«El evento cinematográfico más importante del país corre peligro»

Pablo Conde, exprogramador y director artístico del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, publicó este martes en sus redes sociales un comunicado que expresa preocupación por el estado actual del evento y responsabiliza directamente a la actual gestión por haber «ahuyentado» al público asiduo generando una baja concurrencia que hoy pone en riesgo la categoría A del festival.

Dicha categoría indica que el mismo es acreditado por la Federación Internacional de Asociaciones de Productores Cinematográficos (FIAPF) dentro de un reducido grupo de festivales a nivel mundial, entre ellos se encuentran el Festival Internacional de Cine de Cannes o el de San Sebastián. Pero, para sostener esta categoría, debe cumplir con ciertos requisitos como un parámetro de audiencia, algo que Mar del Plata sostenía hasta la llegada de Gabriel Lerman y Jorge Stamadianos a la dirección.

¿Qué pasó desde entonces?

En su comunicado, Pablo hace un recuento de situaciones a las que califica directamente como una mala praxis: «Los ejes fundamentales que se articulan en la construcción de un festival de cine son tres: su propio equipo de trabajo, quienes participan con sus películas -es decir, cineastas, elencos y profesionales, entre otros- y el público. Si el de Mar del Plata se transformó en un gran festival fue porque en gestiones previas se cuidaron esos ejes con especial ahínco, sabiendo que allí radica su centro gravitacional».

Después enumera una serie de acciones que buscan entender la fractura entre el público y esta dirección artística: «El dilema es el tercer eje, hoy foco de chantaje: el público. Y allí entra, una vez más, la mala praxis. Porque, ¿qué puede esperar alguien que no se perdió nunca el festival, llenando con pasión las salas, al leer a las nuevas autoridades diciendo que en las ediciones previas se proyectaba un ‘cine exclusivo’ o ‘para conocedores’, con ‘películas oscuras’ con las que ‘se lo pasaba mal’? ¿No es acaso ir en contra de ese público, ahuyentarlo?.

Lo mismo pasa al leer que ‘nosotros recibimos el festival, yo siento, en el punto más bajo de una historia maravillosa, y nuestro objetivo desde el primer momento fue tratar de llevarlo hacia arriba’, cuando el año previo las salas con funciones agotadas llegaban a números récord y entre los invitados de relevancia estaban los directores de ‘Duro de matar’ y ‘La sociedad de la nieve’, presentando en salas repletas esas dos películas, muy lejanas de ser exclusivas, para conocedores u oscuras.

¿Qué esperanza le queda a un asiduo concurrente al festival que siempre apoyó al cine argentino al leer el desprecio sistemático de Carlos Pirovano, entre Tik-Toks y denostaciones a películas amadas, diciendo que verlas es ‘una gran tortura’? ¿Fueron los demás o sus propias autoridades quienes ralearon al Festival?».

Señala lo evidente para quienes siguen el recorrido del festival, la actual gestión entró al juego ensuciando discursivamente todo lo construido previamente -quién sabe con qué necesidad- y sin tener en cuenta que el público había generado un cariño por todo aquello que vinieron a decir que se terminaba porque ya era hora de «renacer».

Intentaron todo lo que se propusieron: «Las tropelías de las dos ediciones previas pasarán a la historia, entre ‘el renacer del esplendor’, los cambios de fecha por el Día de Acción de Gracias que traerían Grandes Estrellas, la revolucionaria sección de series que duró un año, el destacar en aperturas y clausuras películas extranjeras con mirada extranjerizante -cuando no miserabilista-, la Inteligencia Artificial usada para que una ola salga de la pantalla e inunde el Auditorium (¿el festival ahogando al público?), el conservar secciones previas (Estados Alterados, Hora Cero) y hablar de cambios artísticos o, peor, el crear nuevas secciones importando directamente los conceptos -¡y nombres!- de otros festivales (Perlas, Classics -así, en inglés-, etcétera)».

Pero nada de eso funcionó y hoy estamos a las puertas de una nueva edición que intenta volver sobre algunos de sus pasos, poner el foco en las películas presentadas, replantear los costos de las entradas e incorporar promociones de todo tipo, para no quedar en la historia como aquellos que llegaron a terminar con la «decadencia» a ser los responsables de la pérdida de la categoría A del festival.

Pablo llama a asistir a las salas, a cuidar el festival, porque es nuestro más allá de cualquier autoridad que lo dirija momentáneamente: «Finalmente, la gran pregunta: ¿cómo hacemos para combatir al chantaje y proteger el futuro del Festival de Cine de Mar del Plata? Probablemente, la mejor forma de hacerlo es yendo, poblando sus proyecciones, evitando que se pierda esa Clase A tan valorada por todas y todos. Yendo y difundiendo estas inquietudes, evidenciando el triste chantaje que la gestión está ejerciendo sobre el público. Con una protesta activa inteligente, pacífica y ordenada, entendiendo como, desde la comunicación, esta gestión utiliza el reduccionismo para vaciar de peso a los reclamos.

Alguien, en una charla sobre esta problemática, sugirió asistir con una remera, buzo o campera de color rojo. Quizás esa sea una buena forma de decir, ‘aquí estoy, vengo a cuidar mi butaca en un festival que es de todos y todas’. Tal vez el rojo pueda ser una forma de encontrarnos, en sincronía.

El festival es de la gente: es tuyo, es suyo, es nuestro. No es de una gestión ni de otra, de un color político u otro, de una forma de ver y entender el cine ni de otras. Es nuestro. Tenemos que cuidarlo entre todos y todas. Así, seré uno de los que vistan de rojo. ¡Nos vemos en Mar del Plata!», cierra Pablo Conde.

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