La libertad de prensa es premisa básica para que la sociedad tenga conocimiento veraz y oportuno de la realidad. Por lo tanto, debe ser mantenida a salvo de toda intrusión o coacción de cualquier forma de interés o poder, sea público o privado, económico o político.

El acceso a la información constituye uno de los derechos fundamentales del ser humano. La libertad de prensa hace recaer sobre el periodista la obligación de defenderla y de obrar con los más altos niveles de responsabilidad y honestidad en el ejercicio de su profesión.

Estos dos primeros párrafos se encuentran en el preámbulo del Código de Ética del Círculo de Periodistas de Bogotá (CPB), organización que agremia a los periodistas capitalinos desde 1946. De acuerdo a la introducción del documento, el código tiene como propósito señalar a los periodistas unos principios de conducta fundados en los valores éticos de la profesión como base del compromiso de todos los que tienen responsabilidad en el proceso de informar: empresarios, directores, editores y reporteros.

Asimismo, el código fue actualizado en 2006 por la Comisión Ética del CPB, que se encarga además de pronunciarse respecto a dilemas éticos que involucren a periodistas bogotanos.

El quehacer periodístico

Se hace necesaria la revisión de este código de ética para analizar de qué manera se ha estado informando en Colombia durante los últimos años, cuál es la diferencia entre información y campaña mediática y cómo esto puede afectar la imagen de la prensa y la profesión del periodismo. Este último como consecuencia de las publicaciones en medios internacionales acerca del quehacer periodístico en Colombia y su repercusión en las elecciones presidenciales del 2018.

El periodismo debe ser, al menos, honestamente subjetivo, pero nunca “torticeramente” tendencioso. La posición declarada del grupo editorial El Tiempo es una muestra de que cada vez es más raro el periodismo honesto y que muchas y muchos profesionales se venden por un plato de sopa. Que si hay hambre es comprensible pero si no, es difícilmente justificable.

Sectarios

El medio históricamente liberal de la prensa colombiana ha girado su rumbo para pegarse sectariamente a las filas de uno de los candidatos para las elecciones presidenciales. Solamente hay que echarle un vistazo a la portada, el editorial y las columnas de opinión de la edición del domingo 10 de junio de este medio impreso, uno de los periódicos de mayor difusión y mayor poder en la información nacional colombiana. El diario español NuevaTribuna.es señala que la campaña mediática contra el candidato de la Colombia Humana, Gustavo Petro, saca a la luz lo peor del rancio y godo periodismo colombiano.

Conociéndose la importancia de la libertad de prensa y el acceso a la información, tanto Colombia como Argentina han implementado códigos de ética que permitan a los periodistas comprometerse a buscar la verdad, a resguardar su independencia y a dar un tratamiento honesto a la información. El ejercicio de periodismo, como actividad que incide en la sociedad en forma relevante, debe someterse a principios éticos. Así ha sido en el pasado y así continúa en el presente. Se trata de encontrar el “justo equilibrio” entre la libertad y la responsabilidad.

En la crítica que dentro del artículo se le hace al periodismo ejercido por el Grupo Editorial el Tiempo, se destacan la violación de los artículos 8 y 9 sobre favores y privilegios, siendo la independencia del periodista indispensable para su ejercicio profesional. En consecuencia, son prácticas contrarias a la ética, porque crean dependencia: usar su influencia o la de su medio para buscar ventajas personales o privilegios. Se destaca, asimismo, la naturaleza propia de la empresa periodística y su proyección social no permiten asimilarla a cualquier otra actividad empresarial. En consecuencia, tanto la Administración como la Redacción de un medio de comunicación deben compartir la misma filosofía empresarial y tener las mismas responsabilidades éticas definidas en este código.

Así lo plasma el diario Nueva Tribuna de España: “El periódico de Bogotá ha perdido el Sur, ese que alguna vez tuvo. Como cuando libraba batallas editoriales a favor del liberalismo de Olaya Herrera, o contra la censura que le llevó a ser clausurado por el Gobierno de Rojas Pinilla, o cuando conformó aquel ‘Frente Unido’ para denunciar la violencia contra el periodismo en los años 80 del siglo pasado”.

Sangre y tinta

Un medio que hoy está en poder de la fortuna más grande de Colombia, Luis Carlos Sarmiento Angulo, y cuyos intereses, sobre todo económicos, han incidido sobremanera en su línea editorial. El Tiempo es el diario de información general más leído de Colombia y fue, durante siete años, los que duró la crisis de El Espectador provocada por la sistemática persecución y muerte de editores y periodistas y la destrucción de sus instalaciones con la detonación de un auto bomba. Mientras tanto, el único de circulación nacional fue El Tiempo. Podés hacerte una idea de su poder de construir imaginarios sociales a semejanza de sus utilidades espurias.

Si se revisa de manera juiciosa las conexiones y relaciones económicas y políticas verás que la organización empresarial de Sarmiento Angulo controla el 100% del periódico a través de sus variadas empresas: Inversiones Vistahermosa, Inversegovia, Seguros de Vida Alfa, Liinus Van Pelti e Inverprogreso. Entre sus propiedades, las ediciones de ADN de las principales ciudades colombianas, las revistas Portafolio y Aló, el canal televisivo City TV.

El profesional del periodismo no tiene que ser una persona que ponga la pluma al propio uso exclusivo, sino que tiene que tener en cuenta la realidad en la cual se fundamenta. Debe aferrarse de manera contundente a los principios deontológicos. El periodismo es una herramienta de control y difusión de la información que debe ser utilizada de forma correcta, es decir, se dice o no se dice la verdad. Se es fiel a la realidad o se distorsiona. Las noticias y la información son un recorte que, impregnado de valor cultural, político y social vaga entre nosotros. La verdad y la libertad de expresión están íntimamente unidas y la verdad es aliada inseparable de la ética de la libertad de expresión. Ver al hombre como un medio para trasformar la realidad y no como un depósito de información tendenciosa y amarillista. Como plantea Kant en su teoría del deber, tratar al otro como fin es respetar su libertad siendo esta necesaria para la toma de decisiones y el desarrollo del individuo en sociedad.

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