Hay ocasiones en las que lo mejor de hacer una entrevista es que esta no lo sea. Otras, donde el interlocutor es una persona agradable y desenvuelta que facilita el trabajo. Y también existe la oportunidad de que el diálogo resulta interesante por donde se lo mire, ya sea por la claridad de conceptos, por la riqueza de anécdotas o, simplemente, por la buena onda.

Tuve la fortuna de hallar todas estas características en María del Rocío Giordano, cantante lírica y formadora. Con semejante preludio es mejor pasar directamente al encuentro, que dejó una buena cantidad de reflexiones.

Foto: Pedro Zambrana

Foto: Pedro Zambrana

Rocío cree que el interés en el arte está en sus genes. “Una vez mi mamá me dijo que nací cantando”, afirma. “Verdadero o no, lo cierto es que no recuerdo que exista un punto de inflexión que me haya hecho decidir dedicarme a la música, sino que, un poco sin querer y un poco queriendo, esta me ha estado acompañando (y así seguirá haciéndolo) desde mi más tierna infancia”. Casualidad o no, Rocío además combina en su persona todo el ímpetu y espontaneidad de una niña junto con la sapiencia y proyecciones que sus años de carrera y madurez arraigaron en su ser.

“La música comenzó siendo un juego: tarareaba, cantaba las canciones de promúsica (cuyo cassette conservo hasta hoy) e inventaba cortinas radiales, coreografías y canciones con mi hermana. Además, escuchaba y acompañaba a mi gran maestro del sentir y del decir: mi abuelo querido con sus tangos y la guitarra (que aprendió a tocar de oído). Por supuesto que también contaba con la mirada atenta de mis papás para descubrir mis intereses y darme la posibilidad de desarrollarlos, que fue lo que le dio el vuelco a mi vida. Primero estuvo la danza, luego órgano, coro de niños, piano y así… la escuela de la música y el arte a la par de la escolaridad tradicional”, cuenta con entusiasmo.

En cuanto a su formación, expresa que comenzó desde “muy chica, haciendo danzas clásicas, luego españolas y zapateo americano. Tenía solo 4 años cuando empecé a adquirir la disciplina necesaria para ese tipo de actividades. Esa disciplina marcó mi vida y me hizo canalizar la energía hacia lo creativo. Además, me permitió pisar escenarios para los espectáculos de fin de año, con la experiencia de los ensayos y de las caracterizaciones”, cuenta y al mismo tiempo ríe al recordar cuántas lentejuelas deben haber cosido su mamá y su abuela.

Rocío es una persona con mucha energía (demasiada si estás desprevenido) y continúa su historia con detalle: “Pocos años más tarde comencé a estudiar piano e ingresé al coro de niños de la Iglesia de San Antonio de Padua donde, aunque era vocacional y estaba dirigido por dos estudiantes de música muy jóvenes, se trabajaba con seriedad y excelencia. El repertorio era variado, con obras clásicas y populares a cuatro voces y a veces más (lo que puede ser ambicioso para niños de 8 años, que era mi edad al ingresar). Recuerdo claramente maravillarme por la voz de Mercedes Marquet, la técnica vocal del coro, cantando el ‘Ave María’: fue uno de mis primeros acercamientos a una voz lírica en vivo. Luego de estudiar piano en forma particular, a los 11 años ingresé en el Conservatorio Provincial Alberto Ginastera (Morón) y comencé mi formación académica”.

Salon Dorado del Teatro Colon, al piano el maestro Marcelo Ayub, 2013

Salon Dorado del Teatro Colon, al piano el maestro Marcelo Ayub, 2013

“Todo esto implicó mucho esfuerzo, ya que a medida que fui avanzando llegué a cursar materias de lunes a sábados, a la par del colegio. Sin embargo, no me resultaba tedioso: mantuve siempre el amor a la música y a la diversidad que implicaba compartir aula con estudiantes de diferentes edades, perspectivas y situaciones socioeconómicas. Además, participaba en varios coros, entre los que se destaca el Coro Juvenil de San Justo, en el que permanecí por diez años y con el cual seguí profundizando la disciplina y seriedad en el estudio de la música. Me permitió conocer repertorios de diferentes estilos y épocas, empezar a cantar en diferentes idiomas, viajar a concursos y acceder a muchas salas importantes del país. Y, además, entre todos esos aprendizajes conocí allí a quien fue mi primera maestra de técnica vocal (la soprano Gilda Giancaspro), junto a quien di mis primeros pasos en el estudio del difícil arte del canto lírico”, cuenta Rocío, que sorprende con semejante trajín si consideramos que tenía solamente 17 años. Pero esto no es todo, porque como dije antes, tanta energía es una de sus mayores virtudes y, mientras finalizaba el secundario ingresó a la Universidad de Morón, la que describe como una “acertada locura”. Allí se recibió de licenciada en Ciencias Políticas.

Pese a que pueda sonar un poco incongruente, Rocío afirma que “la carrera determinó mi pensamiento analítico no solo hacia sus contenidos específicos, sino también en lo referido a la música y a la gestión que hago de algunas de mis actividades (siempre orientadas a la cultura)”. Además, siempre redobla la apuesta y suma “otra locura”: con menos de un año de estudios particulares propios comenzó a dar clases de canto.

El tiempo pasa para todos, la diferencia está en aprovecharlo y Rocío, luego de una década de enseñanza, tiene en la actualidad casi 30 alumnos. Asimismo, pese al camino recorrido, no olvida a sus maestros Susana Cardonnet y Guillermo Opitz, a quienes agradece el haberle abierto horizontes antes inimaginables. “Sus enseñanzas dejan su marca en cada una de mis interpretaciones”, asegura.

Entre esas perspectivas soñadas, hoy Rocío cuenta con orgullo “haber ingresado a las dos instituciones más prestigiosas: el Instituto Superior de Artes del Teatro Colón, del cual soy actualmente alumna regular, y el Ópera Estudio del Teatro Argentino de La Plata, del cual soy egresada. En lo que respecta al exterior, busco desde mi primer concurso internacional (en 2008) viajar al menos una vez al año a Europa o Estados Unidos para hacer cursos de perfeccionamiento con diferentes maestros. Esto resulta muy importante para no perder la perspectiva de cuáles son las exigencias a nivel mundial, y así no estancarse”.

En concierto para la Fundación Teatro Colon, en la sede de la Coleccion de arte Amalia Lacroze de Fortabat.

En concierto para la Fundación Teatro Colon, en la sede de la Coleccion de arte Amalia Lacroze de Fortabat.

Y si de exigencias se trata, aquí tal vez yace su talón de Aquiles. Rocío Giordano va en busca de más cada día: “Tengo una profunda faceta autodidacta y considero que la búsqueda de excelencia es algo que debería ser, junto con la inspiración, la inquietud constante de todo artista, independientemente de cuál sea su especialidad. Con eso en mente, me dedico cada día a investigar sobre todo lo que fluye de mi pensamiento: anatomía y fisiología, logopedia, literatura, teatro, tratados de arte, historia, psicología, didáctica, fonética, semiótica, etc. Cada conocimiento que incorporo resignifica mi voz”, sentencia con firmeza.

En cuanto a su carrera profesional, destaca dos tipos de experiencias: las que vinculadas a concursos y las relacionadas con conciertos y óperas.

“En el año 2006 me propuse participar en concursos y audiciones para roles de ópera. Fue así como me preparé y obtuve el Primer Premio en el Concurso para Jóvenes Cantantes Líricos de la Scala de San Telmo, cuyo premio consistía en una beca que me permitió estudiar dos años y, además, la posibilidad de hacer mi primer concierto con orquesta, acompañada por la Orquesta Juvenil Libertador San Martín. A partir de allí todo se precipitó. Resulté semifinalista del concurso Competizione dell´opera en Alemania y obtuve el tercer premio del concurso Dr. Luis Sigall en Chile. Con la confianza de saberme capaz de vencer los nervios en esas situaciones, me presenté y resulté ganadora del Concurso Ópera de San Juan, gracias al cual debuté el rol de Adina, que protagoniza “L´elisir D´amore” de Donizetti. También ese año debuté el rol de Micaela en “Carmen” de Bizet (que es uno de mis amores en la ópera): primero en el Teatro El Círculo de Rosario y dirigida por Mario Perusso y con puesta de Marga Niec, y luego en el teatro Sarmiento de San Juan.

Con Micaela llevo casi 20 funciones actuadas (entre otros, en el Teatro Avenida, Teatro del Libertador San Martin y Auditorio de Belgrano). Recuerdo mi emoción luego de cantar el aria el día de mi debut, el público me brindó un aplauso muy cálido que duró varios minutos y yo, intentando contenerme (porque tenía que seguir cantando) no pude evitar largarme a llorar. Fue mágico, tanto lo que sentí mientras cantaba como lo que sucedió con la devolución del público. Esa magia es lo que más amo de esta carrera, es un tipo de conexión y diálogo maravilloso y único, que hace que todos vibremos juntos.”

Junto a Placido Domingo, en la Scala de Milan para OPERALIA, Milan, 2010

Junto a Placido Domingo, en la Scala de Milan para OPERALIA, Milan, 2010

Luego de la detallada y entusiasta descripción, Rocío se pone reflexiva y, una vez más, queda en evidencia el vaivén de emociones y sensaciones que provoca con sus palabras: “Cada vez que lo pienso me sorprende tener la posibilidad de expresarme de esta forma. Lo que ‘digo’ cuando canto, lo que transmite la voz sobre mí solo puedo expresarlo cantando, y es mi esencia como ser humano: lo más auténtico que puedo transmitir”.

Pero no todo es color de rosas en la vida de un artista, y ella no es la excepción. Rocío recuerda que el momento más fuerte que le tocó vivir arriba de un escenario fue cuando le avisaron que “su abuela fallecería en cuestión de horas”. “Salí del Hospital de Clínicas junto con mi mamá y nos fuimos juntas al Palacio Sans Souci para el espectáculo que iba a realizar para la Fundación Música de Cámara. Todo el concierto pensé en mi abuela y toda mi voz y energía le fue dedicada a ella. Fue difícil cantar sin tenerla presente pero ese día aprendí que mi mejor homenaje hacia mis seres queridos es el de encomendarles mi voz, porque representa mi vida y el esfuerzo que no es solo mío, ya que me acompañan con la misma constancia con la que yo sigo soñando crecer en la música”, asegura, y agrega que su mayor orgullo es poder compartir su arte con su familia, su novio (“que está en todas”) y sus amistades.

Asimismo, Rocío aclara que, como en todo ambiente, hay “obstáculos de toda índole, lo más importante es crecer con la tolerancia a la frustración y mantener la dedicación, el compromiso y la perseverancia para, independientemente de los resultados, estar siempre bien preparados”. Y, si tuviera que elegir un aspecto que no debe descuidarse es “la salud y el ánimo”. “Ningún día es igual y se necesita estabilidad”, detalla.

Antes de finalizar la entrevista también hubo lugar para los sueños: el que cumplió es poder vivir de la música y sin perder la pasión. Por otra parte, su ambición “más grande” es “seguir esforzándome por llegar a lo más alto que pueda en calidad y en oportunidades con dedicación, constancia y la lucha diaria para que los sueños puedan seguir reproduciéndose y resignificándose”.

Del ciclo wagneriano "El anillo del Nibelungo", interpretando a la ondina Woglinde. Teatro Argentino de la Plata, 2012. De izq a der: Luis Gaeta, Rocío Giordano, Rocio Arbizu, Cecilia Pastawski.

Del ciclo wagneriano “El anillo del Nibelungo”, interpretando a la ondina Woglinde. Teatro Argentino de la Plata, 2012. De izq a der: Luis Gaeta, Rocío Giordano, Rocio Arbizu, Cecilia Pastawski.

Rocío, finalmente, deja sus palabras de aliento para aquellos que dudan o no se animan a dedicarse de lleno a la música: “Con perseverancia, año a año uno va superándose. Una parte importantísima de esta carrera es tener cierta inteligencia emotiva que vaya desbloqueando cualquier traba autoimpuesta. Animarse forma parte de esa inteligencia. Si uno se lo permite, entonces luego la posibilidad o no de desarrollarse y acceder cada vez a mejores oportunidades depende de variables externas, que suelen ser muchas veces azarosas o dependen de la mirada de terceros. Además, hay que involucrarse con una búsqueda creativa profunda y tratar de acceder siempre a los mejores maestros”.

Algunos de los premios y actuaciones destacadas de Rocío Giordano

Premio Revelación por la Asociación de Críticos Musicales Argentinos en el año 2009.

Fue una de los 40 artistas seleccionados  a nivel mundial (de entre más de 1.000 solicitudes) para participar del concurso Operalia, organizado por el tenor Plácido en La Scala de Milan en el año 2010.

Primer Premio y Premio al Mejor Intérprete del Concurso Internacional de Canto Lírico Ciudad de Trujillo (Perú, 2010).

Primer Premio del Concurso Lumen Artis de Música de Cámara junto a la pianista taiwanesa Chuin Wen Hsu (2012).

Junto al baritono Sherril Milnes y Alejandro Cordero, New York, 2012

Junto al baritono Sherril Milnes y Alejandro Cordero, New York, 2012

Conciertos gracias al Instituto Superior de Arte del Teatro Colón en America’s Society de New York y en Londres para ILAMS (Iberian and Latin American Music Society).

Presentaciones en Chile, España, Perú y Uruguay.

Participaciones en “Don Giovanni” (Zerlina), “Las Bodas de Fígaro” (Susanna), “Cosi fan tutte” (Fiordiligi), “Loreley” (Anna), “La Boheme” (Musetta), “Werther” (Sophie), “Il Viaggio a Reims” (Delia), “Das Rheingold” (Woglinde) y “Orlando Paladino” (Eurilla), entre otras.

 

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