Todo equipo de fútbol atraviesa distintos momentos y uno de ellos se llama transición. Dicho momento se caracteriza por tener un rendimiento bajo, toma de decisiones equivocadas, exposición de errores y de más contratiempos que afectan lo deportivo y, a veces, también lo institucional. Cuanto más se prolongue esta instancia, más cerca se está de la crisis. Si no culmina en su debido momento, lo indefectible termina por suceder.

Lo necesario para que esto pase radica en un cambio. Un cambio radical que implique la renovación de todo aquello que ha cumplido un ciclo. Y esto lo determina el rendimiento y un factor más que importante: la psicología. La Selección Nacional Argentina sigue estancada en dicho ciclo hace demasiado tiempo y lo pone en evidencia una y otra vez. Las repetidas frustraciones dan cuenta de la falta de gloria que toda potencia mundial tiene en su historia y pretende tener en su presente. Lamentablemente, Argentina se aleja cada vez más de ese mote.

Estructuras

Tendremos entonces que replantearnos nuestro poderío y, por ende, nuestras pretensiones. ¿Sigue siendo Argentina una potencia mundial, aún sin ser campeón del mundo por más de treinta años? ¿Tiene Argentina los medios para salir campeón del mundo? Estos son dos interrogantes que decantan después de terminada una competencia y que solo tienen respuesta si se toman las debidas decisiones para revertir la situación.

La respuesta la deben encontrar los responsables de cada nivel de la estructura piramidal que tiene la institución. Desde los dirigentes de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), empezando por organizar seriamente su liga local y encargándose de designar a un director técnico con personalidad e idoneidad. Luego, el director técnico, debe ser fundamentalmente el segundo nivel de la pirámide. Si alguien está por encima de él, su autoridad se desvanece y pierde poder indefectiblemente, como así voz de mando hacia el grupo. Y el tercer nivel lo determinan los jugadores, quienes no deben sobrepasar su posición y acatar las ordenes que reciben. Si la estructura es mas homogénea que heterogénea, la autoridad se disipa de quienes les corresponde y deriva en quienes no.

Autoridades que no son

Es claro que esto es lo que sucede en la Selección. Mientras los factores que prolongan el período de transición no se remuevan y no llegue el recambio necesario, la crisis se irá incrementando competición tras competición. La autoridad pasó a estar en manos de un jugador que nunca tuvo intenciones de tenerla y, casi por imposición, se le otorgó. ¿Y por qué se le otorgó? Es una gran pregunta y su respuesta seguramente tenga que ver con el rendimiento de dicho jugador en su club. Una institución que lo albergó de pequeño y lo forjó a su manera. Un club que participa en un juego poco competitivo, que tiene solvencia económica, futbolística y una estructura en un país con otra realidad a la de Argentina.

La necesidad de volver a estar en lo más alto del mundo nos hizo a los argentinos idealizar a este jugador y caerle con la presión de todos los años sin salir campeón, para que se convierta en el salvador. Lo obligamos a que lo sea, pero no lo rodeamos para que lo consiga, ya que el Messi del Barcelona es tal, producto del juego asociado al que se integra en ese equipo y que claramente no es el mismo que dispone la Selección Nacional. Es evidente que Lionel Messi hace mucho que no está cómodo en el grupo y que la autoridad que se le impone, sumada a la presión con la que sale a la cancha, le juegan en contra. Y es totalmente lógico, ya que naturalmente en España lo rodea un ámbito mucho más relajado.

Coherencia

Esta situación se agudiza cuando las decisiones por parte de la dirección técnica no son las correctas, así como tampoco mantienen una línea de coherencia, dando lugar a quienes esperan expectantes a la aparición de alguna fisura para hacer estragos con periodismo amarillista. Un director técnico que en casi sus veinte partidos dirigidos nunca repitió una formación, da cuenta de que no hay un sustento en la decisión así como tampoco una convicción de juego con un esquema fijo. Siempre estuvo entre mantener su ideal y supeditarse al deseo de quienes tienen el verdadero poder de decisión. Y lo expresó en una conferencia de prensa: “Este es el equipo de Messi”. Un dirigente debe demostrar autoridad y no delegarla. Es imposible mantener el orden y una línea coherente bajo esos parámetros, y así lo ha demostrado la AFA primero y Sampaoli después. Y mientras la renovación no se haga de raíz, desde la toma acertada de las decisiones dirigenciales hasta los elegidos para llevar un proyecto sólido a cabo, el ciclo de crisis se prolongará así como el sueño de salir campeón del mundo.

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