Finalizó la segunda temporada de la multipremiada serie “The Handmaid’s Tale” y de ella se desprendieron muchas líneas de debate sobre la temporada en sí y también sobre eventos que la exceden y se articulan con el momento social actual.

Hay spoilers.

Gabriela Michetti vs Margaret Atwood

En Argentina, esta segunda temporada nos llega en pleno debate por la despenalización del aborto. Y, como si fuera poco, la autora de la novela Margaret Atwood dedicó algunos mensajes a la vicepresidente Gabriela Michetti.

Michetti había hecho algunas declaraciones que se viralizaron muy rápido por su total carencia de empatía respecto del aborto, incluso en casos de violación. Al respecto, hubo una intervención vía Twitter de Margaret Atwood que decía “Vicepresidente de Argentina Gabriela Michetti: no aparte la mirada de las miles de muertes que hay cada año por abortos ilegales. Dele a las mujeres argentinas el derecho a elegir”. Además, luego envió más tuits y hasta desarrolló un texto más extenso. Entre otras cosas, por esto es que es el momento ideal para ver y analizar la serie.

Sobre la serie

La segunda temporada consta de una curva con dos picos de tensión muy fuertes: los primeros tres capítulos y el último.

En los primeros capítulos se nos presenta a una June que avanza hacia un posible escape de Gilead. En estos primeros momentos todos creímos que la serie había tenido un cambio radical de acción hacia terrenos mucho más vertiginosos. Luego, con el intento de escape ya frustrado, entramos en la meseta de la curva. Sigue siendo una serie muy fuerte y de calidad extrema pero esta vez hubo un par de detalles que merecen ser perdonados, pero que encendieron la alarma.

¿Es verosímil que June sea tantas veces reincorporada a la casa de los Waterford? Es cierto que el mundo de Gilead se muestra mucho más debilitado por cuestiones que desarrollaremos más adelante. Sin embargo, hace un poco de ruido que en el marco del autoritarismo extremo y violento, un personaje tan irreverente como June sea perdonada tantas veces y que volvamos siempre al punto de partida casi como si nada hubiera pasado, a veces con excusas un poquito tiradas de los pelos.

Sororidad

Ya presente en la primera temporada, la sororidad en esta ocasión se transforma en uno de los pilares más fuertes. Sin dudas, en esta meseta narrativa cada momento de sororidad es un momento de emoción hasta las lágrimas y vuelve a la esencia de la primera temporada donde los detalles más mínimos son el germen que presagia el alma de la revolución. El gran momento de esta temporada fue la revelación de una red fuerte de Marthas y personajes masculinos de más poder que están conspirando contra Gilead.

El segundo pico de tensión se da al final de la serie, donde June se encuentra con una nueva oportunidad de escapar de Gilead junto con su bebé recién nacido. Pero el gran signo de interrogación de esta temporada es la decisión que toma June de quedarse en Gilead y que su bebé escape con Emily.

Por un lado, quedó esa desesperanza de la cual nos alimentamos los espectadores de esta serie pero, por otro lado, quedó abierto un riesgo altísimo para una tercera temporada que debe ingeniarse para dar un giro que conforme pero, por sobre todas las cosas, que sea verosímil.

El flaqueo conceptual más notorio es la sobrecarga de la “magia”y el “poder” de la maternidad en el caso de Janine y en algunos pequeños momentos más. Este punto, quizás, es el que más nos duele a quienes la consideramos una oportunidad necesaria para seguir cuestionando los machismos.

Asimismo, Serena sin lugar a dudas es otra de las caras más importantes por la ambigüedad de amor-odio que genera constantemente. También es verdad que sigue siendo una de las mejores series del momento y, desde ya, depositamos confianza en lo que vendrá.

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