A menos de cinco meses de las elecciones presidenciales en Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva comenzó a repuntar en las encuestas luego de un periodo de declive en su imagen, mientras el candidato opositor, Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente ultraderechista actualmente detenido, sufre las consecuencias del escándalo del Banco Máster desatado semanas atrás.
La reciente visita del mandatario brasileño a Washington para reunirse con el magnate ultraderechista Donald Trump muestra que el gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) sabe maniobrar la relación con la Casa Blanca en un escenario de extrema tensión geopolítica, al tiempo que no renuncia a su agenda de transformaciones y se diferencia nítidamente en su confrontación con el bolsonarismo.
La encuesta publicada este martes por AtlasIntel/Bloomberg generó un sacudón político en Brasil. El resultado muestra que Lula ganaría una eventual segunda vuelta contra Flávio Bolsonaro con 48,9% de los votos, frente al 41,8% del candidato ultraderechista. En abril, una encuesta mostraba al hijo de Jair Bolsonaro con un 47,8% frente a 47,5% del actual mandatario. Además, Lula se impone en escenarios de primera vuelta con un 47%, por encima de Flávio (34,3%), Renan Santos (6,9%), Romeu Zema (5,2%) y Ronaldo Caiado (2,7%).
Este cambio significativo en la tendencia política preelectoral en Brasil tiene como explicación central el escándalo en torno al Banco Máster. El relevamiento publicado el martes fue realizado luego de que Intercept Brasil, un sitio especializado en filtraciones periodísticas de gran repercusión en el país vecino, publicó un reportaje en el que se alegaba que Flávio Bolsonaro había negociado un compromiso de 134 millones de reales con Daniel Vorcaro, extitular del banco, supuestamente destinado al financiamiento de un film sobre la vida de Jair Bolsonaro.
La reciente visita de Lula a Washington tuvo un importante significado político en Brasil. El Jefe de Estado mostró sintonía y buen entendimiento con Donald Trump, aliado desde hace años del clan Bolsonaro, que el año pasado ordenó graves sanciones económicas contra el país sudamericano, las cuales posteriormente fueron removidas. «La buena relación entre Brasil y Estados Unidos es una demostración al mundo de que las dos mayores democracias del continente pueden servir de ejemplo para el mundo», dijo Lula. «Creo que se comportará como el presidente de Estados Unidos, dejando que el pueblo brasileño decida su propio destino», añadió. Por su parte, Trump se expresó en su red Truth Social, a través de una publicación en la cual señaló que «hablamos de muchos temas, incluyendo el comercio y, específicamente, los aranceles», para luego agregar que «la reunión fue muy bien» y que los contactos continuarán «para debatir ciertos elementos clave».
Mientras tanto, Lula continúa con su agenda económica y social. A principios de mayo, firmó un decreto que ataca uno de los principales dramas de millones de personas en Brasil: el endeudamiento familiar bancario. La magnitud del problema queda a la vista con una cifra concreta: el 80,4% de los hogares se ve afectado, y el factor principal son las tarjetas de crédito. Estas representan el 84,9% del volumen total adeudado, mientras que el resto corresponde a los préstamos personales. En ese sentido, el decreto anunciado por el Presidente estipula descuentos de hasta 90% del valor de los impagos acumulados. El programa, diseñado en el decreto, resultará en créditos nuevos con una tasa de interés muy baja. «Nosotros hemos comprendido perfectamente lo que significa ese endeudamiento. Pretendemos a partir de ahora bajarlo a niveles razonables, y a ser pago a largo plazo, para que nadie se quede sin capacidad de consumir o comprar lo necesario», aseguró Lula y añadió que «es preciso, sin embargo, tener conciencia de que el nivel de la deuda debe ser consistente con la capacidad de hacerle frente».
Otro aspecto clave de la política brasileña gira en torno a la seguridad pública, terreno en el cual usualmente la ultraderecha se desenvuelve con mayor comodidad. En ese sentido, Lula buscó mostrarse proactivo y anunció un plan contra el crimen organizado, pocos días después de su reunión con Trump. Concretamente, el Gobierno dispondrá de recursos directos por 1.000 millones de reales (unos 200 millones de dólares) para 2026 y 10.000 millones de reales adicionales (2.000 millones en moneda estadounidense) para que estados y municipios adquieran equipamiento especializado como drones, vehículos blindados y cámaras corporales.
Además, se implementarán estándares de seguridad máxima en las prisiones, con el objetivo de contrarrestar el mando que los líderes de diversas organizaciones narco criminales, como el Primeiro Comando da Capital (PCC) o el Comando Vermelho (CV), ejercen desde las prisiones. Flávio Bolsonaro salió rápidamente al cruce: «Brasil no aguanta un discurso más de PowerPoint contra el crimen organizado», dijo. «Mientras Lula anuncia plan millonario, el PCC y el Comando Vermelho siguen expandiendo poder, dominando territorios y aterrorizando a la población», agregó el candidato ultraderechista.
El gigante sudamericano se encamina a una nueva elección presidencial marcada por la polarización entre el PT y el bolsonarismo. Aquellos sectores que abogan por una «tercera vía» empiezan a hacerse a la idea de que la posibilidad de que irrumpa un dirigente centrista con capacidad electoral es prácticamente inexistente. Algunas voces de la Derecha se preguntan si no sería preferible que Flávio Bolsonaro, golpeado por el escándalo de corrupción del Banco Máster, declinara su candidatura. Ocurre que el bolsonarismo conserva un núcleo duro sumamente significativo, que otorga al hijo del exmandatario un piso de entre 25 y 30 por ciento de las preferencias, algo que ningún otro opositor a Lula puede exhibir. ¿Será este el escenario ideal para que el tornero mecánico devenido Presidente logre su cuarto mandato?