Martin McDonagh es un director con una agenda bien delimitada en cuanto a sus intereses narrativos, uno de ellos está circunscripto a las amistades (re)torcidas entre dos personajes atados por alguna circunstancia turbia.
En «Escondidos en Brujas», dos sicarios (uno experimentado y otro novato) huían a la capital belga para escapar después de un trabajo fallido. En ese tiempo, la relación entre ambos ponía de relieve filosofías de vida contrapuestas, ubicándolos a ellos como personajes en un contexto de paisaje turístico de ensoñación y, a la vez, sombrío. Para «Los espíritus de la isla», la misma dinámica de dos hombres enfrentados ya presentaba, desde el inicio, una oscuridad que solo variaba en cuanto a tonalidades. El humor nunca asomaba sino que se veía gris como el cielo de esa Irlanda de principios de Siglo XX.
«Caballo salvaje nueve» es un nuevo estadio de un choque generacional entre dos hombres con la misma dedicación, pero contrapuestos por una manera de ver el mundo y, en este caso, el sustantivo refiere a la esfera material, porque Chris (John Malkovich) es un agente de la CIA con una larga experiencia en el derrocamiento de gobiernos en diferentes países, que lo encuentra en el tramo final de su vida con muchas ganas de contar sus tropelías a través de unas memorias que planea escribir. Para contraponer estas intenciones está su compañero Lee (Sam Rockwell), un personaje dedicado casi exclusivamente a tapar las barrabasadas de su compañero a lo largo de un viaje hacia Rapa Nui (o la Isla de Pascua) desde Santiago durante el gobierno de Salvador Allende, poco tiempo antes de su derrocamiento a manos del general Augusto Pinochet. Ambos agentes están involucrados directamente en este episodio, de hecho, funcionan como narradores omniscientes cuando, por ejemplo, Chris les revela todo lo que sucederá en Chile a unas estudiantes que se cruzan en el aeropuerto.
McDonagh vuelve a mostrar sus credenciales de guionista al proponer un dispositivo de repetición con resignificaciones que oscurecen los diálogos que nacen como comedia, pero que terminan en la truculencia. Como en las películas mencionadas de este director, la química entre los dos personajes es fundamental para atravesar la montaña rusa de emociones que van desde la risa cómplice hasta un drama personal. La composición de Malkovich como este agente recargado de impunidad está construido desde un perfil exacerbado, especialmente en lo discursivo, mientras que Rockwell funciona como un típico partenaire necesario dentro de esta relación, destacándose -quizás aún más- que su compañero por las sutilezas en las reacciones, en las miradas y hasta en los silencios.
Al igual que en «Los espíritus de la isla», McDonagh encuentra el tono casi perfecto de la sutileza para narrar visualmente, además de proponer un guion de (su) fórmula. A esta altura, se puede apreciar cierta poesía en pequeñas grageas, aquí visto en los momentos entre Chris y un caballo que lo sigue a través de la isla. «Caballo salvaje nueve» es un recorrido funerario en vida maridado por un contexto marcado a fuego al reconstruir desde un costado la historia de las dictaduras en Latinoamérica. Solo la escena de Monument Valley podría estar entre los mejores momentos cinematográficos de 2026.
«Caballo salvaje nueve» es la película de Apertura del 41° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, se podrá ver el viernes 6 a las 16 horas y el sábado 7 a las 21 horas en el Teatro Auditorium.