El camino a la fama no significa nada si no hay una misión

Yiya Murano es la más célebre asesina en serie y estafadora de nuestro país. Es un ícono popular que causa fascinación, incluso risas (las masitas que le ofreció a Mirtha Legrand es uno de los mejores ejemplos).

Pero hay dos cuestiones que suelen dejarse de lado en su caso: su condición de mujer y el contexto de los años 70, en particular en la última dictadura, y los cambios económicos que ocurrieron en dichos años. Es en esto último lo que busca centrarse el documental «Yiya Murano: Muerte a la hora del té», dirigido por Alejandro Hartmann (responsable de los exitosos «Carmel» y «El fotógrafo y el cartero»).

El guion de Lucas Bucci y Tomás Sposato (quienes también colaboraron en la serie «Argentina 78») desarrolla brevemente la «plata dulce» de la década del 70, el cambio de mentalidad que esto significó y cómo las medidas de José Alfredo Martínez de Hoz habilitaron una serie de movimientos financieros (a los que hoy ya estamos más acostumbrados). Ahí Yiya vio la oportunidad de convertirse en una especie de financista (aunque, quizás, sería mejor decirle cabeza de una estafa piramidal) que encontró potenciales víctimas en su círculo de amigas. Porque Yiya era mujer, un hombre a ella no le iba a dar plata.

Cuenta testimonios interesantes, pero no hay grandes personajes carismáticos como ocurría en «Carmel», por más que el hijo de Yiya, Martín Murano, se esfuerce en ser el centro (el carisma no se hereda). Es sabido que no es la persona más afecta a su progenitora y, aunque la denosta por no haber sido una madre «perfecta», no para de lucrar con ella. Se atribuye «convertirla en leyenda» con su libro, y desde aquí el documental recorre la faceta mediática que la mujer lleva adelante en los 90.

Las recreaciones ficcionales nos recuerdan, en gran medida, que estamos ante un producto de Netflix. Uno muy bien hecho, pero subrayan algo que quizás no era necesario; de hecho, el crimen se ve en blanco y negro, mientras que los recuerdos del hijo se ven en color, con una saturación que busca replicar la de la década de su infancia. De allí que, quizás uno de los puntos flojos sea, justamente, parecerse a muchos otros documentales que aparecen en plataformas.

Acá el diferencial es un personaje como Yiya, que no fue una mujer tradicional, ni en su época ni lo sería ahora. Una madre lejos de ser cariñosa, una esposa no dedicada, ambiciosa, que no aceptaba no ser el centro de atención. La que envenenó a las amigas con masitas, pero para tapar una estafa, un tipo de crimen que parece ser dejado de lado.

Condenada, liberada, entrevistada estrella, busca fama constante, su mayor castigo fue el olvido en el que murió. Pero nunca duró mucho: una puesta teatral («Yiya, el musical»), ficciones (de su capítulo en «Mujeres asesinas» a una serie con su nombre por lo alto «Yiya»), merchandising y, por supuesto, este documental en la plataforma de streaming con más usuarios que, aunque busca cerrar con las víctimas y el testimonio de sus familiares, no logra escapar del encanto de la estafadora de Montserrat.

«Yiya Murano: Muerte a la hora del té» fue dirigida por Alejandro Hartmann con guion de Lucas Bucci, Tomás Sposato, tuvo su premiere mundial en el 27° Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI) y ya está disponible en Netflix.