Ante los últimos hechos de violencia ocurridos en los estadios de fútbol y sus adyacencias, volvió a tomar cuerpo una medida que ya había sido adoptada anteriormente para combatir estos hechos: prohibir el acceso de simpatizantes del equipo visitante.

Esta prohibición se tomó en julio del año 2007 para todas las categorías de ascenso organizadas por la AFA, mientras que para la Primera División se decidió reducir la cantidad de entradas disponibles para hinchas de los equipos que no jueguen de local.

Daniel VilaAnte un hecho histórico, como fue el descenso de River Plate en junio de 2011, ocurrió algo que no se tenía previsto. Tras la movida inicial del presidente de Independiente Rivadavia de Mendoza, Daniel Vila, de poner a disposición de “público neutral” entradas al encuentro entre su equipo y River, se dispuso que en la máxima categoría de ascenso pudieran concurrir los hinchas visitantes. Luego de los primeros momentos de expectativa ante ese cambio en las reglas, y con la mirada puesta en que no ocurriera el menor incidente, quedó firme en la Primera B Nacional ese cambio.

Obviamente que el hecho de que en esa categoría se encontrase uno de los dos equipos más grandes del fútbol argentino ya había sacudido los cimientos del mismo. No por nada hubo clubes como Deportivo Merlo que hicieron ediciones especiales de su camiseta cuando enfrentaban a River. Y los dirigentes también miraban el aspecto económico, algo tan fundamental en la vida de una institución. Muchos decidían mudar su localía a una cancha con mayor capacidad ante un hecho que casi con toda seguridad no volvería a repetirse. Justo es reconocer que hubo quienes, como Guillermo Brown de Puerto Madryn, que decidieron jugar en su propia cancha y ofrecerles a sus hinchas la inédita posibilidad de ver a River jugando por los puntos en su propia ciudad. Se conjugaban aspectos deportivos y económicos, había quienes apuntaban hacia un lado y otros que lo hacían para el opuesto.

RiverSin embargo, no fue falto de polémica el retorno de los hinchas visitantes. Algunos sostenían que era una medida política debido a la presencia de River y exigían que las reglas se mantuvieran y que se analizara si se podía y que, en todo caso, se lo reglamentara para la próxima temporada. Quienes estaban a favor argumentaban que era una oportunidad única, que se debía aprovechar y también comprobar en los hechos si la restricción de hinchas había logrado su cometido. Inclusive, algunos dirigentes sostenían que no estaban dadas las condiciones de infraestructura en algunas canchas para poder recibir público visitante. Recordemos algo importante, hacía cuatro años que no ingresaban simpatizantes del equipo contrario, lo cual había generado una reducción en los costos de los operativos policiales.

Y acá es donde debemos empezar a hacer un análisis más profundo de la medida que se quiere volver a instaurar. Si como decían los dirigentes hace casi dos años, no estaban dadas las condiciones en los campos de juego, sería bueno preguntarse qué se hizo durante ese tiempo para mejorar el estado de las canchas, los accesos, las tribunas. ¿Para qué sirvió entonces que no hubiera hinchas visitantes? ¿En qué se gastó el dinero que no se destinó a los operativos policiales?

HinchasSin decirlo abiertamente, se tomó la prohibición de concurrencia de hinchas visitantes como la solución de la violencia. Es la conclusión a la que se puede arribar si tras cuatro años de aplicación de la norma cuando se la levantó, más allá de todas las críticas al modo en que se hizo o a las circunstancias deportivas y económicas que existieron, lo claro es que no se profundizó ni se marcó un camino de medidas que complementaran esta suspensión en pos de lograr que los espectáculos futbolísticos fueran seguros.

Además, es esencial exponer un dato. En las cuatro temporadas que estuvo vigente la medida en todas las categorías se registraron 31 muertes relacionadas con hechos de violencia en partidos de fútbol, mientras que entre 2003 y 2007, los cuatro años inmediatamente anteriores hubo 15.

ViolenciaEn total, desde 1922, se contabilizaron 273 personas fallecidas en hechos de violencia en las canchas argentinas. La prohibición del ingreso de hinchas visitantes impide el choque entre parcialidades enfrentadas que, desde julio de 2007, se cobraron ocho vidas. Pero eso no solucionó el problema.

Otro punto a tener en cuenta es que la violencia en el fútbol tuvo una mutación que no es menor. Desde hace unos años, las disputas de las barras se dan entre grupos internos de las mismas, ya sea por el reparto de entradas, los estacionamientos y otros “negocios” conexos. Si hacemos un breve repaso podemos mencionar la llamada batalla de los quinchos, protagonizada por la barra brava de River Plate y los encontronazos entre las facciones de la 12, la barra de Boca. En el ascenso los ejemplos principales son la hinchada de Nueva Chicago, con muertos y peleas ocurridas en el Hospital Santojanni y la increíble disputa entre dos hermanos por el liderazgo de la barra de Deportivo Merlo. Desde que se instauró la restricción de los visitantes, se contabilizaron 21 casos de muertes por peleas internas entre barras de un mismo equipo.

Es importante señalar que la violencia en el fútbol no es un fenómeno exclusivo y acotado a este deporte. Es un fenómeno sociocultural mucho más abarcativo.

Un ejemplo que se suele dar sobre cómo combatir la violencia en el fútbol es el de los hooligans ingleses. Aunque hay quienes dicen que estos no desaparecieron por completo, están por demás relegados, tanto dentro del fútbol como fuera de las canchas.

HooligansEl proceso para eliminarlos de los primeros planos del balompié inglés fue largo y llevó años de acción conjunta entre funcionarios políticos, deportivos y judiciales. Lo más importante para poder cumplir fue la inexistencia de vínculos ente los violentos y los directivos de los clubes. Esto permitió que las sanciones y la identificación a través de las cámaras de quienes ocasionaran desmanes se cumplieran y las prohibiciones de concurrir a los estadios se hicieran efectivas.

Un ejemplo: las medidas judiciales no se hicieron solo para los violentos, sino que afectaron a toda la sociedad. Si las autoridades capturaban en el subterráneo, un tren o un avión a un hooligan o a un grupo de ellos, la empresa transportadora recibía sanciones y multas.

Otro paso clave fue la entrega de carnets a todos los integrantes de las barras, no solo para identificarlos, sino para saber si tenían antecedentes judiciales y si además no podían entrar a los estadios. Algunos debían presentarse en una comisaría durante la disputa de un partido. El hecho de incumplir esta ley les generó castigos incluso peores que cometer actos violentos o de vandalismo.

Barras bravasHubo un gran desarrollo de cuerpos policiales de elite para la seguridad deportiva, a la vez que los clubes especializaban personal para el manejo de masas de manera que los uniformados estuvieran en las afueras del estadio en su gran mayoría. También se unificaron a nivel nacional las medidas de seguridad, aunque consideraban las características propias de cada estadio.

Y respecto de los campos de juego, se instalaron sistemas de video, se obligó a que en las canchas, al menos de las cuatro primeras categorías, tuvieran todas sus localidades con asientos. Cabe aclarar que, al igual que en Argentina, al principio esta medida fue resistida y aún hoy hay hinchas que reclaman lugares para ver los partidos parados.

El aspecto económico también fue importante, el Estado aportó préstamos a los clubes para realizar las reformas en las canchas y se aumentaron los precios de las entradas hasta el triple. Esto relegó a los hooligans que, generalmente, eran de los sectores menos pudientes de la sociedad.

Los problemas de larga data y tan enraizados como la violencia en el fútbol no se solucionan con medidas aisladas sino en el marco de un proyecto serio de combatir la violencia. Para eso, hace falta que todos los que tienen una parte de responsabilidad, dirigentes deportivos, funcionarios políticos y el hincha contribuyan en pos de una solución.

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