Escrutados el 99% por ciento de los votos, el derechista Jair Bolsonaro (Partido Social Liberal) se impuso con el 46,23% en los comicios presidenciales de Brasil, aunque deberá afrontar un ballotage con Fernando Haddad (Partido de los Trabajadores), quien alcanzó el 29%. Como la ley brasileña establece que para triunfar en primera vuelta se debe obtener el 50 por ciento más un voto, habrá que esperar para que se confirme algo que es casi imposible revertir: que la derecha vuelva al poder en el mayor país sudamericano.

Un padrón de 147 millones de personas tenían que ir a las urnas para elegir al sucesor de Michel Temer, que accedió a la presidencia tras el impeachment a Dilma Rousseff y luego de una convulsionada campaña desarrollada en el marco de una inestabilidad económica y política marcada también por la megacausa de corrupción, denominada Petrolao, y la condena al expresidente Lula da Silva a 12 años de prisión por corrupción que impidió su postulación en representación del PT, que debió ser asumida por Haddad.

Los candidatos de los candidatos

En los días que faltan hasta la segunda vuelta, todas las miradas estarán puestas en los demás candidatos para ver a quién deciden respaldar, más allá de que los números parecen señalar un solo camino. Es el caso de Ciro Gomes (Partido Democrático Laborista), que obtenía el 12,31% y posee cierta cercanía con Haddad, o Geraldo Alckmin (Partido de la Socialdemocracia Brasileña), que logró el 4,84% de los sufragios y se inclinaría por Bolsonaro. Muy rezagados quedaron João Amoêdo (Partido Novo), Marina Silva (REDE), Álvaro Dias (Podemos), Henrique Meirelles (Movimiento Democrático Brasileño), Cabo Daciolo (Partido Patriota), Vera Salgado (Partido Socialista de los Trabajadores Unificado) y Guilherme Boulos (Partido Socialismo y Libertad).

De esta manera, los electores brasileños dieron su respaldo a un candidato y actual diputado que es capitán retirado del ejército y que tiene características autoritarias, homofóbicas, racistas y machistas. Sus posturas ponen a Brasil en un camino de retroceso y de incertidumbre a más de 20 años del fin de la dictadura militar, allá por 1985. Una época que Bolsonaro añora y admira. Su eje de campaña para seducir a los votantes fue el combate contra la corrupción y la inseguridad, dos de las principales preocupaciones de los brasileños.

A excepción de la región noreste, baluarte del PT, el aluvión Bolsonaro cubrió todo Brasil. “Quiero que el pueblo del nordeste se libere de la mentira y de la coacción que siempre existió por parte del PT en las elecciones. Ellos hacen verdadero terrorismo con las personas más humildes del país”, manifestó Bolsonaro luego de los comicios. Además, expresó su certeza “de que ganaremos en la segunda vuelta. Hay dos caminos en Brasil: uno es de prosperidad, libertad, familia, Dios y responsabilidad. Por el otro lado está Venezuela”.

Hacia la derecha

Asimismo, Bolsonaro se comunicó a través de un discurso por Facebook y dijo que Brasil está “al borde del abismo” y remarcó que “no podemos dar ningún paso más a la izquierda: nuestro paso debe ser a la centro derecha”.

“El PT enfrentó a negros contra blancos, padres contra hijos, homosexuales contra heterosexuales, norteños contra sureños. Hay que unirse”, añadió el exmilitar, y sostuvo que hay que mirar a las “grandes naciones” como “Japón, Corea del Sur e Israel”.

Por otra parte, se refirió a las movilizaciones en su contra, organizadas por movimientos feministas contra su candidatura, y les aseguró a las mujeres que “quiero traer la paz para las mujeres, para esas madres que se quedan sin dormir cuando sus hijos van a la facultad o a un evento”.

En el cierre de sus palabras cerró a semejanza del Che Guevara: “Hasta la victoria… si Dios quiere”.

Futuro en juego

El otro contendiente para la segunda vuelta, Fernando Haddad, llamó a “a la unión de los demócratas de Brasil”. Una necesidad casi obvia, ya que necesitará una gran coalición para poder torcer la elección en su favor. “Tenemos que buscar una ampliación de nuestra alianza más allá de los partidos con los que ya compartimos la coalición. Queremos llegar a todos los brasileños que, independientemente de sus partidos, quieran contribuir a la reconstrucción democrática del país”, señaló Haddad.

Se vienen unos veinte días de mucha intensidad política y negociaciones. Una de las incógnitas es si Bolsonaro se reclinará en su cómoda ventaja o dará la cara en debates y apariciones televisivas. Hasta ahora su reclusión, ayudada por la internación tras el atentado, le dio frutos. Del otro lado es todo lo contrario, deberán caminar la calle para conseguir el masivo respaldo que necesitan. El futuro de Brasil y de la región están en juego.

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