En la universidad me enseñaron, durante toda la carrera, a escribir en tercera persona. A contar las cosas objetivamente desde el rol que tiene el periodista en la sociedad. Sin embargo, hoy quiero escribir en primera persona, porque la semana pasada me dejó pensando bastante sobre ciertas situaciones que se fueron repitiendo en distintas voces de amigas y compañeras.

El deseo de alcanzar nuestras metas y sueños a veces se ve condicionado por relativas situaciones de nuestras vidas, o por personas que nos acompañan en ella, así sean padres, parejas, hijos o demás. Dejamos de lado ambiciones o proyectos que tenemos por el simple motivo de no querer despegar o por una mirada fuera de lugar, un “no vas a poder con todo” o “¿ahora vas a arrancar a estudiar?”.

Hace unos días, en charlas que tuve con diversas mujeres, salía a la luz en casi todos los casos el tema de no hacer lo que realmente les apasiona. De no empezar a estudiar por miedo a “perder el tiempo”, de los comentarios poco alentadores que surgen en sus casas cuando quieren comenzar un proyecto nuevo, o el miedo que sienten de salir de su zona de confort, lo que lleva a que se queden estancadas en un trabajo con el que sienten que no tienen nada que hacer porque les aburre.

No nos pongamos límites

Según el último informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), menos del 5% de los directivos de las principales firmas del mundo son mujeres. Este dato arroja que la poca participación del género femenino en los directorios es una problemática global y la Argentina no es la excepción. En nuestro país las mujeres quedan ancladas en los mandos medios y la equidad con el hombre en la gestión empresarial todavía es una asignatura pendiente.

Hoy en día existen reuniones y charlas entre mujeres que ayudan a que ninguna se sienta disminuida frente a cualquier persona del género opuesto. El empoderamiento es una de las palabras más usadas en estos días, y tiene dos focos importantes a tratar: que las mujeres ganen mayor presencia en los puestos de toma de decisión y que obtengan una mayor independencia económica.

Estas charlas y reuniones surgen por pertenecer todas al mismo espacio o tener los mismos deseos. La mayoría dejaron sus puestos de trabajo en relación de dependencia y se animaron a ser emprendedoras que viven de sus proyectos y comparten las ganas de sentirse acompañadas. Las ganas de juntarse surgen a través de un “like” o comentarios en posteos, en la comunidad bloguera. Además desean dar apoyo y animar a otras mujeres a convertir su sueño en realidad.

Hacé lo que te apasione

A veces estamos desfasadas y, sobre todo, cansadas de la rutina, de nuestros trabajos monótonos y también de la labor que continúa en nuestros hogares. Pero llega un momento en que se sincroniza tu tiempo interno con la vida y te das cuenta que ese no es tu camino. Y es ahí donde se produce un chispazo que genera un despertar.

Ese despertar te aseguro que suele ser intenso, porque las mejores cosas de la vida suelen ser así, y al ser mujeres las sentimos aún más por nuestra sensibilidad innata, y sobre todo porque nosotras somos “intensas”. No conozco mujer que no lo sea, en cada espíritu femenino se aloja un ser pasional, hipersensible y emocional.

Para mi gusto marzo es, definitivamente, intenso como nosotras, y da la casualidad que nuestro día se recuerda este mismo mes. Es por eso que cuando finaliza el mes de la mujer te invito a pensar qué sentís, qué es lo que te está pesando y qué es lo que podés dejar ir.  Ser lo que queramos ser, sin prejuicios, abrazando nuestro deseo. Te juro que se puede, aunque creamos que no podemos salir ni avanzar, nuestra intensidad es mucho más fuerte que todas esas barreras. Pisá fuerte.

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