La directora Alessia Chiesa presenta su ópera prima “El día que resistía”, un relato que explora minuciosamente la niñez.

Tres hermanos pequeños se encuentran solos en una casa aislada en medio del bosque esperando el regreso de sus padres. Lo que en un principio es puro juego y luz, a medida que pasa el tiempo se transforma en miedo y oscuridad.

La película irradia frescura, la directora parece haberse hecho invisible junto a la cámara para poder capturar la naturaleza pura de la infancia. La narración aprovecha el potencial de estar inmersa en un momento de la vida donde la realidad se proyecta a través del juego y el cuento.

En sí misma, tiene una trama que avanza de forma ambigua entre el naturalismo mencionado y también la inminencia de que algo casi sobrenatural está por suceder. Entre estos tres niños los vínculos se tuercen ante la ausencia de los padres y la posibilidad de un nuevo lugar de poder se hace presente en la hermana mayor y su inquietante y oscura forma de doblegar a los pequeños.

“Hansel y Gretel” y otros cuentos de los hermanos Grimm rodean el aire de lo que sucede en el film. Como sabemos, hablamos de cuentos que tienen sus versiones infantiles y un costado tétrico. Ambos puntos de vista confluyen de una forma que roza lo abstracto en una película que, sin dudas, se aleja de los convencionalismos. Quizás se extiende un poco en el tiempo y se torna reiterativa.

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