Como parte de la categoría “Las Venas Abiertas” en la que se proyectan películas latinoamericanas de cine de género en el 33° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, en las salas del Ambassador tuvimos la oportunidad de ver la proyección de “Soy Tóxico”, la producción dirigida por Daniel De la Vega y Pablo Parés, con guion de ambos y Paulo Soria.

Tóxico y abandonado

En un futuro post apocalíptico en la provincia de Buenos Aires, transcurre el año 2101 y el personaje interpretado por Esteban Prol despierta en una tierra devastada por las guerras bacteriológicas. Nada recuerda de su vida y de lo que allí ocurre. Y tiene la “suerte” de cruzarse con Horacio Fontova, que se pone en la piel de su rescatista y posterior captor.

De esta manera “El Perro” (Prol), tal como lo apodan por desconocer su verdadero nombre, intentará por todos los medios escapar y hallar las piezas dentro y fuera de su cabeza para saber quién es y por qué llegará a convertirse en un “seco”, tal como se denomina a los zombies.

Sin entrar en detalles para evitar spoilear el film, se puede destacar un trabajo de producción y fotografía a la altura de las circunstancias. De todas formas, no todas son flores para “Soy Tóxico”, que debutó exitosamente como una historieta en la pluma de Diego Parés. Causalidad o casualidad, ya empezamos a encontrar puntos que la unen con “The Walking Dead”, por ejemplo.

Escenario único, muchos lugares comunes

El film cae en casi todos los lugares comunes y clichés del género (diálogos trillados -si alguien ofrece su ayuda preguntar “¿por qué hacés esto?”-, estereotipos -el líder de la manada, la chica bella, el obeso desagradable, el malo permanentemente nervioso y alterado-, escenarios, situaciones -imposible evitar la pelea de cuchillas contra la horda de “secos”- y climas), pero eso no tiene por qué caer mal. En Hollywood abundan y nadie se escandaliza por la repetición, una y otra vez, de estéticas que podrían sin inconvenientes convivir en el mismo universo. Lamentablemente para “Soy Tóxico” y a diferencia de la mente del Perro, aún permanecen frescas en la memoria colectiva “Mad Max”, “Book of Eli” y, obviamente, “The Walking Dead”. Y no hay por qué sentirse menos… “Soy Tóxico” les juega de igual a igual.

Contar con una película nacional de este calibre invita a sumar más títulos a esta lograda combinación de acción, slasher, ciencia ficción, post apocalipsis y zombies. Eso siempre serán buenas nuevas, siempre y cuando el Instituto Nacional del Cine y las Artes Audiovisuales (INCAA) reviva el presupuesto para nuevas producciones. De ser así, el futuro del cine argentino transitará las mismas tierras áridas de “Soy Tóxico”.

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