El paisaje que deja China por estos días es de una ciudad gris, con ciudadanos que viven al ritmo de un país con un crecimiento económico del 7,7%. El mismo que se registró en 2012 y que resultó ser el más bajo en 13 años. Pero este crecimiento es el principal causante de la contaminación ambiental que llevó a las autoridades a declarar el “Alerta Naranja”. Según los datos oficiales, una sexta parte del país tendría un grave problema de contaminación.

Foto XinhuaEl gigante asiático declaró oficialmente la guerra a la contaminación. Así lo formuló el primer ministro Li Keqiang, en el discurso pronunciado en la inauguración de la sesión anual del Parlamento Chino. Los objetivos para 2014 son lograr un crecimiento económico de 7,5% y declarar la guerra a la contaminación.

De momento, las autoridades han decidido tomar algunas medidas urgentes: han decretado el cierre de fábricas situadas en las cercanías de Pekín, una de las ciudades más contaminadas, y restringido el tráfico en coche. Mientras que las autoridades sanitarias aconsejan a la población el uso de mascarillas y purificadores de aire, además de extremar los cuidados en niños y ancianos.

El nivel de contaminación recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) es de no superar los 25 microgramos por metro cúbico. China lo multiplica 16 veces y en algunas ciudades llegan a superar los 400 microgramos.

Foto: telesur.tvEl Primer Ministro anunció cuáles serán las primeras medidas: “50.000 calderas de carbón serán suprimidas este año, las centrales térmicas serán modernizadas y 6 millones de vehículos antiguos serán desguazados”. Los analistas no creen que la guerra a la principal fuente de energía pueda ir de la mano con el crecimiento propuesto.

Mientras tanto, la neblina de la polución crece, ya se extendió a Japón y a las dos Coreas. Las compañías aéreas entrenan a sus pilotos para aterrizar a ciegas. Los ciudadanos esperan que el clima mejore y que la naturaleza ayude a dispersar las partículas tóxicas para poder volver a ver el sol.

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