Hungría rechaza la extrema derecha

Este domingo en las elecciones parlamentarias, la ciudadanía húngara le asestó un duro golpe a la gestión de Viktor Orbán que, después de 16 años, pondrá fin a su mandato en el país europeo.

Con una participación de casi 80% y la diferencia más amplia en votos desde la restauración de la democracia en la nación, el opositor Tisza se impuso como ganador frente a Fidesz -la oficialista Unión Cívica Húngara- (138 escaños contra 55) y el partido consolida a su líder Péter Magyar para convertirse en el próximo mandatario.

Apenas consumada la victoria, Magyar dio un discurso de 40 minutos en el que vociferó que «desde hoy, el país está vivo de nuevo». Además, celebró que «se nos otorgó una autoridad histórica para construir una Hungría funcional y humana. Trabajaremos cada minuto y cada momento para ganarnos esta confianza», no solo en referencia al apoyo ciudadano sino, también, a la participación en la Unión Europea, de la que Orbán renegó y criticó incansablemente. Vale destacar la relación cercana que la gestión que culmina tuvo con Vladimir Putin y Donald Trump.

Precisamente, Magyar pidió la renuncia de todo el actual gobierno para marcar desde un inicio el cambio de rumbo político, lejos de los discursos de odio, agravios verbales y posicionamientos de extrema derecha (aseguró en varias ocasiones que Hungría «es el país más libre de Europa») que caracterizaron a su contendiente electoral. «También seré su primer ministro y me aseguraré de que podamos aceptarnos mutuamente, incluso aunque no estemos de acuerdo», expresó en coincidencia con sus discursos de campaña, en los que se enfocó en el positivismo para proponer «una nueva Hungría».