El encuentro entre Irán y Nigeria, perteneciente al Grupo F que también integra Argentina, fue la excepción de la regla que viene marcando esta Copa Mundial en Brasil. Nos habíamos acostumbrado a partidos entretenidos y con muchos goles (de mantenerse el promedio se marcaría un nuevo récord).

Ambos seleccionados decepcionaron tanto que al término del primer tiempo y una vez finalizado el juego los silbidos se hicieron notar en el Arena da Baixada en Curitiba. Rescatar jugadas interesantes requiere una labor minuciosa y recién cuando faltaban pocos minutos para el cierre, se soltaron un poco los equipos y se armó un ida y vuelta desprolijo, pero al menos hubo alguna intención.

Si tengo que resaltar alguna jugada, en la primera etapa destaco el gol mal anulado a Nigeria por una supuesta carga previa al arquero Alireza Haghighi tras un corner del sector izquierdo del ataque africano. Después un disparo cruzado y un tiro libre al primer palo completaron las jugadas con más riesgo para el arco iraní.

En la segunda parte del encuentro se repitió la fórmula: juego impreciso, pocas variantes ofensivas y dos equipos que parecían destinados a la intrascendencia. Apenas si se puede decir que Foluwashola Ameobi, ingresado en el segundo tiempo, tuvo dos cabezazos que podrían haber roto el cero en la portería asiática. Primero se tiró de palomita en el área chica ante un centro desde la izquierda y que apenas si pudo rozar, y luego un corner desde la derecha que lo vio bien posicionado de frente al arco para conectar fuerte, pero que Mehrdad Pooladi logró hacer lo propio para desviarla.

Y así se fueron, sin pena ni gloria en el peor partido jugado hasta el momento en la Copa Mundial. Si ambos combinados no superan su producción, Argentina no debería pasar sobresaltos para clasificar primero en el grupo.

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