Paola Moreno Cruz, una colombiana de 32 años, se dirigió sin vacilar hasta un viaducto de 330 pies de alturas en Ibagué, tomó a su hijo de 10 años en brazos y se lanzó al vacío. Su vida terminó al igual que la del niño. Una psicóloga, agentes de la policía y transeúntes curiosos presenciaron el hecho que luego se viralizó en las redes por medio de un video. El hecho conmocionó al mundo por el alcance que tuvo pero, tristemente, es más común de lo que parece en los países de Latinoamérica.

Muerto el deudor muerta la deuda

El motivo por el cual esta joven colombiana tomó la decisión de terminar con su vida y con la de su hijo fue una deuda. Fue víctima de un sistema de préstamos que por años los colombianos desesperados recurren a tomar ante la necesidad de sobrevivir. Por la desesperación y las amenazas recibidas por quienes te ofrecen préstamos inmediatos con mínimos requisitos y a intereses del 40, 50 y hasta 60% se toma la decisión de escapar con el suicidio, ya que huir no es una opción.

Te exprimen como a un limón

El sistema nació hace aproximadamente 30 años en Medellín con el auge de los negocios vinculados a la droga y el narcotráfico. En pocos años se expendería a lo largo y ancho del país. El término surgió como una supuesta escena en la que los solicitantes de los préstamos representan a un limón o una prenda de vestir mojada a la que exprimen hasta sacar todo su líquido. Y los cobradores son las manos quienes, con violencia, exprimen al deudor «gota a gota» hasta sacarles todo el dinero que fue prestado.

El deudor es visitado diariamente y la cuota debe ser pagada a toda costa. Los intereses se incrementan y se hace impagable.

Hacia fines de la década del 90′, cuando el narcotráfico comenzó a instalarse en el exterior a partir de la muerte de Pablo Escobar Gaviria, el negocio cruzó distintas fronteras y llegó a lugares donde las condiciones económicas lo permitió.

La causa principal de la instalación de este método abusivo de préstamos, es la nula participación de los ciudadanos en préstamos bancarios por falta de requisitos, la inestabilidad económica y los trabajos en negro que no permiten ningún tipo de respaldo.

El alcalde de Ibagué, Guillermo Jaramillo, ciudad en donde ocurrió el hecho, aseguró que «el gota a gota se convirtió en una situación terrible porque no solamente extorsiona a la gente, no solamente le roba su trabajo, lo intimida, chantajea, amenaza de muerte y en ocasiones acaba costándole la vida a quien contrae esos préstamos».

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