Desde muy joven comencé a recorrer un camino espiritual, siempre me gustó descubrir verdades más allá de lo que podía percibir a simple vista. Seguramente, la necesidad de resolver situaciones familiares que me hacían sufrir también me motivó a profundizar en mi interior.

Muchas cuestiones fui transformando, comprendiendo, liberando y sanando. Pero otras tantas seguían arraigadas, complicándome el presente. Claramente, desconocía el origen de aquellos patrones familiares que se repetían y me generaban tristeza, frustración, enojo, impotencia y -sobre todo- no me permitían ser un adulto verdaderamente feliz. “Facu, tendrías que constelar. Estoy segura que te va ayudar muchísimo”, me comentó una tarde mi maestra de Reiki, Ema. “Bueno, puede ser”, le respondí sin saber demasiado de qué se trataba. Había hecho tantas cosas que una más estaba seguro que no me afectaría.

¿Qué son las Constelaciones Familiares?

Cuando llegué a casa, investigué en internet sobre las Constelaciones Familiares y, a medida que escuchaba los testimonios, me fue interesando. Había llegado el momento de experimentar este método desarrollado por el psicoterapeuta alemán y exsacerdote Bert Hellinger en la década de los 90′.

Luego de un buen tiempo de meditar sobre esta posibilidad, le pregunté a Ema si conocía a una persona de confianza para constelar. “Claro, mi cielo” fue la respuesta y me pasó por WhatsApp el contacto de Natalia Schcolnik. Durante la primera sesión estaba con el corazón dolido por una relación amorosa que no había funcionado, era un mar de lágrimas y quería liberarme de todo ese tormento y que no me siguiera pasando una y otra vez lo mismo.

Me gustó la dinámica, trabajamos varias relaciones e historias entre mis antepasados y así comprender lo que me sucedía en mi presente. Cuando terminé la sesión, sentí que había arrojado al vacío una mochila con tres elefantes. La segunda sesión fue algunos años después, estaba contento con los resultados de la anterior y cuando nos estábamos despidiendo la invité a Noches Vernäculas para contarle a nuestros oyentes acerca de las Constelaciones Familiares y su importancia para ayudarlos a resolver algún sufrimiento recurrente.

Sanación para todos

“La Constelación permite conectar una situación que en mi vida actual no está funcionando bien, con algo de la historia familiar que en su momento no fue resuelto y lo sana. Por un lado, tomo conciencia de una problemática y qué está tomando mi alma en este momento que me impide estar cien por ciento presente en mi realidad. Por otro lado, ese trabajo de sanación que se hace va más allá de mí, va a llegar a toda mi familia. No es solo para mí, sino para todo mi sistema familiar”, explicó Natalia.

“Constelamos para sanarnos a nosotros mismos, pero en el camino indirectamente también estamos ayudando a otros. De hecho, se ven muchas transformaciones a partir de las Constelaciones”.

¿Qué podemos constelar?

Algunos de los temas que se pueden trabajar, tanto en las sesiones individuales como grupales, son las dificultades en las relaciones familiares, desarrollo personal, traumas de la infancia, conflictos de pareja actual o relaciones del pasado, problemas con los hijos, hermanos, padres, depresión, tristeza y melancolía, problemas de trabajo o salud, entre muchos otros asuntos.

En conclusión, “todo es una oportunidad para sanar. Cualquiera de los síntomas que aparezcan en cualquiera de estos planos es una manifestación de algo que pide ser mirado en la historia familiar”. Entonces, ¡a no hacerse cargo de lo que no nos corresponde! Por esta razón, “lo que hacemos en la Constelación, es encontrar cuál es el excluido en cuestión, le damos su lugar y reconocimiento simbólicamente, le devolvemos su paquete y dejamos de seguir cargando lo que no nos corresponde”.

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