La película de animación del director japonés Mamoru Hosoda contó con dos funciones: el domingo 6 de abril en la sede del Village Caballito y otra gratuita en el auditorio del Parque Centenario el viernes 11.

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Hana es una universitaria japonesa de 19 años que se enamora de un joven solitario y misterioso que le confiesa ser un licántropo. Al poco tiempo de convivencia, queda embarazada de Yuki y, un año más tarde, de Ame. Tras la repentina desaparición del lobizón, la heroína decide criar sola a sus hijos –mitad humanos, mitad lobos- alejada de la ciudad.

El film abunda en planos abiertos y paisajes imponentes que sitúan al espectador entre los dos mundos en que se debatirán ambos herederos a lo largo de la proyección. Por un lado, una sociedad que no parece estar preparada ni dispuesta a comprender  una naturaleza que le es desconocida  y, por el otro, la tentación de dejarse llevar por su latente costado salvaje.

Aquellos foráneos al animé cinematográfico probablemente encuentren la sinopsis de la obra poco seductora a la hora de elegir un título dentro del amplio catálogo ofrecido por esta decimosexta edición del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI). No obstante, este tipo de prejuicios y preconceptos son los que están relacionados al abanico temario del film, el cual plantea conflictos de índole existencial y de una marcada profundidad.

wolf-children-mamoru-hosodaParadójicamente, este largometraje animado logra comprometer sentimentalmente al espectador sin apelar a golpes bajos ni acentuando nimiedades típicas de muchas producciones interpretadas por actores de carne y hueso. La puesta en escena de “Wolf Children” (“Los Niños Lobo Ame y Yuki” – Japón, 2012) se apoya en una gran variedad de recursos técnicos y juegos entre distintos tipos de planos y paneos que acentúan la belleza visual de la producción.

Uno de los pocos desatinos de la película reside en la innecesaria extensión de algunas secuencias finales que, con la intención de otorgar cierta majestuosidad al relato, terminan interfiriendo en el pulso narrativo de los acontecimientos. Sin embargo, esta observación no juega en contra de una obra que entretiene, emociona e invita a la reflexión sobre el paso del tiempo.

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