Es un mundo cada vez más globalizado en el que todos hablamos de política, economía y sociedad. Esta globalización es un proceso imparable que acorta las distancias geográficas, rompe fronteras y hace a las sociedades más interdependientes.

Las poblaciones migran a lugares insospechados en busca de oportunidades, justicia y solidaridad. Se arriesga la vida y hasta la dignidad por sobrevivir. Pero se sigue hablando desde el racismo y la xenofobia con mensajes que inundan las redes. El comerciante que comenta sin tapujos “no queremos ser Venezuela” y la vecina que mira con recelo a un hombre afrodescendiente. Los avisos de trabajo que piden “solo nacionales”. Las pensiones que se aprovechan de la necesidad habitacional y alquilan a altos precios lugares inhabitables. Colombianos que no quieren ser catalogados como narcotraficantes y bolivianos que no quieren más ser llamados “bolitas” y gente del interior del país que a gritos dicen “no somos porteños”. Todos estos eventos dejan al descubierto que el mayor temor del ser humano es el rechazo, el señalamiento y la exclusión.

En 2017 el número de migrantes alcanzó la cifra de 258 millones, frente a los 173 millones de 2000. Sin embargo, la proporción de migrantes internacionales entre la población mundial es solo ligeramente superior a la registrada en las últimas décadas: un 3,4% en 2017 en comparación con el 2,8% de 2000 y el 2,3% de 1980. Estos datos son extraídos del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales (DAES).

Voluntad o necesidad

Según Naciones Unidas el panorama muestra que, mientras muchas personas escogen voluntariamente migrar, otras tantas tienen que hacerlo por necesidad. Aproximadamente, hay 68 millones de personas desplazadas por la fuerza, entre los que se incluyen 25 millones de refugiados, 3 millones de solicitantes de asilo y más de 40 millones de desplazados internos.

Comenzar una vida nueva en un país lejos de la patria implica sobrevivir a costa de todo. Vendedores ambulantes, músicos callejeros, empleados de comercio y hasta repartidores del moderno sistema de delivery son profesionales que abandonaron su vocación y carrera para poder pagar un alquiler, comer y enviar dinero a sus países de origen.

La agenda 2030 de Desarrollo Sostenible de Migraciones por Naciones Unidas reconoce, por primera vez, la contribución de la migración al desarrollo sostenible. 11 de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) contienen metas e indicadores que son pertinentes para la migración o el desplazamiento. El principio básico de la Agenda es “no dejar a nadie atrás” y esto incluye a los migrantes.

Para impulsar estas políticas de no exclusión, la Organización Mundial para las Migraciones diseñó la plataforma “Soy migrante”, en la que se dan a conocer las historias personales de los refugiados y migrantes. El objetivo de esta plataforma es cuestionar los estereotipos contra los migrantes y las expresiones de odio en la política y la sociedad.

Más allá del impulso que desde las políticas públicas se les da a la forma de ver a los migrantes, algo debe cambiar en nuestra visión del otro. No dejemos que los prejuicios y ese sentido común que nos lleva a naturalizar la violencia siga atravesando lo más profundo de nuestro ser. Seguir reforzando un discurso desde el odio a las diferencias y la intolerancia no nos deja avanzar. Es más, solo nos lleva irremediablemente al fracaso. En un mundo lleno de injusticias por las malas prácticas gubernamentales, solo nos salvará la solidaridad.

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