El buen periodismo parece ser la piedra en el zapato para algunos mandatarios. Este es el caso del presidente Donald Trump. Ante una pregunta sobre la caravana de inmigrantes centroamericanos que se dirige a Estados Unidos, Trump perdió los estribos y, tras dar la orden de retirar el micrófono al periodista Jim Acosta, le quitó la palabra durante una tensa rueda de prensa el miércoles pasado y luego ordenó suspender la acreditación del corresponsal.

En consecuencia, “CNN (Cable News Network) presentó una demanda contra la Administración Trump esta mañana en la Corte de Distrito de Washington DC”, indicó la cadena informativa en un comunicado, señalando que “la revocación ilícita” de la acreditación de Acosta viola derechos garantizados en la Constitución estadounidense.

Pregunta indebida, comportamiento indebido

Luego de ser callado, Acosta siguió preguntando mientras una joven pasante de la Casa Blanca intentó en vano quitarle el micrófono, a lo que Trump calificó de “comportamiento indebido” de parte del periodista, lo que le costó la pérdida de su acreditación como corresponsal de la Casa Blanca.

Sarah Sanders, la portavoz de la Casa Blanca, aseguró que el periodista “colocó sus manos” en la joven y publicó un video editado de tal manera que dramatiza la escena.

La Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca (WHCA, en inglés) se congratuló de la demanda de la CNN y dijo que “revocar el acceso (de Acosta) a la Casa Blanca es una reacción desproporcionada ante lo ocurrido”.

El poder no solo se encuentra en las instancias superiores de censura sino en toda la sociedad. La idea de que los intelectuales son los agentes de la “conciencia” y del discurso forma parte de ese sistema de poder. El papel del intelectual no residiría en situarse adelante de las masas, sino en luchar en contra de las formas de poder allí, donde realiza su labor, en el terreno del “saber”, de la “verdad”, de la “conciencia”, del “discurso”. El papel del intelectual consistiría así en elaborar el mapa y las acotaciones sobre el terreno donde se va a desarrollar la batalla, y no en decir cómo la llevaría a cabo.

El retiro de las credenciales de prensa a Acosta supuso una escalada en las tensiones entre Trump y CNN, un canal de noticias para abonados conocido por su cobertura crítica del gobierno del actual mandatario de Estados Unidos.

Poner el cuerpo

Otra es la suerte para los periodistas por estas latitudes. Tras declaraciones o investigaciones, muchos periodistas se ven alcanzados por las balas de la impunidad. No son respaldados por los medios que los contratan por medio a represalias y están condenados a morir con la verdad en la boca.

Durante este año, 30 periodistas han sido asesinados en los países del continente americano, 20 de ellos solo entre abril y octubre. Esta fue una de las conclusiones de la 74° Asamblea General de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), celebrada del 19 al 22 de octubre en Salta, Argentina. Las cifras son escalofriantes y muestran lo más crudo de la guerra por la información y el poder.

Paradójicamente, los países más afectados resultan ser los que presentan mayores indices de corrupción y censura. Los países con periodistas asesinados fueron Ecuador (3), México (11), Brasil (4), Colombia (2) y Nicaragua (1), Guatemala (2) y Estados Unidos (7). De acuerdo con la SIP, las amenazas, agresiones y muertes contra periodistas no han disminuido. Por el contrario, van en aumento respecto de años anteriores.

La microfísica del poder indica que el poder no es un fenómeno de dominación masiva y homogénea de un individuo sobre los otros, de un grupo sobre otros, de una clase sobre otras. El poder contemplado desde cerca no es algo dividido entre quienes lo poseen y los que no lo tienen y lo soportan. El poder tiene que ser analizado como algo que funciona en cadena. No está nunca localizado aquí o allá, no está nunca en manos de algunos. El poder funciona, se ejercita a través de una organización reticular. Y en sus redes circulan los individuos, quienes están siempre en situaciones de sufrir o ejercitar ese poder: no son nunca el blanco inerte o consistente del poder ni son siempre los elementos de conexión. El poder transita transversalmente, no está quieto en los individuos. Aquí radica la importancia de identificarlo, reconocerlo y poder actuar desde nuestra individualidad para no ser absorbidos por censuras y desinformación.

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