Según la Organización Mundial de Salud (OMS), el cáncer es la principal causa de muerte en todo el mundo. En 2015 se atribuyeron a esta enfermedad 8,8 millones de defunciones. Además, el cáncer mamario provocó 571.000 muertes y avanza.

El cáncer se produce por la transformación de células normales en células tumorales en un proceso de varias etapas, que suele consistir en la progresión de una lesión precancerosa a un tumor maligno. Estas alteraciones son el resultado de la interacción entre los factores genéticos del paciente y tres categorías de agentes externos.

Asbesto y arsénico causantes de cáncer de mama

Al analizar los agentes externos, podemos darnos cuenta que hay factores que exacerban la aparición de cáncer en poblaciones vulnerables, así como también en países en vía de desarrollo. El primero hace referencia a carcinógenos físicos, como las radiaciones ultravioletas e ionizantes. Asimismo, se encuentran los carcinógenos químicos como el amianto o asbesto, uno de los componentes del fibrocemento, material de construcción compuesto por fibras microscópicas que pueden permanecer en el aire el tiempo suficiente para que supongan un riesgo respiratorio.

El componente del humo de tabaco también se ubica en este grupo, así como las aflatoxinas, pertenecientes a la familia de las micotoxinas, que son sustancias químicas producidas por cepas toxigénicas de hongos, principalmente Aspergillus flavus y Aspergillus parasiticus. Las micotoxinas son consideradas el carcinógeno natural más potente conocido hasta el momento, ya que contamina los alimentos y representa un agente silencioso y casi imperceptible.

Riesgos reconocidos, límites establecidos

Instituciones nacionales y organizaciones internacionales, como la Comisión Europea, la Food and Drug Administration (FDA) de Estados Unidos, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la FAO han reconocido los potenciales riesgos para la salud de los animales y humanos que plantea la contaminación de alimentos por micotoxinas, abordando este problema mediante la adopción de límites reglamentarios para los compuestos más relevantes. Así, la Unión Europea tiene establecidos unos contenidos máximos permitidos de determinados contaminantes en diversos alimentos. En América Latina se sabe que 19 países, que representan el 91% de la población de la región, cuentan con reglamentaciones específicas sobre micotoxinas.

El arsénico que contamina el agua también es un agente cancerígeno y ha tomado gran importancia por la alta incidencia en países pobres.

Por último, podemos hacer mención a los biológicos, como determinados virus, bacterias y parásitos.

Pobreza y cáncer

En Latinoamérica existe un problema que agrava la situación en cuanto a agentes externos. La falta de suministro de agua potable, los altos índices de pobreza y la falta de educación en todos los aspectos de la vida nos hacen más incidentes a la enfermedad.

En nuestro continente, por lo menos, más de doce países comparten el problema de contaminación por arsénico. 14 millones de personas están en riesgo por falta de plantas de tratamiento de agua potable y distribución segura para el consumo humano. Según publica la revista Science of the Total Environment del Equipo Centro Cochrane Argentina, las zonas más críticas están en Argentina, Chile y México. Además, en la Argentina alcanza a 4 millones de personas.

No es coincidencia que, cerca del 70% de las muertes por cáncer, se registran en países de ingresos medios y bajos.

Ante este panorama, se necesita más que educación para la prevención. Es necesario que desde el Estado de promuevan políticas de suelos, alimentos y aire libre de contaminantes. Se requieren proyectos que vayan a la raíz del problema ya que, de todos los casos registrados en el mundo hace solamente una década, 43% corresponden a los países en vías de desarrollo.

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