«Don’t Look Back in Anger»: porque nos necesitamos uno al otro

Los ensayos, los shows, el detrás de escena, la reconciliación. Todo eso, especialmente lo último, es lo que se espera que muestre el nuevo documental de Oasis: «Don’t look back in anger», dirigido Dylan Southern y Will Lovelace y escrita por Steven Knight. Y muestra eso, aunque no del todo.

La película comienza con un montaje que resume la historia de Oasis hasta su separación en 2009. Y eso ya marca un indicio para lo que se espera que cuente. No narra la historia de la banda, eso ya está en «Supersonic» (2016) de Mat Whitecross. Este nuevo documental se enfoca en la gira del regreso. Por eso, este pequeño repaso se despacha rápidamente para pasar a 2024, el año en que se anunció la vuelta y sin contar qué pasó en el medio, como los otros proyectos musicales.

Luego de ese inicio, se pasa a los ensayos, donde se da el tan ansiado reencuentro entre Liam y Noel Gallagher. Se mantiene el suspenso en toda esta parte, ya que Liam no estuvo en los primeros. Hay una espera, no solo por parte de Noel sino, también, por los otros músicos: Paul «Bonehead» Arthurs, Gem Archer y Andy Bell, que completan la alineación oficial de Oasis, y los sesionistas Joey Waronker y Christian Madden. Luego llega Liam, se incorpora, canta, ajusta algunos arreglos con Noel y se va. No hay una charla de reconciliación. Los directores filman con un plano cenital y sin micrófonos (casi como si fuera una cámara oculta) a Noel charlando con los músicos y no terminan de entender si Liam está a gusto o no. Luego, el hermano mayor relata el hartazgo que siente por los ensayos y la ansiedad para que comience la gira.

Nuevamente hay otro montaje que relata lo que pasó en el mundo entre 2009 y 2024: guerras, celulares, Inteligencia Artificial, motosierras. Uno de los últimos shows de Oasis en el arena de Wembley en 2009 (esto no está en la película) muestra al público con cámaras digitales filmando el momento, mientras que en el regreso serán los celulares con linternas los nuevos protagonistas.

La ansiedad por los shows continúa con el operativo de seguridad. Con un juego de palabras con las canciones de la banda, el jefe del operativo relata lo que se espera: un público similar al de una hinchada de fútbol. Y en ese momento, el público pasa a ser un protagonista más del documental. Desde los que van a los pubs a tomar cerveza, los músicos callejeros, el merchandising de remeras de la marca de tres tiras, pilusos. Una ciudad rendida a los pies de los hermanos Gallagher.

Toda la tensión acumulada en esos 15 años y la incertidumbre de los ensayos se deshace en un solo gesto: Liam toma de la mano a Noel cuando ingresan al escenario. Fue algo improvisado y que el propio Noel relata que no lo esperaba. Por supuesto que se repitió a lo largo de toda la gira. Quizás ese gesto fue lo que hizo que el compositor estuviera desconcertado durante la primera parte, sin poder creer lo que estaba sucediendo: de no verse de nuevo en un escenario con Liam a estar ahí, con miles de personas emocionadas, incluyéndose a él mismo.

A partir de ahí, comienza a intercalarse en el montaje de la gira, algunas historias individuales de los fanáticos, lo que termina siendo el corazón emocional de la película. Hay de todo tipo: un chico autista que no puede hablar cantando «Talk Tonight», una chica coreana que trabajaba de buzo y le canta a su compañera «Acquiesce», la brasileña que encontró en su perro Bonehead y en los fans de Brasil un nuevo sentido de pertenencia, y la hinchada de San Lorenzo de Almagro que inventó una canción de cancha al ritmo de «Wonderwall». Hay otro momento especial con la chica que estuvo en el atentado en el show de Ariana Grande en Manchester en 2017 y entonó «Don’t Look Back in Anger» en un homenaje, la canción que espontáneamente se convirtió en himno de duelo y resistencia de la ciudad en aquellos días. Con todos estos testimonios, la película deja en claro el legado de la banda: todas esas letras y esa música se resignifica y esas son las pruebas de que las canciones ya no le pertenecen a los hermanos Gallagher. A estos testimonios, siempre se intercala con una canción, aunque nunca completas.

Las entrevistas a Noel y Liam también tienen ese montaje que caracteriza a «Don’t Look Back in Anger». Porque se intercalan sus testimonios y se los filma en primer plano, hasta que sobre el final se abre el plano y se revela que siempre estuvieron juntos dando testimonio. Mucho hablan sobre el perdón, sobre que no se necesitó mucho para la reconciliación, pero si esperan la respuesta al motivo del regreso, no está aquí. Los hijos tienen su propio peso, ya que los primos no se conocían y hoy se emborrachan con esas canciones. Hay otra declaración de Noel para destacar: la prensa nunca supo qué fue Oasis, pero hay algo seguro, y es que no es una banda de derecha. Ellos son irlandeses, de clase trabajadora y el público empatizó con ellos, porque era su misma gente que había llegado con nuevas canciones.

En estos testimonios hay también una reivindicación a Bonehead como una pieza que nunca tuvo reemplazo real: Noel habla de él no como un músico intercambiable sino como el responsable de una textura sonora concreta, ese colchón de guitarra que sostenía por debajo toda la estructura de las canciones y que, según el propio Noel reconoce, la banda no logró recuperar del todo desde su salida. Es un pasaje breve, pero que contradice el mito de Noel como compositor solitario de los primeros discos. Hay también un pequeño homenaje a Mani de The Stone Roses, banda fundamental en la existencia de Oasis.

«Don’t Look Back in Anger» es un documental que celebra la reunión y justifica por qué fue tan especial para tanta gente alrededor de todo el mundo. Es cierto que deja una pregunta sin responder, pero material como el acceso exclusivo a los ensayos, los sentimientos de los hermanos y saber que su relación actual va más allá de lo comercial («hablamos todos los días y me manda videos», dice Noel) es suficiente para los fans de la banda. «Oasis no te levanta, se cae con vos y se levantan juntos», asegura una fan. Y de eso se trata, porque Oasis cayó y no se levantó solo sino a todo el mundo.

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