“Abrakadabra” llega como un viaje en el tiempo y el espacio, como lo fueron “Sonno Profondo” y “Francesca”, para sumergirse en un giallo italiano de los años 70′. Luciano y Nicolás Onetti cierran su trilogía de este género de terror con una obra hipnótica.

Un mago muere durante un truco y 30 años después su hijo, también mago, se ve involucrado en una serie de asesinatos que buscan incriminarlo. El argumento, sin embargo, ocupa un segundo plano, es simple y liviano y funciona como una base, casi una excusa para desplegar la parafernalia audiovisual.

La reproducción de la época funciona desde su ambientación hasta cada movimiento de cámara. La película piensa y respira el estilo del giallo cuadro a cuadro. El trabajo con el color y la música a manos de Luciano Onetti es artesanal. Sobre la imagen hay algo del contexto de la magia que da lugar a lo efectista en los encuadres enrarecidos y el juego con los espejos que todo lo multiplican y fragmentan.

La sangre, el sexo y la muerte responden a una búsqueda de lo estilizado, donde frente a una decapitación en pantalla completa, la vista queda magnéticamente presa de la paleta de rojos y texturas, lejos de lo que podría ser lo impresionante del gore.

“Abrakadabra” cierra la incursión de los hermanos Onetti en este estilo antes de que empezara a agotar. Pero lo que no nos puede cansar es la calidad del producto: hay que entender que una película grabada íntegramente en Azul, en la actualidad, pueda pasar como algunos creían, que era un giallo italiano de los 70′ remasterizado.

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