Escuché por primera vez hablar sobre Bitcoin en una cena familiar a fines de 2012. Me comentaron que un columnista de tecnología explicó por radio acerca de una nueva moneda electrónica, que había invertido unos cientos de dólares (a modo de cuasi videojuego informático) y, en un año, había crecido más de mil por ciento su valor.

No te alteres. Al principio, yo también pensaba que era un disparate, una confusión, una técnica de lavado de dinero o un estilo de agujero informático comercial, hasta que me puse a investigar un poco más.

Bitcoin es un proyecto informático de tipo código abierto (como el sistema operativo Linux) fundado en el año 2009, cuyo objetivo originario era la creación de una nueva moneda electrónica, un protocolo y una tecnología que facilite el intercambio monetario. A diferencia de las otras divisas, esta moneda no tiene un organismo regulador ni una entidad financiera detrás (es regulada por algorítmicos matemáticos), y su particularidad más destacada frente a casi el total de las divisas tradicionales, es que su emisión es limitada, es decir, es una moneda que teóricamente no sufre inflación. ¿Por qué no pensar en una moneda virtual descentralizada que no dependa de la emisión de crédito incontrolado, legislaciones pro-bancarias y libres de control de organismos financieros?

Hoy día, nuestra relación con el dinero es cada vez más virtual: desde la aparición de las tarjetas de crédito y el auge de los sistemas de home banking, hasta las tecnologías NFC (Near Field Communication) nos permitirán, en un futuro cercano, realizar pagos aproximando nuestros smartphones. Entonces, ¿resulta tan ilógico pensar en este tipo de tecnologías?

Como licenciado en Gestión de Medios y Entretenimientos, apasionado por las nuevas tecnologías y plataformas digitales, decidí investigar en profundidad este proyecto y empezar a compartirlo en ámbitos universitarios. Tuve la oportunidad de realizar varias presentaciones acerca de este tema en varias aulas de grado y postgrado y el entusiasmo generado en las clases fue realmente impresionante. Los aspectos polémicos: ¿de dónde viene la moneda? ¿Quién la emite? ¿Cuánto debería haber? ¿Quién debería emitirla y controlarla?, son debates que se generan, entre otros aspectos, en un ambiente universitario con un tema como este.

La llamada “Generación Y” (los nacidos entre 1982 y 1994) son los que actualmente utilizan, en mayor medida, esta moneda. Los principales usos que le dan a esta tecnología son: diversificación de activos (cabe aclarar que es una moneda que su precio es extremadamente volátil, puede aumentar o disminuir en un corto período de tiempo), como fuente de inversión y especulación (con un nivel de riesgo mayor al habitual) y como forma de protección de ahorros frente a la inflación.

Después de seis meses de profunda investigación y participación como analista y docente universitario del fenómeno, creo que Bitcoin es una tecnología de gran alcance humano, que representa un gran cambio cultural frente a lo que conocemos hasta hoy como “dinero”, las industrias van a tener que evolucionar y adaptarse y la sociedad lo va a utilizar… pero la gran pregunta es: ¿de qué forma?

Artículo elaborado especialmente para puntocero por Joan Milton Cwaik.

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