Por aquellos días entre los años 268 y 270, el emperador Claudio II (Marcus Aurelius Valerius Claudius Augustus) gobernó Roma y ordenó prohibir la celebración de matrimonios entre personas jóvenes porque decía que “cuanto más joven, mejor para el ejército”.

Valentín, que era un presbítero cristiano de avanzada para esa época, en secreto casaba a los que estaban muy enamorados y muchos de ellos eran soldados de Claudio, porque creía que ese decreto no tenia ni ton ni son, sabía que el amor es la fuerza más poderosa del universo y que una persona que ama es una persona menos para la guerra y el mal.

El emperador se enteró y lo mandó a llamar. En un primer momento le pidió que desistiera de casar a los jóvenes aunque no estuviera de acuerdo y lo hizo de buenas formas, ya que Valentín tenía muy buena popularidad entre sus fieles, pero al ver que el sacerdote desoyó su primera advertencia, lo encarceló.

Pero acá no termina la historia. El oficial que lo aprisionó por orden del gobernador lo quiso ridiculizar delante de todo el pueblo (siempre hay más papistas que el Papa) y le comentó que él tenía una hija ciega llamada Julia, también que quería ver sus poderes y por eso que le devolviera la vista. Para sorpresa de todos, San Valentín (por obra y gracia del Señor) le devolvió la vista a la hija del carcelero. Fue tal la conmoción, que Asterius (así se llamaba el oficial) se convirtió junto con su familia al cristianismo y siguió a Valentín hasta su último día de vida. Pero la palabra final la tenia el emperador Claudio, que lo dejó encarcelado y lo martirizaba todos los días hasta que pidió que lo ejecutaran un 14 de febrero del 269.

Almendro de flores rosadas:

Este es el símbolo del amor y la amistad duradera, ya que este día no es solo el de los enamorados sino el día de la amistad duradera. Y el almendro es en agradecimiento al sacerdote por parte de Julia, que lo plantó junto a la tumba de San Valentín.

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