Bruno Neri fue uno de los tantos ciudadanos italianos que perdieron su vida en la Segunda Guerra Mundial (se calcula que fueron más de 450.000). Se reivindica su historia porque, en momentos de tanta frivolidad en el mundo y en el deporte, especialmente en el fútbol, es de importancia recordar y destacar a este tipo de deportistas o personajes que se enfrentan a fuerzas como el fascismo.

Nació en 1910 en Faenza, una ciudad del norte de Italia que pertenece a Ravena en la región de Emilia-Romagna. Hizo sus estudios en el Instituto Agrario de Imola. A los 14 años era suplente en el equipo de su ciudad y, dos años después, ya era titular en el Faenza que en esa temporada disputaba la Segunda División. Era mediocampista en el equipo dirigido por el húngaro Belassa.

Fue en el verano de 1929 que le llegó su gran oportunidad: un contrato de 10.000 liras (casi cinco veces más de lo que ganaba en un año un trabajador en esa época) con Fiorentina, que en ese momento estaba en la Serie B. Habían pasado tan solo tres años de la fundación del club (la fusión entre el Palestra Ginnastica Libertas y el Club Sportivo Firenze data de 1926) y su presidente era el mismo que lo sería por quince temporadas: el marqués Luigi Ridolfi Vay da Verrazzano, un empresario petrolero que estaba afiliado al partido fascista.

Rebelión temprana

Con tan solo 21 años y aún jugando en Fiorentina, dio muestras de los ideales que lo marcarían más adelante. El 13 de septiembre de 1931 se inauguró el estadio de la Fiorentina en un partido contra el equipo austríaco Admira Vienna y, aproximadamente, 12.000 personas estuvieron presentes en el encuentro en una cancha que todavía no estaba terminada (años después llegaría a albergar más de 40.000 personas).

Giovanni Berta era el nombre con el que habían elegido denominar el nuevo campo de juego. Él había sido un político fascista que diez años antes, en Pignone, había muerto cuando lo rodearon comunistas y lo empujaron de un puente colgante. Su asesinato impactó al partido fascista (que había llegado al poder de la mano de Benito Mussolini), al punto que incluso le dedicaron una canción y en 1931 decidieron homenajearlo dándole su nombre al lugar donde disputa sus encuentros la Fiorentina.

Neri no era partidario de esa ideología y cuando las alineaciones estaban formadas y era momento de hacer el saludo romano, él fue el único que no levantó el brazo. Años después, el estadio cambiaría de nombre dos veces. Ahora se llama Artemio Franchi por un expresidente de la UEFA y FIFA que nació en Florencia.

Estuvo un par de años más en el club y después pasó por el Luchesse y el Torino. Terminó su carrera en el Faenza en 1940. Pese a pasar buenos momentos en Fiorentina, solo llegó a participar en tres partidos con su selección nacional, en lo que fue la clasificación al Mundial de 1934.

Militancia

Neri era un ávido lector, un poeta, una persona culta que solía visitar museos y galerías de arte. También iba a lugares como el Caffè delle Giubbe Rosse, donde se encontraban los intelectuales de Florencia en esa época.

Fue su primo Virgilio, que era notario en Milán, el que lo acercó a la política, en variadas reuniones antifascistas que armaba. También, a través de él, se unió a la Organización de Resistencia Italiana (ORI) cuyo objetivo, con ayuda de la la Oficina Estadounidense de Servicio Estratégico (OSS) y el Comité de Liberación Nacional (CLN), era recopilar información y realizar acciones de sabotaje en favor de la oposición.

A partir de ellos, Neri encontró el batallón Ravenna, que actuaba entre las zonas del grupo controlado por Silvio Corbari (otro futbolista al que luego le darían la medalla de oro al valor militar) y la Brigada Bianconcini, teniendo un papel estratégico y combativo en lo que se llamaba la Línea Gótica. Adquirió el apodo de Berni y se convirtió en el segundo del líder, que era un experto militar y exoficial del Ejército Real llamado Vittorio Bellenghi, “Nico”.

El 10 de julio de 1944, Neri y Bellenghi estaban haciendo un reconocimiento de la zona. Ambos subieron con sus ametralladoras a una colina con un cementerio, que estaba cerca de un manantial. Cuando pasaron por el lugar se dieron cuenta que había tres soldados alemanes subiendo por un sendero. Un testigo que estaba escondido en unos árboles dijo que ellos se habían detenido de repente y habían tomado las armas para obligar a que los alemanes se retrasen. Sin embargo, se tiraron atrás de un terraplén y empezaron a disparar. Neri y Bellenghi pudieron responder el fuego, pero ya habían sido heridos de muerte.

Así terminó la vida del futbolista, uno de los tantos que se animó a enfrentar al fascismo. Varios homenajes se hicieron tras su muerte reivindicando la figura de Neri: uno de los más ejemplares fue que le pusieron su nombre al estadio del club de Faenza, su ciudad natal.

Para entender bien quién era solo hace falta leer lo que inscribieron en una placa en su casa: “Acá tuvo su lugar Bruno Neri, comandante partisano caído en combate en Gamogna, el 10 de julio de 1944, tras haber sobresalido como atleta en las competiciones deportivas. Demostró, primero en las acciones clandestinas y después en la guerra sin cuartel, unas espectaculares virtudes de combatiente y de guía que servirán de ejemplo y advertencia a las generaciones futuras”.

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