¿Nunca te preguntaste qué vestuario es el indicado para un cóctel? ¿Cómo se debe colocar la cristalería cuando somos los anfitriones de la comida de Navidad? ¿Qué regalo es el adecuado para corresponder a la invitación a una celebración de cumpleaños? Se equivocan quienes piensen que solamente la flor y nata de la alta sociedad requiere de nociones de protocolo.

Las normas de comportamiento en reuniones de todo tipo nos atañen a todos y nos ayudan a actuar de la manera correcta en situaciones que vivimos con cierta frecuencia. Comidas familiares, cenas de trabajo, banquetes de bodas y demás eventos sociales nos ponen a menudo en la obligación de decidir cómo comportarnos desde la elección del vestuario hasta el manejo de la cubertería. Las reglas de protocolo son útiles para todos y debemos apreciarlas por más que nuestra reunión sea informal. Para que tomemos buena nota de algunas de estas claves, Rubén Alberto de Gavaldá y Castro, director académico del Centro de Altos Estudios en Ceremonial de Buenos Aires, nos brinda parte de sus conocimientos en la materia. Prestá atención, porque lo que vas a leer a continuación te puede servir de mucho.

Hemos escuchado muchas veces la palabra “protocolo” pero, ¿qué es exactamente?

Etimológicamente, “protocolo” proviene de una conjunción de vocablos griegos que refieren a la primera hoja encolada de un libro importante. Luego, la palabra protocolo siguió utilizándose con diferentes acepciones, ligándose siempre al registro de importantes ceremoniales.

Hoy, en Argentina es utilizada para referirse al conjunto de normas establecidas para cumplir con un determinado ceremonial, normas de sanción legal o social. En España y en muchos otros países de Europa la palabra protocolo define a ceremonial. Mas, para muchos autores revisionistas, decir ceremonial o decir protocolo es lo mismo.

Sea cual fuere la acepción de la palabra, pronunciar protocolo implica mencionar educación, buenos modales, cortesía y hábitos correctos de convivencia.

¿Qué personas necesitan tener nociones sobre protocolo?

Todas. El protocolo involucra y atraviesa la vida de todas las personas, desde su nacimiento hasta su muerte. Vivimos de la mano de un protocolo aunque muchos (que no quieren darse cuenta) dicen que esa filosofía de vida es de otros, que no es de ellos. Se mienten, se auto engañan. Cuando saludamos, cuando nos vestimos, cuando comemos y etcéteras. Siempre hay protocolo.

Ceremonial es la vida misma del hombre que vive, se vincula y comunica en sociedad. Es el alfa y el omega del hombre social.

¿Debemos aplicar normas de este tipo en nuestra vida cotidiana?

Sí, obviamente. Siempre. En las grandes ocasiones y en las inmediatas, caseras y cotidianas. Para saber decir, hacer y estar de la manera y forma más natural posible, debemos internalizar las reglas y propuestas del ceremonial y el protocolo. Solo así seremos auténticos. Una persona artificial o artificiosa no hace ceremonial. Quien vive, siente y practica el protocolo es la persona más natural que existe, porque sabe actuar y desenvolverse airosamente a cada instante, en las ocasiones más exigidas y en las más simples de la vida.

¿Cómo debemos reaccionar para no pasar un momento de apuro cuando dudamos y no sabemos qué reglas seguir en determinados momentos?

Siempre apelar a los pilares del protocolo que son innatos y que están latentes en nosotros mismos, me refiero a: criterio, buen gusto, sentido común y tacto. Y como reza el refrán popular, “donde fueras has lo que vieras”.

¿Cuáles son los errores que cometemos con más frecuencia en materia de protocolo?

Muchos, quizás algunos de ellos sean involuntarios, realizados así por desconocimiento, arrebato o soberbia.

Nos creemos autosuficientes y desconocemos que nos debemos y que dependemos del otro. Hemos llegado, hoy en día, al punto de olvidar lo indispensable: saludar, agradecer, disculpar y escuchar.

El protocolo se basa y sustenta en el respeto y consideración dispensados a los demás. La urbanización y tecnología desmedidas, con el anonimato que ello implica, nos aglutina en una misma ciudad pero aislado, nos alejan como seres sociales y sociables.

Hay que volver a la vida de pueblo, por los menos, en la instancia humana.

¿Cómo calificaría el nivel de cumplimiento de estas normas en Argentina, en términos generales?

Mediocre en las grandes ciudades, un poco más cuidada en las rurales.

El protocolo social fue alterándose desde la década del 50 del siglo pasado y cada generación que se sumó fue olvidando los principios elementales de la convivencia. La tradición de los valores del ceremonial se devalúa día a día.

Los primigenios profesores de ceremonial y protocolo que uno tiene en la vida son sus propios padres, estos cada vez saben menos qué es lo que tienen qué enseñar a sus hijos para vivir sanamente y en convivencia con los demás.

La carrera por el dinero en sí y por sí mismo nos han deshumanizado y, por consiguiente, nos alejó de un arte de vida como el ceremonial que, como no cotiza en bolsa, parece que para nada sirve. Costará mucho revertir la realidad, pero no es imposible.

El protocolo es de y para los hombres y cuando estos vuelvan a entender su necesaria aplicación, habremos retomado el camino cultural del cual nunca debimos alejarnos.

Vamos, si le parece, con algunos ejemplos prácticos. ¿Qué vestuario debemos usar en según qué ocasión?

Respetar y vestir de acuerdo a la edad cronológica de cada uno.

Usar lo que me queda bien y no lo que marca la tendencia de moda.

Para elegir el mejor vestuario hay que pensar: ¿quién soy? ¿A dónde voy? ¿Con quién voy? ¿Para qué voy? ¿A qué hora es?

No lucir marcas públicamente e invertir más dinero en aquella actividad que más tiempo me ocupa, y no mezclar más de tres colores a la vez.

¿Cómo podemos evaluar correctamente el grado de “seriedad” de cada acto social al que acudimos?

Como primera instancia, diría que no debemos ir a todos los eventos o actos sociales que nos inviten. Uno con su presencia avala lo bueno o lo malo que sucede en un determinado lugar. Saber discernir dónde voy es sano y conveniente.

Puntualmente, sabré darme cuenta si es serio o no el evento por medio de la manera y forma en que fui invitado. El estilo de la participación o invitación me brindan las primeras aristas de esta evaluación.

En algunos casos, esta instancia puede ser burlada, entonces durante el evento podré darme cuenta si opto por quedarme o no, si coloco la ocasión en la lista de aquellos eventos a los que no es conveniente volver.

El posicionamiento y reconocimiento social comienza por dárselo uno mismo de modo que, así y solo así, podrá ser reconocido por otros.

¿Cómo debemos dirigirnos a las personas en función de sus cargos, títulos, jerarquía profesional, etcétera?

Cuando una persona tiene muchos títulos o cargos será tratado siempre por el más alto de ellos.

En un primer contacto y ante el desconocido no tutear a nadie. Recordar siempre que de lo formal (usted) se puede pasar a la informal (vos) sin ningún problema. Al revés sería falso.

Una clave fundamental es esperar a la presentación, en donde me brindarán los datos para actuar.

Si conozco de quién se trata, lo trato por su título, cargo o función. Si no lo conozco, lo trato con respeto como señor o señora que, al fin y el cabo, es el mayor tratamiento de cortesía social que existe. En la intimidad, por ejemplo con amigos, lo haré por el nombre de pila de los mismos. Los apodos son frecuentes pero desagradables.

Debemos tener siempre presente que la manera correcta de dirigirnos a las personas es la bisagra que abre la puerta de la comunicación. Hay que hacerlo de la forma que se espera, así que detenerse a estudiar el cómo hacerlo de acuerdo a cada condición (oficial, diplomático, palaciego, religioso, profesional, académico, etc.) es crucial para ser bien recibido, escuchado e integrado.

Para concluir, bríndenos un consejo para que lo grabemos a fuego en nuestra mente

Seamos cautos y aprendamos a desarrollar el sentido de la asertividad. Dominar el impulso, el primer impulso irreflexivo que tengamos, será un acierto. En este mundo no todo es o da lo mismo.

Artículo elaborado especialmente para puntocero por Lourdes Fajardo Aguado.

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