«AMIA: El fin de la verdad» es una serie estrenada por Flow, pero que está producida por Dori Media y Yair Dori de Israel en asociación con Cimarrón, una compañía con sede en Uruguay, Argentina y México fundada por Hernán Mussaluppi, Diego Robino y Santiago López.
Como es ya una costumbre en el último tiempo, muchas de las ficciones que suceden en Buenos Aires están filmadas en Montevideo, una ciudad parecida a la capital argentina en lo urbanístico. La serie sobre el atentado a la mutual judía no le escapa a los modos de producción actuales, a los cuales se le suma también el desafío de acomodar una época, en este caso la década de 1990.
La historia comienza con Diego (Michael Aloni), un agente del Mossad que pierde a su hermana en el atentado a la Embajada de Israel ocurrido en 1992. Al mismo tiempo, Gisela (Malena Sánchez) es una joven periodista dispuesta a descubrir la trama detrás de la versión oficial. En el recorrido se encuentra con diferentes obstáculos profesionales, aunque también por parte de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE). Si hablamos de este organismo, allí hace su entrada la tercera pata del relato que involucra a un agente (Alfonso Tort) designado para apoyar a los agentes israelíes enviados para hacerse cargo del caso. Entre los tres hay voluntad para avanzar en el descubrimiento de los autores intelectuales del hecho, en el medio están los intereses de varios poderes políticos, en ese punto clave la serie reparte culpas para todos los países y a sus respectivas agencias de Inteligencia y fuerzas de seguridad.
El gran problema está en el desarrollo de un relato que solo está inspirado en los atentados de 1992 y de 1994. Si bien la serie se llama «AMIA: El fin de la verdad», durante los 7 de los 8 capítulos no se nombra a la entidad y solo se hace mención al «atentado a la embajada». Por tal motivo, resulta confusa la pretendida progresión narrativa apoyada notoriamente hacia el costado policial, por momentos desplazado hacia una zona de típico relato de espías. No resulta llamativo que la serie pueda tratarse de cualquier atentado, porque es indiferente a muchos costados que representan el atentado a la AMIA, como así también el de la Embajada de Israel. Tampoco aparecen nombres propios de la causa, todos los personajes son ficticios y resulta muy difícil identificar si se trata de una inspiración en personas de la vida real. Hay muchos «el presidente», pero pocos anclajes a lo verídico del asunto, por eso la pregunta genuina que surge es: ¿qué sentido tiene llamar «AMIA: El fin de la verdad» a esta serie?
Al no existir ningún cordón real para apoyarse, en lo narrativo lo que se construye como «hechos posibles» no alcanza para construir un verosímil. Una oportunidad perdida para contar una de las páginas oscuras de nuestro país, que aún está impune con una serie de interrogantes que todavía persisten.
«AMIA: El fin de la verdad» estuvo dirigida por Guillermo Rocamora, con las actuaciones de Malena Sánchez, Michael Aloni, Alfonso Tort, Roberto Suárez, Cesar Bordón, Soledad Pelayo y Jameel Khoury y puede verse en Flow.