Agustín Toscano ya había estrenado “Los Dueños” en el marco del Festival de Cannes en el año 2013. En esta ocasión, también luego de pasar recientemente por Cannes, nos llega “El motoarrebatador”, que será una de las películas del año en materia de cine nacional.

La experiencia Cannes

Con “Los Dueños”, Agustín Toscano en codirección con Ezequiel Radusky, obtuvieron una mención especial del jurado. Y en esta oportunidad con “El motoarrebatador”, su primera película dirigida en solitario, participó en el mismo festival durante la quincena de realizadores.

La recepción de esta última en Cannes fue de ovación de pie por varios minutos. Todos estos datos nos dan un marco de la efectividad del realizador a la hora de universalizar un mensaje de forma contundente a nivel internacional pero que, al mismo tiempo, nos pertenece.

El motoarrebatador

Miguel es un ladrón de poca monta, un arrebatador en moto con rasgos de sumisión. En uno de sus robos hiere gravemente a una mujer y  la damnificada resulta haber perdido la memoria y Miguel encuentra allí una posibilidad de redención, pero su pasado lo persigue y le dificulta comenzar una nueva vida.

El detonante que funcionó como un germen fue el robo que sufrió la madre de Toscano en manos de dos ladrones en moto. Luego, la película evoluciona y se transforma en una radiografía social que es mucho más que un hecho. En el país entero, en la actualidad el fenómeno de los llamados “motochorros” parece ser uno de los ejes principales de la delincuencia y de los más tratados en los medios de comunicación.

La película está ubicada en Tucumán durante los saqueos del año 2013 mientras la policía tucumana estaba en huelga producto de un conflicto salarial. La película cuenta con algo de material de archivo que comparte el alma con esta comedia dramática. Además, habla siempre desde el punto de vista del delincuente protagonista, su culpa y sus tormentos. Agustín Toscano revela el factor humano que los medios se han encargado de quitarle a estas personas.

Contradicciones sociales

“En mi provincia los ‘motoarrebatadores’ pasaron a ser la encarnación del mal. Los casos de robos en moto se multiplicaron y encontraron una reacción inmediata en los linchamientos que se volvieron algo tan natural como los arrebatos, como una penosa y violenta lucha de clases entre personas de la misma clase”.

El motoarrebatador elimina los límites del prejuicio, la condena social y la doble moral. Mezcla todo en un discurso que busca hacerse preguntas sobre la propiedad privada o sobre la verdadera naturaleza de víctimas y victimarios. Cuenta, además, con una acertada sensibilidad que resulta en un sentimiento de empatía y con esa misma surgen cuestionamientos y contradicciones sociales importantes. Mérito de un realizador que logra hacer pensar y sentir.

Sergio Prina y Liliana Juárez son los impecables protagonistas, de un talento y un carisma que puede enternecer y fastidiar con la misma efectividad. La película es sólida por manejar con mucha facilidad su fuerza y su humor como método relajante, sin dar impresión de ser forzada. Y por los momentos destacados de la música y la fotografía, que parecen emular realismo pero que de repente deslumbran.

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