El debate por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito destapó una serie de hipocresías solapadas bajo los silencios cómplices de la sociedad.

En un principio, nos encontramos debatiendo sobre realidades de la práctica del aborto en Argentina. A partir del tratamiento de la ley, surgió en la TV que por primera vez hablaran de muertes y complicaciones por abortos clandestinos como noticias concretas del día a día. Se discutieron números y se abrió la vista hacia las políticas públicas de otros lugares del mundo. Hubo un debate moral, hubo marchas multitudinarias con una Plaza del Congreso partida a la mitad entre “celestes y verdes”.

Las personas a favor de la legalización del aborto pedían (y siguen pidiendo) tres cosas muy concretas: educación sexual, anticonceptivos y aborto legal. Por su parte, quienes están en contra del proyecto se dedicaron a realizar cadenas de oración y sus argumentos tenían que ver con “la posibilidad de dar en adopción”, “hubieran cerrado las piernas”, “un hijo siempre es una bendición”, entre otros argumentos. Sin embargo, un punto que parecía ser compartido entre las partes era el de la educación sexual. En reiteradas ocasiones se reclamó a las abortistas “¿por qué no piden más educación en vez de aborto?” (obviando, por supuesto, que es el primer punto de la consigna). Hoy lo que “sorprende” es que frente a la reforma de la Ley de Educación Sexual Integral (ESI) ya sancionada en el 2006, se realizaron una serie de manifestaciones de pañuelos celestes para pedir que “con mis hijos no te metas”.

¿De qué se trata la ley?

Una vez más, tenemos que volver a leer y explicar la ley ante una nueva campaña de ignorancia.

El 4 de octubre de 2006 se sancionó la Ley 26.510 que promueve la Educación Sexual Integral desde nivel inicial y que, por otra parte, es el primer punto que el proyecto por el aborto legal exige que se cumpla. Esta ley comprende lo social y cultural y no meramente lo biológico o la genitalidad y, entre sus objetivos, busca quebrar los estereotipos de género, fomentar el cuidado del cuerpo propio y el ajeno, promover actitudes responsables y el respeto por la diversidad sexual.

Además, la normativa establece que se debe “asegurar la transmisión de conocimientos pertinentes, precisos, confiables y actualizados sobre los distintos aspectos involucrados en la Educación Sexual Integral. Promover actitudes responsables ante la sexualidad, prevenir los problemas relacionados con la salud en general y la salud sexual y reproductiva en particular y procurar igualdad de trato y oportunidades para varones y mujeres”.

Qué agrega el proyecto para ampliar la ley

“Asegurar la igualdad de trato y oportunidades, la no discriminación y un acceso igualitario a la Educación Sexual Integral para las diversas identidades de género y orientaciones sexuales”, expresa el documento.

Esto tiene que ver con incorporar a la integración las leyes sancionadas posteriormente a la ley de ESI, como la del matrimonio igualitario e identidad de género. Por las disputas de poder de fondo sobre la educación, también por la discriminación y el odio internalizado de algunos sectores más conservadores, se manipulan los conceptos y los deforman para implantar ideas falsas y conseguir más adhesión y generar una oposición más sólida, aunque basada en mentiras.

Con la idea de esta reforma comenzó una nueva ola de opositores, casualmente de pañuelos celestes, que interrumpieron una clase de educación sexual de forma violenta para realizar una denuncia y escrache delirante “porque acá se está dando una clase de ideología de género”. Luego esta movida siguió con cadenas en redes sociales difundiendo prácticas totalmente alejadas de la realidad y locuras como que “la educación sexual promovía que los chicos se toquen entre ellos, se desnuden y practiquen posiciones sexuales”. Esta especie de campaña basada en la difusión de mentiras para generar una idea falsa de los objetivos de la ley aprovecha la cultura general tendiente a la reproducción de información sin chequear en lo más mínimo.

Por suerte, como contrapartida de esta campaña antiderechos, se impulsaron nuevas noticias también antes solapadas sobre los efectos reales de la Educación Sexual Integral, como por ejemplo educar a los niños en la autonomía sobre sus cuerpos y, con esto, identificar la diferencia entre caricias y abusos, situación que de hecho ha ayudado a niños a hablar y a docentes a detectar situaciones de abuso sexual infantil durante estas clases.

¿A quién le molesta?

Principalmente no podemos dejar de mencionar a la institución Iglesia, que ha silenciado casos de abuso sexual infantil casi sistemático por parte de sus personalidades. Es decir que se entiende por qué preocupa, además de que la religión propone una única forma de percibir la sexualidad, la identidad y la educación, y esta ley la excluye por completo para garantizar la educación sexual laica y científica. Esto es entender que los niños son sujetos de derecho y no propiedad de sus padres. Por lo tanto, pese a sus creencias ellos y ellas tienen derecho a acceder a esta información y formación.

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