El Gobierno Nacional anunció la apertura total irrestricta a la importación de libros, una medida que “apunta a promover la pluralidad de voces y democratizar el acceso a los libros provenientes del extranjero y fortalecer el vínculo cultural del país con la región y el exterior”, manifestó el ministro de Cultura, Pablo Avelluto.

Además, a través de esta medida que impulsa la competitividad comercial pero afecta directamente la industria para la producción de textos, “se busca incrementar la diversidad bibliográfica y favorecer la libertad de elección de lectores argentinos y facilitar el intercambio de la industria editorial local con los mercados internacionales”, según las palabras del funcionario, que así asegura que finaliza “una política de restricción que, desde su aplicación en 2010, limitó el ingreso de libros importados y provocó que en los últimos años los costos de producción locales volvieran menos competitiva a nuestra industria, a la vez que desalentó la exportación de libros al exterior”.

Esta afirmación es fácilmente refutable a la hora del análisis, ya que la Cámara Argentina del Libro elabora anualmente un informe en el que muestra los resultados de los últimos años, que va desde los 22.781 títulos registrados en 2010 y 27.365 en el año 2011 hasta los 28.010 en 2014, por ejemplo. Asimismo, el soporte de producción en libro en papel tuvo una leve caída de 2011 a 2014, que pasó del 84% al 81% del mercado, porque el e-book vivió un incremento del 14% al 18% en el mismo lapso.

En cuanto a la importación de libros, pasó de U$D 106.461.769 en 2010 a 40.714.000 en 2014, mientras que la exportación de textos tuvo un ingreso de 44.767.078 de dólares en el año 2010 y en 2014 cayó a 28.832.000, lo que deja un saldo negativo aproximado de 61 millones en 2010 y aproximadamente 12 millones de dólares en 2014. Pese a los números en rojo, es el déficit más bajo de los últimos diez años (en 2004 rozó los 11,7 millones de dólares).

Al respecto de los controles, en algunos casos trabas y limitaciones para el ingreso al país de libros provenientes del extranjero durante el gobierno de los Kirchner, la gestión actual encontró explicaciones al mencionar que “la restricción era parte de las consecuencias del cepo cambiario y se buscaba evitar la fuga de divisas impidiendo el ingreso de libros y materiales culturales al país”.

Por su parte, el ministro de Producción, Francisco Cabrera, aseguró que “la restricción además de aislarnos hizo caer a la industria editorial. El libro tiene un enorme valor cultural, pero además genera miles de empleos calificados que queremos promover: autores, editores, correctores, ilustradores y diseñadores argentinos entre otros. Queremos que desarrollen su talento, en comunicación con el mundo”, relató el funcionario, que además anunció que promoverán líneas de crédito, capacitación y promoción de exportaciones desde distintas áreas de ambos ministerios”.

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