El Gran Premio de Bélgica se vio opacado por la final de la Copa Mundial de Fútbol. Tan poco interés hubo al respecto, que los pilotos cuyos países protagonizaron el partido definitorio de la cita máxima declararon en deliberadas ocasiones su desgano por competir. Aun así, aquellos valientes que se mantuvieron presentes en lo que prometía ser una procesión se llevaron una sorpresa.
Kimi Antonelli volvió a la victoria: el líder del campeonato tuvo que recuperar durante la carrera (como viene haciendo toda la temporada) algún puesto perdido entre la largada y las paradas en boxes. Sin embargo, una vez afirmado en el primer puesto, el italiano de 19 años dominó sin problema alguno. Charles Leclerc y Max Verstappen lo acompañaron en el podio de lo que fue una victoria ideal en su lucha por consagrarse, dado que George Russell, su compañero y hasta hoy máximo rival, fue eliminado de la competencia en las primeras vueltas como resultado de un toque con, el ahora escolta, Lewis Hamilton.
Otra vez Franco
La carrera de los líderes fue relativamente aburrida. Sin embargo, una actuación deslumbrante de Franco Colapinto nos dio a los argentinos algo por lo que seguir mirando. El piloto pilarense ganó varias posiciones en la largada, característica que parece empezar a definirlo.
En las vueltas posteriores una evidente falta de ritmo con respecto a sus adversarios de VCARB y una mediocre parada en boxes tuvieron como consecuencia la pérdida de los puestos ganados. Se entabló, entonces, una batalla por el último punto entre el argentino y su compañero, Pierre Gasly; y Liam Lawson, que culminó con una inmejorable maniobra del 43 para adelantar a ambos en simultáneo. De esta forma, Franco volvió a superar al piloto titular del equipo y a demostrar su infinita calidad. Pierre no quedó contento y reclamó en la radio por la maniobra del albiceleste.
El parón después del parón
El mítico circuito de Spa-Francorchamps dejó en evidencia los muchos problemas de esta (aún) nueva Fórmula 1. El clipping, los relevos y otro tipo de horrores volvieron a hacerse presentes como antes del parón bélico, en palabras de Max: «Toqué un botón y lo adelanté».
Con sus problemas y todo, la máxima seguirá dando espectáculo el 26 de julio en Hungría.