Manuel Abramovich estrena su documental “Soldado” y reafirma su indiscutible talento como cineasta. Abramovich oficia de guionista, director y camarógrafo. Sus antecedentes como documentalista (“La Reina”, “Solar”, “Años luz”) han sido reconocidos por la crítica a nivel internacional. “Soldado” también ganó premios en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata por su guión y su trabajo de sonido.

De qué va…

Un joven de 19 años decide incorporarse al ejército. Allí le asignan un puesto en el tambor de la banda militar y en su rutina se mezcla el entrenamiento de guerra con ensayos musicales. Elementos al servicio de retratar la teatralidad del ejercito.

¿Cómo es ser militar en un país sin guerra? El tratamiento visual no podría ser mejor. El ojo de Abramovich hace atractivo un mundo y una paleta de colores que generalmente se percibe como aburrida o estática, si tenemos en cuenta que este mundo se suele exhibir en películas de mucha más acción.

La captura de la imagen es característica de su director, con esos primeros planos y ese juego con el fuera de campo de expansión tan interesante y, además, con el complemento protagónico de la musicalidad y el sonido que está tratado con una limpieza y estridencia que se disfruta mucho.

El protagonista

Juan José Gonzalez es un chico hiper tierno de quien lo primero que se advierte es su mirada y su expresión llena de miedos y dudas, con un dejo infantil que traspasa la pantalla.

Realmente él está dando sus primeros pasos en el ejército y el director lo captura de forma natural y, al mismo tiempo, da elementos ficcionados. Suena casi obvio y parece fácil de detectar en un principio, pero en realidad es muy ambiguo y dudoso.

Este chico también representa, de alguna forma, un ideal de soldado pero… ¿dónde está ese ideal? ¿Cuál es? Lo alejado que muchas veces está esta formación de una vocación y un deseo y más cerca de ser la única posibilidad de salida en muchos núcleos sociales.

Abramovich no juzga, o por lo menos no muestra de forma explícita  un punto de crítica. Pero plantea interrogantes sobre este ecosistema humano. Sobre todo no ironiza… lo ridículo lo es por sí mismo. El director solo nos entrega una película íntima e impecable.

puntocero 2018

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