Caída la noche y una llovizna molesta que mojaba a más de algún desprevenido, el barrio de San Telmo se preparaba en “La Trastienda” para el show que Horacio Banegas brindaría junto a su banda.

De a poco, el público comenzó a llenar la sala y los primeros acordes comenzaron a envolver cual peña familiar. En el escenario, Horacio Banegas (guitarra y voz) junto a sus hijos Enzo “Jana” Banegas (guitarras), Cristian “Mono” Banegas (en dirección y producción sonora, además de guitarra y bajo) y Franco Giovos (batería) hacían de las suyas.

Durante un momento,  el tiempo se frenó y todos los presentes fuimos transportados a la provincia donde en el alma de los pobladores resuena la chacarera. Al ritmo de “Identidad”, “Los Violines de la Noche”, “Río Hermano” y “Para cantar he nacido”, varias personas del público cantaron y bailaron. En un momento del show, Jana Banegas interpretó “Mi Pueblo, Mi Canto” y el Mono Banegas cantó “Pintando Mundos” de su último disco, “Reminiscencias”, por el cual tiene una nominación a los Premios Gardel como mejor álbum artista masculino de folklore (distinción que su padre, orgulloso, recordó en el recital). Luego siguieron algunos clásicos de los Banegas como “Semillitas”, “Huayno de mi infancia”, “Sueño de Amor”, “Hermana Sol”, “Guitarra de Sal”, “Nostalgias Campesinas de Don Sixto Palavecino”, “La Rubia Moreno”, “Hilando Sueños”, “Coplas del Silencio”, “El Color de la Chacarera” y “Desmonte”, entre otros.

Además de las figuras invitadas que, como dijo Horacio, “a veces es difícil elegir con quién cantar teniendo tantos amigos cerca”, quien subió al escenario fue Natalia Barrionuevo, con quien interpretó la “Zamba Ángel (Preludio y Zamba)” y luego junto a Coco Banegas cantaron “Santiago es un Pueblo que canta”. Hubo momento para la fiesta y para el “pogo sachero” al ritmo de “Canción del Quenero”, “Chacarera del Cardenal”, “Mensaje de Chacarera” y “Hermano Kakuy”, entre otros temas. Personas de todas las edades se pusieron de pie, bailaron y poguearon.

Así, los Banegas demostraron que los clásicos del folklore pueden fusionarse con guitarras eléctricas, samplers, con sonidos de la naturaleza, con poesía y con verdades por gritar que los pueblos a veces callan. La banda tiene un power que más de una banda de rock puede envidiar, que traspasa las barreras territoriales y las generaciones.

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