Pasolini, guerrero sin tiempo

Cuando se decide llevar a escena a alguna personalidad histórica, popular o destacada, siempre hay que enfrentarse a grandes desafíos. El dramaturgo y director teatral Raúl Garavaglia no parece temerle a esos retos y vuelve a arrojarse a ese abismo. Ya lo había transitado hace unos años con «El Che y yo».

En aquella obra imaginó un encuentro ficticio entre Ernesto «Che» Guevara y Lari Lari -una criatura mitológica andina de la región de Bolivia- en la escuela rural de La Higuera, entre el 8 y el 9 de octubre de 1967, justo antes de la muerte del guerrillero. En aquel entonces, logró una destacada respuesta del público y de la crítica.

Ahora le toca el turno a Pier Paolo Pasolini, uno de los intelectuales italianos más importantes, versátiles y controvertidos del Siglo XX. Escritor, poeta y cineasta, fue criado en el seno de una familia burguesa en la Italia de Mussolini. Creció y se formó en un mar de contradicciones. Una de ellas fue haber nacido en una cuna de privilegios burgueses, algo que se convirtió en una suerte de estigma frente a su marcada militancia comunista.

Tuvo su momento de esplendor en el cine y la escritura, y dejó un legado que aún hoy se sigue estudiando y admirando. Comenzó su recorrido cinematográfico en el marco del neorrealismo italiano, con películas centradas en el subproletariado romano («Accattone»,»Mamma Roma»). Luego evolucionó hacia las adaptaciones mitológicas y literarias («El Evangelio según San Mateo», «Edipo Rey» y la «Trilogía de la vida») y culminó con una devastadora crítica al fascismo y la deshumanización en «Saló» o «Los 120 días de Sodoma».

Pocas semanas antes del estreno comercial de «Saló», en noviembre de 1975, fue brutalmente asesinado en las playas de Ostia, cerca de Roma. Su crimen se convirtió en un tema de intenso debate, alimentado por teorías conspirativas y oscuros interrogantes sobre posibles motivaciones políticas que nunca terminaron de esclarecerse.

«Pasado, Presente, Pasión: Pasolini». Así de grandilocuente es el título de la obra, que logra recorrer algunos aspectos determinantes de su vida. Contiene momentos clave que nos permiten acercarnos a su historia íntima y personal: su traumática infancia, marcada por la difícil relación con su padre; el fuerte vínculo con su madre; su pasión por el fútbol; su homosexualidad, que nunca ocultó; y sus deseos más polémicos, que lo llevaron a enfrentar problemas judiciales. También aparece su exquisita poesía. Todo ello atravesado por un contexto político y social convulsionado por los coletazos de la guerra.

Sin dudas, el poder de síntesis para convertir todo ese universo en material narrativo y condensarlo en una dramaturgia inteligente es uno de los grandes méritos de Garavaglia. A esto se suma una propuesta escénica minimalista, casi sin escenografía y con pocos elementos. El diseño de luces es impecable: acompaña cada escena y construye la ambientación adecuada.

La obra se articula en dos grandes momentos: infancia y adultez. Para cada uno hay un actor diferente. La elección de ambos es un verdadero hallazgo. El papel del joven Pier Paolo está a cargo de Theo Cesari -quien ya había trabajado con Garavaglia interpretando a Lari Lari en «El Che y yo»-, cuyo trabajo corporal es formidable y aporta la energía y la frescura que requiere el personaje.

El Pasolini adulto está interpretado por Martín Rodríguez, quien alcanza una actuación soberbia y magnética, potenciada por su porte y su notable parecido físico con el verdadero artista.

Además, Garavaglia introduce una escena en la que irrumpe la presencia de María Callas, interpretada por la actriz Oriana Parrotta. El encuentro entre la cantante de ópera y el cineasta se produce durante el rodaje de «Medea», película que tuvo a la diva italiana como protagonista. A partir de allí nació una larga amistad, marcada por el afecto y la admiración mutua.

¿Por qué revisitar la historia de Pasolini?

En tiempos en los que los discursos de odio de la extrema derecha se propagan como reguero de pólvora por todo el mundo, resulta sumamente necesario dejarnos interpelar por una mente tan brillante como la de Pier Paolo. Su mirada inconformista sobre la sociedad moderna de su época todavía resuena y nos invita a reflexionar sobre nuestro propio presente.

Quienes ya lo conocen seguramente disfrutarán de una pieza teatral magnífica. Y quienes no saben nada de él serán introducidos en un viaje transformador y sin regreso, porque si Pasolini te atraviesa, ya no hay vuelta atrás.

La obra se presenta los martes a las 20 horas en Ítaca, Complejo Teatral, en Humahuaca 4.027 en el barrio porteño de Almagro.

Ficha técnico-artística

Dramaturgia: Raúl Garavaglia.

Actúan: Theo Cesari, Oriana Parrotta y Martín Rodríguez.

Diseño gráfico: Natalia Pelleritti.

Asistencia de vestuario: Sebastián Mejías. Asistencia de dirección: Faust Frías.

Producción ejecutiva: Mariana Zarnicki.

Dirección de arte: Raúl Garavaglia. Dirección general: Raúl Garavaglia.

Duración: 70 minutos.

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