground con su nombre o hagan una estatua de Lego con su figura en Hamleys, la juguetería de cinco pisos en el centro londinense, y el happy hour no se termine frente a las pantallas gigantes de Tower Bridge.

TROFEOAhora habrá que preparar la gira de cemento para defender el título en el US Open y apuntar al n° 1 del mundo. Pase lo que pase, Andy Murray nunca olvidará el domingo soleado y de intenso calor sobre el All England: ese día venció a los fantasmas de la historia, a los dolores de rodilla por su problema de nacimiento con la rótula bífida, a sus frustraciones y le ganó a la eternidad.

Fotos: wimbledon.com

puntocero 2019

La comunicación es un derecho humano. Todos los contenidos y opiniones publicados en el sitio puntocero.me quedan bajo la exclusiva responsabilidad de su autor. El medio respalda la libertad de brindar información, emitir opiniones y comentarios aunque puedan no representar el pensamiento ni ideología del mismo.