Desde el año 2004, durante el mes de mayo tiene lugar en varios países la Semana Mundial del Parto Respetado. No es un dato menor considerar lo increíble de tener que existir una ley para proteger a la mujer en semejante situación de vulnerabilidad.

El objetivo es generar conciencia para que el nacimiento vuelva a ser considerado un proceso natural y para que las mujeres gestantes puedan acceder a información que les permita defender sus derechos.

La Ley de Parto Respetado

El término “parto respetado” o “parto humanizado” hace referencia a una modalidad de atención del parto caracterizada por el respeto a los derechos de las madres, padres y los niños y niñas en el momento del nacimiento.

Esta ley deja claros cuáles son los derechos que toda institución pública o privada está obligada a garantizar. Sin embargo, los más básicos son los primeros en ser incumplidos y exponen a las mujeres a situaciones muy traumáticas y poco habladas.

La Ley de Parto Humanizado Nº 25.929 promueve que se respete a la familia en sus particularidades -raza, religión, nacionalidad- y que se la acompañe en la toma de decisiones seguras e informadas. Por supuesto, en consonancia con sus necesidades y deseos.

Toda mujer, en relación con el embarazo, el trabajo de parto, el parto y el post parto, tiene derecho a ser informada de todas las intervenciones médicas que pudieran tener lugar durante esos procesos y de optar libremente si hubiera diferentes alternativas. La ley establece que la mujer tiene derecho al parto natural y respetuoso de los tiempos biológico y psicológicos, evitando prácticas invasivas y suministro de medicación injustificados.

Uno de los derechos que más se vulneran es el de su posibilidad de elegir estar acompañada, por una persona de su confianza durante el trabajo de parto, parto y post parto.

La violencia obstétrica

Una de las manifestaciones de violencia contra la mujer se da en el momento del parto y bajo la oscura mirada de la soberbia médica y es un gran momento para destapar esta gran olla de la que poco se habla.

Podemos definir como violencia obstétrica el maltrato que sufre la mujer embarazada al ser atemorizada, vejada, lastimada física o emocionalmente y, por supuesto, también se incluye el no ser respetada en sus decisiones. Las situaciones más comunes son la ridiculización y descalificación utilizando sobrenombres y calificativos, en general, para que la madre se calle y deje de manifestar sus miedos, inquietudes y dolores.

Pero, además, son masivos los casos en donde se realizan procedimientos invasivos sin consentimiento de la madre o incluso contra su voluntad que van desde la rotura artificial de la bolsa, compresión del abdomen en el momento de los pujos, episiotomía (incisión en el perineo para ampliar el canal de parto y apresurar la salida del bebé) y llegando hasta a cesáreas y raspajes de útero.

Todo esto, que suena aterrador, no es ni más ni menos que la realidad de una gran cantidad de mujeres, por eso es fundamental que se difunda, se instruya y se capacite a las gestantes y a su entorno para defender sus derechos y para conocer todas sus opciones y para alentar a denunciar y exponer estas prácticas violentas.

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