Según el boletín de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) sobre los Gases de Efecto Invernadero, estos han alcanzado niveles preocupantes y sin precedentes. Los niveles de gases de efecto invernadero que atrapan el calor en la atmósfera han alcanzado un nuevo máximo: la concentración media mundial de dióxido de carbono (CO2) pasó de 400,1 partes por millón (ppm) en 2015 y 403,3 ppm en 2016, a 405,5 ppm en 2017.

No solo aumentaron este tipo de gases, también ascendieron las concentraciones de metano y óxido nitroso, en tanto que reapareció el CFC-11, un potente gas de efecto invernadero que agota el ozono.

Tragedias ambientales

El reciente incendio en California que devoró más de 48.000 hectáreas, se cobró la vida de por lo menos 45 personas y bomberos heridos y arrasó 6.450 viviendas y 260 comercios. Sucesos como estos nos recuerdan que el cambio climático es el karma de nuestro consumismo desmedido y las pésimas decisiones de los gobiernos.

Este efecto invernadero está desencadenando un cambio climático a largo plazo. Las consecuencias serían mortales e irremediables. La subida del nivel del mar, la acidificación de los océanos y un mayor número de fenómenos meteorológicos incontrolables comenzarán si no nos detenemos.

Cifras récord

“La ciencia es clara: si no reducimos rápidamente las emisiones de CO2 y de otros gases de efecto invernadero, el cambio climático tendrá efectos cada vez más destructivos e irreversibles en la vida en la Tierra. Nuestras oportunidades de actuación están a punto de agotarse”, declaró el secretario general de la OMM, Petteri Taalas. “La última vez que se registró en la Tierra una concentración de CO2 comparable fue hace entre 3 y 5 millones de años, cuando la temperatura era de 2 a 3 °C más cálida y el nivel del mar, entre 10 y 20 metros superior al actual”, añadió.

Desde 1990 se ha producido un incremento del 41% del forzamiento radiativo total -que tiene un efecto de calentamiento en nuestro clima- causado por los gases de efecto invernadero de larga duración. El CO2 es responsable de un 82% del aumento del forzamiento radiativo durante los últimos diez años, según las cifras proporcionadas por la Administración Nacional del Océano y de la Atmósfera de los Estados Unidos de América que se citan en el Boletín de la OMM.

El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) publicará este 27 de noviembre el Informe sobre la Disparidad en las Emisiones, en el que se siguen de cerca los compromisos políticos contraídos por los países para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Desde ahora se puede consultar el Boletín de la OMM sobre los Gases de Efecto Invernadero en la página oficial de la organización.

Compromiso e indiferencia internacional

Este descubrimiento muestra la importancia que revisten las mediciones a largo plazo de la composición atmosférica, como las que realiza el Programa de Vigilancia de la Atmósfera Global, ya que proporcionan información basada en observaciones a partir de la cual elaborar los inventarios nacionales de emisiones y firmar acuerdos para abordar el cambio climático antropógeno y recuperar la capa de ozono estratosférico.

Finalmente, sirve aclarar que el Programa de la Vigilancia de la Atmósfera Global de la OMM sirve para coordinar las observaciones sistemáticas y el análisis de los gases de efecto invernadero y de otros gases traza. Un total de 53 países han comunicado los datos con los que se ha elaborado el Boletín sobre los Gases de Efecto Invernadero. Los datos de medición comunicados por los países participantes son archivados y distribuidos por el Centro Mundial de Datos sobre Gases de Efecto Invernadero (CMDGEI), ubicado en el Servicio Meteorológico del Japón.

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