La energía negativa emana de sus poros como el veneno en la piel de una rana. Se desesperan ante la adversidad y consiguen contagiar a otros, como si se tratara de una peligrosa peste. En palabras del autor Bernardo Stamateas, “unirte a gente mediocre es unirte a gente tóxica, sin darte cuenta de que el aire viciado entra por tus poros y te enferma”.

La gente tóxica se muestra enérgica y predispuesta, pero cuidado, solo es un lobo con piel de oveja. La clave no está en ignorarlos sino más bien en identificarlos. Se hace más útil identificar, ya que las relaciones que cada día impone la sociedad nos obligan a convivir entre muchas conexiones, no solo laborales sino sociales. Podemos saber quién causa malestar en un grupo, cómo lo hace e, inclusive, porqué y de esta manera buscaremos la forma de neutralizar esa energía.

Contrarrestar

La gente tóxica siempre tiene una excusa si se trata de ayudar al otro. Hacen comentarios egocéntricos en momentos inoportunos. Se excusa de sus fracasos, enfatizan que siempre fue culpa de otro y nunca reconocen un triunfo ajeno, por ende, les cuesta ser solidarios. Ante esta actitud, la respuesta debe ser una reacción contraria, que lo tome por sorpresa una oleada de sinceridad y confianza. No permitir que la toxicidad te invada es parte de ganar la batalla. “Proponte disfrutar de todo lo que tienes, sabiendo que eres merecedor de todas las cosas buenas de la vida. Deshazte de las culpas falsas. Solo eres responsable de tus decisiones, no de las ajenas”, amplía Stamateas.

La gente tóxica se propone oír todo, más nunca escuchan nada. Atentos a su apariencia ante los demás, busca todo el tiempo los defectos en el cuerpo ajeno y los señala para distraerse un poco. Su vida es tan miserable y aburrida por la falta de certezas y amigos verdaderos, que miran al otro con desprecio y lo critican sin fundamento. De esa turbulenta realidad se desprende su día a día.

En la filosofía oriental, el cuerpo responde y expresa lo que el alma no puede mediante palabras, y así nacen las enfermedades. Es como una especie de respuesta a tragarse las palabras y más las que hieren y laceran. La gente tóxica está llena de bilis, su piel lo demuestra, su aliento lo delata.

No suman ni restan

La gente tóxica no suma ni resta, descompone. Descompone grupos, familias, personas. Se encierran en sus propios egos por temor a volar y caer, aunque vivan arrastrados por sus propias inseguridades. La gente tóxica es oportuna y manipuladora. Está siempre ahí de palabra y corazón, pero si hay que poner el cuerpo, el suyo se encuentra ocupado con algún asunto por resolver.

Para detectar un tóxico basta con alguna vez haber estado intoxicado. Es la misma sensación de asco, hastío y posible vómito. Te harás cada vez más experta o experto cuando más veces te topes con algo tóxico. Lo sabrás recibir, observar y rechazar, como cuando en un gran banquete las vieiras te causan gases… no por quedar bien te las tragas a sabiendas que te harán daño.

En caso que vuelva a pasar, y encuentres a un tóxico, no te culpes, no mencioné que justamente al igual que las vieiras en los banquetes y las ranas en la selva, lo tóxico se presenta a la vista como brillante, atractivo y seductor. Qué lástima que no somos solo animales, pues hasta ellos saben que la belleza que te ciega es la que más daño hace.