Hace unos días vi una película muy interesante llamada The Box. Previamente, preparé una linda picadita para amigos y algunos pochoclos acaramelados para los más fanáticos del cine. Encontré que este film me hizo acordar, en algunos tramos, al mito de “La caja de Pandora”. Así fue que pensé en cómo el cine, en una versión moderna, puede contarnos historias tan fascinantes como lo hacía la mitología en épocas antiguas.

Cuenta la mitología que Zeus, el supremo dios del Olimpo, no estaba contento con la humanidad reinante. Los hombres y las fieras no se diferenciaban y el caos reinaba en la raza, por lo tanto, había comunicado a sus allegados que en breve iba a destruir la familia humana. Prometeo al enterarse de esta noticia, pergeñó un plan para salvar al hombre y así, el gran rebelde de la humanidad, entregó lo más valioso que tenía el Olimpo: el fuego sagrado.

Júpiter entró en ira por tamaña indisciplina, porque el fuego no era cualquier cosa. Este permitía que el hombre fuera mucho más que todos los animales. Podía a través de él fabricar armas para vencer a los animales y herramientas para cultivar la tierra, cocinar la comida, y calentar su casa para independizarse del clima. En definitiva, Zeus sabía que con el correr del tiempo el hombre igualaría a los Dioses. Como el fuego estaba dado ya no podía destruir a la raza.

Foto: cuentos-infantiles.org

Pero esto no quedaría así, entonces Júpiter le envió un regalo a Prometeo, pero regalo entre comillas porque, justamente, lo que él quería es que el benefactor de la humanidad sufriera las consecuencias de la desobediencia. Así fue que le envió la mujer más hermosa jamás vista: Pandora.

El precavido (para despejar cualquier duda, es el verdadero significado de Prometeo) se dio cuenta de la jugada de Júpiter y le pidió a su hermano Epimeteo (que significa “el que no piensa”) que no acepte ningún regalo que vinera del Olimpo, pero como bien su nombre lo indica, no lo pensó y aceptó la ofrenda.

Pandora no venía sola. Ella traía una caja que Mercurio, otro dios del Olimpo, le otorgó con una orden: “No abras la caja, es decisión de Júpiter”. La joven estaba dotada de todos los atributos que los Olímpicos pudieron darle, belleza, bondad, alegría, etc. Epimeteo quedó azorado ante tamaños atributos, y sin tomar en cuenta lo que el hermano le había dicho, la tomó como esposa.

Poco a poco fue creciendo en Pandora una gran curiosidad por conocer el contenido de dicha caja. Finalmente, un día quebró el sello y abrió la tapa para mirar dentro. Como consecuencia de este acto, en ese mismo momento escaparon de la caja una multitud de plagas para atormentar a los hombres, tanto física como emocionalmente. Viendo el desastre generado cerró la caja y solo alcanzó a mantener dentro la esperanza, que es en realidad con lo que el hombre siguió contando.  Desde entonces, aunque los males nos acechen, la esperanza nunca nos deja por completo. Y mientras tengamos un poco de esperanza, ningún mal puede derrotarnos definitivamente.

Hasta acá la leyenda, pero como todo mito, encierra varias verdades.

Pandora es la contraparte femenina de Epimeteo, ella tampoco pensó en lo que sucedería o con lo que se encontraría en esa caja. Este episodio me hace recordar a otro relato como el del Jardín del Edén: también estaba prohibido comer del fruto del bien y del mal pero, de igual manera, Eva sintió curiosidad e incitó la ira de Dios.

Volviendo a nuestro mito, Pandora es la personificación de esa naturaleza bien femenina llamada “ansiedad”. Cuando digo naturaleza femenina no me refiero a que solo la padecemos las mujeres, sino a la parte femenina que tanto mujer u hombre tienen. La ansiedad la padecemos todos, y más en estas épocas donde el tiempo es un factor muy importante en nuestras vidas.

La persona ansiosa, al igual que un niño, no puede esperar, todo lo quiere ya. El problema con esta incontinencia emotiva son las consecuencias, porque el ansioso es arrebatado, impulsivo e impetuoso, por lo tanto, actúa sin pensar. Si actúa sin pensar, ¿en qué se diferencia de Epimeteo? Es un ser pensado todo el tiempo, no por otros sino por su propio deseo, y no mide consecuencias de esa impulsividad. Muchos estarán pensando “la curiosidad es buena, te hace crecer, si no sos curioso no aprendés”. La curiosidad es buena cuando eso que descubro se logra en tiempo y espacio correcto, es decir, cuando construye, cuando el velo se abre en forma natural, porque el hombre está preparado para conocer. El problema de la curiosidad es cuando hay una “naturaleza de lo prohibido” que nos puede llevar a terrenos que no podemos dominar y ahí se convierte en destructiva. Por ejemplo: la droga. La droga en sí no es ni buena ni mala, todo remedio es una droga, la habilidad del facultativo está en la dosis. A modo de ejemplo, la aspirina tomada en exceso puede causar la dilatación de los vasos sanguíneos y podemos morir de una hemorragia. Si las drogas son tomadas indiscriminadamente, produce en nosotros el deseo de tomar más y nos volvemos adictos y dependientes.

El aprendizaje de este mito, para evitar irme por las ramas, puede indicarnos varias cosas: que el  hacernos cargo de las decisiones que tomamos se llama adultez, que toda acción tiene una consecuencia y que ese resultado debe ser advertido antes de ser pensado por la emoción, (que en este caso llamamos curiosidad o ansiedad), que la rebeldía está disfrazada muchas veces de caprichos y antojos innecesarios, y que la obediencia es una palabra a la que le tenemos recelo, porque es propia de la inmadurez, porque creemos que dejamos de ser lo que somos cuando en realidad si tenemos en cuenta la responsabilidad de nuestros actos lo único que hacemos es forjar una real identidad.

En definitiva y para concluir, este mito nos habla de que toda acción tiene una consecuencia y la acción de no pensar, de no proyectar, de dejarnos llevar por la curiosidad malsana nos hace perder de vista el objetivo, y en este caso era no abrir la caja. La consecuencia de ello fue la infelicidad. ¿Qué duro suena, no? ¿Pero acaso no fue más duro Jehová desterrando al pobre Adán y a Eva del Paraíso? O sin ir más lejos, y volviendo a la mitología, ¿no fue duro Zeus encadenando a Prometeo a una roca por toda la eternidad, por haber robado lo más sagrado para los dioses? Porque Pandora fue tal vez solo un vuelto para Zeus y el castigo verdadero para Prometeo fue más pesado. Pero esta puede ser otra historia, que en un próximo posteo quizás se las pueda contar.

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