La distancia y enemistad entre estudiantes universitarios y gobiernos de turno en América Latina es un lugar común durante toda la década del 70. Además, es por todos sabido que la mayoría de los ocupantes del poder político en la región fueron establecidos a través de dictaduras militares, y los enfrentamientos también estuvieron a la orden del día. Muchos son los casos en los que se deben lamentar víctimas (pese a las desigualdades, en el bando que sean) y El Salvador no es la excepción.

Foto: hunna.org

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La tarde del 30 de julio de 1975 quedó marcada a fuego y machetes por la brutal represión a los manifestantes de la Universidad de El Salvador que transitaban las calles y avenidas en reclamo por el operativo en el Centro Universitario de Occidente (Santa Ana) realizado por el ejército días atrás. Esta emboscada, porque por las características se puede denominar así, consistió en una más de las tantas intervenciones a centros de estudiantes, que tuvo como excusa la preparación de un desfile y como consecuencia centenares de muertos y desaparecidos (para la prensa de la época “solo” se contaron con los dedos de una mano).

Foto: www.simpatizantesfmln.org

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La protesta ante el atropello sufrido el 25 de julio estaba planificada para cinco días más tarde y contaba con el apoyo de la Asociación General de Estudiantes Universitarios Salvadoreños (AGEUS). Ese 30 de julio, la tragedia comenzó a las 16:20 horas. Poco más de una semana atrás se había realizado en El Salvador la elección de Miss Universo, por lo que el sector empresarial y turístico estimuló el silenciamiento de los ya de por sí reprimidos reclamos, lo que sirvió de aliciente para la masacre, literalmente, que tendría lugar en la capital del país. Los estudiantes, que avanzaban armados con pancartas y panfletos, se vieron cara a cara con el ejército quienes, ante la amenaza de la palabra expuesta en cartulinas y telas, comenzaron a disparar bajo la aprobación del coronel Arturo Armando Molina, por entonces presidente de la república. Ante la desesperación de la mayoría, se produjeron corridas y tumultos, que fueron rápidamente disipados a machetazos por parte de las fuerzas de seguridad.

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Pero qué mejor que compartir directamente las palabras de la licenciada Mirna Perla, sobreviviente de este brutal acontecimiento. “Cuando estábamos a la altura del Externado San José empezamos a ver las tanquetas que venían y los aviones que nos sobrevolaban en ese momento y decidimos cambiar de rumbo nuestra marcha que se dirigía hacia el parque Cuscatlán y que luego partiría hacia el Parque Libertad donde íbamos a realizar un mitin de protesta. Pero cuando doblamos a la altura del paso a dos niveles, los antimotines de la Policía y Guardia Nacional con cascos y gases lacrimógenos y disparando sus fusiles, empezaron ametrallar a las personas que encabezaban la marcha. Nosotros creímos que había que retroceder, pero en ese momento nos cortaron el paso (al inicio del paso a dos niveles) las tanquetas que venían a aplastar a los estudiantes universitarios, pues muchos compañeros cayeron.

Foto: www.fightbacknews.org

Foto: www.fightbacknews.org

Ustedes han visto algunas de sus fotos y algunos de sus nombres, esas personas nunca han sido encontradas, están en calidad de desaparecidos, aunque sabemos que por ejemplo Carlos Fonseca iba muerto cuando se lo llevaron, porque después de que atacaron la marcha nos tiraron gases lacrimógenos y tiraron las tanquetas encima de todas las personas que estábamos ahí reunidas. Vinieron con ambulancias a recoger los cadáveres y heridos, después pasaron tirando agua con jabón para borrar las huellas de los asesinos. Yo me tiré del paso a dos niveles, me fracturé la rodilla izquierda y los compañeros me llevaron al Hospital Rosales de donde me sacaron a las 11 de la noche. Ahí estaban los policías buscando los heridos de la marcha, los compañeros de Medicina en ese momento muy valientemente nos ayudaron, nos sacaron y expusieron sus vidas para podernos salvar a nosotros.

el salvadorTodo el pueblo salvadoreño sufrió esa afrenta como propia aunque los medios de comunicación quisieron callar toda esa masacre, unos compañeros se fueron al Parque Libertad como lo habíamos planificado y lograron comunicarse a través de un radio aficionado para lanzar la noticia a través de toda Centroamérica y la voz del estudiante en aquel momento no se pudo callar, en este momento menos se puede callar, tenemos que defenderla.” Vale recordar que, además, El Salvador posee un número escalofriante de más de 75.000 víctimas de la guerra civil vivida entre 1980 y 1992.

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