En el marco del estreno de “El Espanto” entrevistamos a sus directores, Pablo Aparo y Martín Benchimol.

¿Tuvieron en cuenta el riesgo sobre el retrato de “la persona del campo”?

Martín: “Hay algo que es muy importante en cómo se hizo la película y es que estuvimos bastante tiempo allá y fue un proceso primero de hablar con ellos y entrar en sus códigos, como por ejemplo el humor (al principio fuimos víctimas de sus bromas). Después, el hecho de filmar en el pueblo y volver acá hacía que todo se extendiera y armáramos la película en el proceso. Y volvíamos muchas veces a hablar con ellos, que ya eran conscientes del juego que propone la película. Entonces, un poco se arma un límite difuso entre documental y ficción porque ellos comenzaron a jugar con el rol que ocupan. Sobre lo que decís de ‘la mirada de la gente de campo’ yo creo que ahí está la soberbia del citadino en pensar que la gente de campo es una cosa inamovible y suponer que una persona de campo no entiende el proceso de realización de una película.”

Pablo: “Igual sí éramos conscientes del riesgo y en edición fue mucha discusión sobre hasta dónde ir con los límites y hasta dónde no. No solo para con ellos sino también en relación con nosotros y con el público. Pero con ellos lo que nos pasó es que cuando vieron la película decían ‘esto tiene que estar’ o ‘esto está bien que esté’ y fue como una reivindicación de ellos.”

Pese a que la película va hacia un lugar y después cambia.

Pablo: “Creo que no ahondamos en lo que son las curas y el espanto en sí sino en ellos, en el matrimonio, la sexualidad. La película pega una curva pero en realidad el espanto es el que nos abre la puerta a eso.”

Martín: “Creo que la película en realidad se trata de los temas que se desarrollan en la segunda parte. El espanto es una entrada a ese universo.”

¿Cuánto tiempo vivieron allá durante el proceso?

Martín: “Fue bastante largo el proceso. Permanecíamos por dos semanas y volvíamos, pero entre el principio y el final fue más o menos dos años. Las jornadas de grabación fueron de 40 jornadas aproximadamente.”

Pablo: “Pero eso sin contar todo el proceso de ir, quedarnos en un hotel o en la casa de alguno de ellos, charlar, tomar mate. Todo eso.”

¿Concibieron esta película como un documental directamente? ¿No hubo una posibilidad de hacer una ficción?

Martín: “Esta película siempre fue un documental, desde ya que se puede hacer una ficción. Hay un coqueteo muy grande con el género ficción en esta película. Todo el tiempo lo pensamos como un documental porque es un género que dialoga con la idea de realidad. Es un documental que propone un juego sobre la idea de realidad, más siendo un documental que habla sobre las creencias.”

Pablo: “Claro, nunca nos planteamos hacer una ficción.”

¿Cómo llegaron a esa selección de gente?

Pablo: “Llegamos por esa búsqueda de curanderos, ‘hay otro que cura allá’ y así. En el documental mismo ellos cuentan ‘el carnicero cura’ y nosotros tomábamos nota e íbamos. La mayoría fueron los que quedaron en la película, alguno que otro no.”

Martín: “De hecho, son como diez familias y las personas que quedaron afuera son dos creo, no es que hubo una selección. Al toque se percibía que querían participar y a cada uno le encontrábamos la particularidad, pero no es que hubo un casting. Y los que no quedaron fue quizás simplemente porque ellos no tenían una gran motivación de participar. En una primera entrevista decantaba que era la primera y última.”

Pablo: “Además, no tenía que generarse algo que quede solo en una entrevista, no pensamos a los personajes solo como un testimonio, sino también en qué hay por fuera de esto.”

¿Qué hay detrás del personaje que cura el espanto?

Martín: “La película empezó siendo sobre él y lo que nos fue pasando es que nos parecían mucho más interesantes todas las versiones y el universo que el pueblo construía alrededor de él, que verlo en escena.”

Sobre la forma de componer, con muchas personas en cuadro, parece muy puesto.

¿Cuánto armado hay de eso?

Martín: “Lo que queríamos era contar a los personajes en su espacio y al llegar a un lugar tratábamos de ver cómo estaba compuesto ese lugar y que se cuente con la imagen a esa familia. Cristian, uno de los vecinos, por ejemplo vivía en un dos ambientes con su mujer, dos hijos, suegra y la tía. La propuesta era buscar lo que contaba cada familia en la imagen.”

Pablo: “Nosotros llegábamos y estaba esa imagen ahí, no les dijimos júntense todos.”

Martín: “Les preguntábamos si querían quedarse en el living durante la entrevista, porque de verdad no había otro espacio.”

Pablo: “De hecho, cada tanto tiraban comentarios sobre lo que hablábamos, estaban pendientes. Para nosotros era como una unidad eso, no era divisible.”

Martín: “Además, cada uno se tomaba muy distinta la situación del rodaje. Susana se vestía, se peinaba y se preparaba, pero en el caso de Cristian no, era un ‘¿vamos a filmar?’ y él decía ‘bueno, dale’ y ya estaba listo.”

Pablo: “A mí me parece que quizás es más artificial cuando despojás a alguien de su lugar, le ponés un fondo negro y una luz. Quizás parece más objetivo pero es más artificial.”

También en el montaje tienen esos segundos incómodos antes de cortar entre plano y plano.

Martín: “Para las entrevistas tomamos momentos donde pasa algo, pero ese algo no es solo cuando se da una información. Si el personaje deja de hablar y la acción continúa nosotros seguimos grabando. Terminar de decir algo y quedarse en una especie de ‘estado’ era parte de esa escena, no termina cuando dice el texto.”

Pablo: “También los silencios incómodos o no incómodos se daban, era parte de lo que estábamos experimentando ahí. No solo servían para el relato sino que eran parte de nuestra experiencia entrevistándolos. Y era tan rico como que digan algo.”

Martín: “Y hay algo de estar allá que es que vas aprendiendo a quedarte en silencio. Nosotros veníamos con la ansiedad citadina. Capaz ellos hacían una pausa y después decían otra cosa, entonces fuimos aprendiendo sobre las pausas y al final nos encantaron.”

¿Qué esperan que pase con el público comercial y no festivalero?

Pablo: “Acá estaría bueno que se mantenga durante un tiempo, eso es lo difícil hoy en día. En festivales sirvió mucho el boca a boca. Y que pueda llegar a recorrer el interior es importantísimo para mí. Ojalá podamos hacer que pueda llegar a lugares rurales e identificar con la gente de pueblos. Me encantaría, para un futuro.”

Martín: “A mí también me gusta que la vea público no cinéfilo. En festivales al toque ves quién está acreditado y quien fue a ver una película por su cuenta. Y cuando esa gente se acerca y te dice que le gustó la película es muy reconfortante.”

¿Es mejor?

Martín: “Es distinto, porque también está bueno ser reconocido por gente del sector. Ser premiado por un jurado también es algo muy lindo. Pero que a la misma película la vea un suizo de sesenta años súper experimentado y te de un premio y que por otro lado la vea un empleado de México y venga a saludarte tiene algo de eso que no sé cómo explicar pero que me gusta mucho. Que la película tenga capas, eso es lo lindo de mostrarla a un público más general… uno se tira a la pileta para que vuelva de todo.”

Pablo: “Y que la puedan ver relajados, como entrando en el juego. Eso es fundamental.”

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