A 3 años de la imagen desgarradora de un cuerpo infantil ahogado en la playa, existen más Aylan de lo que parece. El olvido no se apiada de los inocentes. Somos parte de una sociedad sin memoria, olvidadiza, meditabunda.

Aylan Kurdi, el niño muerto en la playa turca de Bodrum, se convirtió en un símbolo de la tragedia de los refugiados sirios que escapan de la guerra en su país. La imagen parece haberse borrado como la huella de su cuerpo en la arena. Pero la guerra continúa. La población siria lleva casi 8 años de sufrimiento, desesperación y violencia. No hay un solo niño que no padezca esta guerra sin sentido y despiadada.

Según UNICEF, a causa del recrudecimiento de la violencia en el país, solo en los dos primeros meses de 2018 unos 1.000 niños murieron o resultaron heridos. Otros tantos han sido torturados, secuestrados, víctimas de violencia sexual o reclutados en grupos armados: en 2017 se reclutaron tres veces más niños que en 2015 para participar en el conflicto.

Para esta organización, en Siria y los países vecinos 13,1 millones de personas necesitan ayuda humanitaria, incluidos 5,3 millones de niñas y niños, de los que 600.000 viven en zonas de difícil acceso dentro de Siria. Además, 2,5 millones de niños se encuentran refugiados en Líbano, Jordania, Irak, Turquía y Egipto.

El recuerdo de Aylan

La historia del niño de tres años que reposaba ahogado en la arena no solo estremeció al mundo ese 2 de septiembre de 2015, sino que hizo un llamado colectivo al cuidado de la infancia en los conflictos de carácter político-económico.

Aylan Kurdi nació en Kobane, una ciudad del norte de Siria, lugar donde se vivió la “Batalla de Kobane”. Después de huir entre varias ciudades para escapar del Estado Islámico, su familia se quedó en Turquía durante tres años. Después de muchas dificultades, regresaron a Kobane a principios de 2015, pero volvieron a Turquía en junio del mismo año, cuando el Estado Islámico atacó Kobane nuevamente y fueron testigos de una masacre. Después de dos intentos fallidos de llevar a la familia a la isla griega de Kos, el padre de Kurdi tomó la decisión de trasladarse a Europa de manera ilegal en un bote inflable, pero el viaje terminó en tragedia con el hundimiento de la embarcación. El miedo de morir en la guerra venció al mar y así perecieron en el agua Aylan, su hermano y su madre.

En algunas zonas de Siria se sigue denegando la distribución de ayuda humanitaria y en otras continúa resulta extremadamente difícil llegar debido a los constantes ataques, la escasa seguridad, la limitación de movimiento y la imposición de restricciones.

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