En la mitología griega, cuando Júpiter no se hacía presente (este era el representante de la Justicia) traía desgracia, desolación y un sentimiento de desprotección que ponía a los Dioses en un estado de ira que lamentablemente llegaba hasta a los propios humanos.

Cuando la ecuanimidad no está presente es el grito, el descontento, y la mano propia es la que quiere hacer justicia, y eso nos lleva a un problema mucho más grande: saca de nosotros las peores miserias, porque la razón no impera, solo el instinto tiene poder.

El caso de Marita Verón me hizo rememorar a la bella Perséfone.

Esta doncella era la hija de Ceres (de donde deriva la palabra cereales) y de Zeus. Mientras caminaba por los bosques y recogía flores (muy habitual en ella) fue raptada por Hades. Perséfone era inocente, virgen e inmaculada, había tenido varios pretendientes pero a todos los rechazaba. Un día, en su caminata diaria, descubre un narciso cuyo olor y colorido la atrajo de inmediato y, mientras se agachaba para sentir su aroma, de repente y sin medir peligro, se abre la tierra y de la nada desaparece casi delante de las otras ninfas que la acompañaban. Había sido Hades, que desde las profundidades venía a buscar lo que le pertenecía: a su amada doncella la tomó de la cintura y casi en forma de relámpago se la llevó a sus dominios, las profundidades de la tierra (el Tártaro). A lo único que atinó Perséfone, fue a gritar el nombre de su madre y, ante el grito de su hija, Ceres se enteró de semejante desgracia. Entonces salió a la ayuda de Júpiter, pero este se hizo el desentendido y no respondió a su llamado. Aclaremos que Júpiter, además de ser el padre biológico de Perséfone, tenía la habilidad de que nada de lo que pasara en los tres reinos (el cielo, los mares y el infierno) pasaba desapercibido. O sea que, desde el primer momento, supo qué había ocurrido.

Ceres la buscó en vano por todos los rincones de la Tierra, ya que ella misma era la madre tierra. Gritaba su nombre “¡Perséfone, Perséfone, dónde estás hija mía!”, pero la doncella no contestaba y así pasaba el tiempo, Ceres inquiría a algunos Dioses si sabían de ella, pero nadie contestaba. Entonces comenzó a llenarse de odio, de rencor, no cumplía con su función primordial que era llenar de flores, frutos y vegetación a los bosques. Era tal la amargura que juró que secaría toda la vegetación y así la raza desparecería de la faz del planeta por inanición. Y así la tierra comenzó a ser improductiva y comenzaron a morirse los frutos.

Cuando Júpiter se dio cuenta de esto, ahí sí mandó a varios emisarios a buscar a Ceres, ya que había empezado a secarse la tierra y Zeus temía por la vida de los mortales. La primera que le pidió a Ceres que se encontrara con Júpiter fue Iris, la más veloz de los mensajeros. Después los demás Dioses fueron en busca de ella, pero todo fue en vano, porque Deméter (así se la conocía a Ceres en Roma) juró que hasta que su hija no estuviera a su lado, la tierra se secaría de a poco y no estaría bendecida por ella.

Por ultimo, Júpiter (Zeus) mandó a Hermes a bajar al Tártaro y le dijera a Hades que libere a Proserpina, mas el astuto rey del inframundo le pidió a su amada que pruebe el fruto del granado y, ante esta acción, Proserpina quedó atada para siempre a las moradas del Tártaro y, especialmente, a su esposo Hades.

El mito sigue y lo podemos contar en una próxima nota, ya que dentro de las historias mitológicas es una de las que más simbolismos tiene. Por ahora me quiero quedar con esta primera parte y hacer la analogía de Ceres con Susana Trimarco, una madre desesperada en busca de su hija, a la que “se la tragó la tierra”: una Marita Verón (Proserpina) que salió de su casa un 3 de abril para dirigirse a una consulta médica y nunca más regresó. Testigos que vieron que de un auto rojo (¿la flor del granado no es roja?) la introducían dentro para nunca más aparecer.

La investigación llegó a localizar a tres prostíbulos en La Rioja, donde se hacía trata de personas. ¿Acaso el infierno, el inframundo, las drogas, no son el Tártaro donde se encuentran todas estas chicas inocentes, atrapadas por la perversión  y corrupción de una justicia ineficaz?

¿Cuánto tiempo más debemos gritar para que Zeus se haga presente? ¿Cuánto tiempo más la Justicia hará oídos sordos y dejará que Hades (la corrupción, la droga, la explotación sexual, la prostitución, la mafia) haga de nuestros hijos seres sin rumbo por haber probado el fruto del granado?

¿Cuántas cosas más tendrán que suceder para que se vuelva a establecer el orden?

Muchas preguntas y seguimos esperando.

puntocero 2018

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