La expectativa era inevitable porque se trata de la película sobre una de las mejores bandas de la historia de la música. Queen atraviesa toda generación, contra cualquier pronóstico temporal, las obras de arte que crearon con su música siguen siendo una fuente inagotable de majestuosidad. “Bohemian Rhapsody” intenta rendir homenaje a la banda y llevar su historia a la pantalla grande.

El periodo de tiempo que comprende la película va desde que Mercury se incorpora a la banda hasta el mítico concierto en el Live Aid, una gran cantidad de hechos para una sola película. Veremos a Farrokh Bulsara (su nombre de nacimiento) transformarse en Freddie Mercury y la metamorfosis de esa personalidad estrafalaria que lo caracterizó. Relacionado a esto se puede mencionar que la película trabaja con “saltos” en lugar de “transiciones”, lo cual la hace abrupta y de un ritmo apurado por contar todo.

En ese “querer contar todo” reside, quizás, el mayor conflicto de la película. No se da tiempo de detenerse sobre algunos momentos clave de la historia de la agrupación y la vida de Mercury. Ambas historias caminan a la par, pero en lugar de retroalimentarse compiten entre ellas y, en esa disputa, ambas pierden presencia. La consecuencia fue un paso muy superficial y episódico por todos los eventos que se sucedieron. El tiempo corre a la producción cinematográfica y esta termina por pasar por la historia de crecimiento musical con liviandad y rapidez, así como también lo hace a la hora de hablar de cuestiones más íntimas. Se puso en juego la profundidad de la cinta y la apuesta se perdió. Queda el sabor a poco de algo sin costado audaz.

Vidas y vueltas

El punto fuerte y más notorio de la película es seguramente el elenco compuesto por Gwilym Lee como Brian May, Ben Hardy como Roger Taylor y Joseph Mazzello como John Deacon. Todos perfectos, los tres actores son idénticos a los músicos de la mítica banda. Además, “Bohemian Rhapsody” compone con ellos un costado más humano y de cariño entre el grupo que llena de ternura el clima general. Sobre Rami Malek, que le da vida a Freddie Mercury, ¿qué se puede decir? Se trató de un desafío enorme y físicamente la reproducción es de un gran nivel, aunque claramente la pregnante imagen del vocalista tenía algo en su estilo de lo viril que a Malek le queda chico. No es responsabilidad del actor que hace un trabajo maravilloso y se lleva sus porotos. Se nota que la película tuvo muchos conflictos en la pre producción. En la búsqueda del actor indicado Sacha Baron Cohen fue la primera opción, y las diferencias artísticas que lo separaron del papel también dejaron a la deriva a la producción. De ahí en más todo fueron muchos años de idas y vueltas antes de que hoy estemos hablando de su estreno. El conflicto constante se traduce en un resultado que no es el mejor.

Lo que la película no logra con el drama por no profundizar, sí lo logra con el humor que entretiene, ayuda a sortear los momentos mal contados y resulta otro de los puntos fuertes.

Uno esperaría que la carga de momentos musicales haga vibrar el pecho. Era el punto que más se debía cuidar y uno de los más decepcionantes. Le falta la esencia clipera y el alma de espectáculo y, por esto, pasan bastante desapercibidos. Pareciera que el momento mejor grabado y mejor narrado es el recital de Live Aid, ese momento tiene la pulsión que probablemente debería haber tenido toda la película, incluso ahí se pueden escapar algunas lágrimas.

Como una síntesis entre las cosas que más gustan y las que menos, si bien la película está bien le falta mucha potencia y mucho corazón para llegar a ser la película que Queen se merece… queda la deuda pendiente.

puntocero 2018

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