El renacimiento
«Roma no se construyó en un día». Ese dicho puede aplicarse a esta generación de los New York Knicks que acabó con la sequía de títulos y convirtió la ilusión -renovada muchas veces en cada temporada-, finalmente, en un logro concreto.
La nueva etapa se inició con la llegada de Leon Rose el 2 de marzo de 2020, después de un fugaz paso de Steve Mills, en el cargo de director de Operaciones Técnicas del equipo (DOT). Tras años de malas decisiones deportivas, financieras y estratégicas, los Knicks encontraron en la figura de Rose un líder para encarar la transición hacia la gloria.
El 30 de julio de 2020 fue el día del renacimiento.La contratación de Tom Thibodeau como entrenador principal fue la piedra basal, su experiencia en varios equipos de la NBA, además de su perfil de vieja escuela orientado a la rudeza defensiva, prometía un cambio importante.
En su primer año devolvió a la franquicia a los playoffs después de 7 de ausencia, el récord de la temporada regular fue de 41-31, pero cayó en primera ronda. En la siguiente, el equipo alcanzó la postemporada, la gran diferencia de Rose como DOT fue sostener a Thibodeau, a pesar de las críticas, considerándolo como parte esencial del plan a mediano y largo plazo.
Las tres temporadas siguientes de «Thibs» como entrenador fueron las mejores de la franquicia en décadas: 47-35 en 2022/2023, 50-32 en 2023/2024 y 51-31 en 2024/2025, con dos semifinales de conferencia consecutivas y una final frente a Indiana Pacers para la última del entrenador cascarrabias.
Más allá de los números, lo que «Thibs» dejó fue el componente de la resiliencia, un concepto desconocido para los Knicks, un equipo traumado por las derrotas, la escasez de participaciones en playoffs y, como consecuencia de todo ello, la idea de ser un hazmerreir de la liga, en especial por la desproporción del fanatismo exacerbado que sobrepasa la ciudad en comparación con los logros deportivos.
No todo es Thibodeau en la duela
El basquetbol es un deporte en el que la altura es determinante para el futuro de un jugador, aunque demuestre talento y cualidades en diferentes aspectos del juego. El caso de Jalen Brunson, hijo del jugador Rick Brunson, es un ejemplo para pensar qué sucede cuando hay muestras de brillantez y grandeza, a pesar de tener una altura que no llega ni al 1,90 metros, una estatura por debajo del promedio de los jugadores de la NBA.
Su participación en la Universidad de Villanova le dio dos títulos, además de dos compañeros que se convertirían en amigos y futuros «teammates» en los Knicks: Josh Hart (con quien tiene el divertidísimo podcast «The Roommates») y Mikal Bridges. Los tres hicieron caminos solitarios, Hart fue drafteado por Los Angeles Lakers y cedido dentro del polémico paquete de jugadores que terminaron en New Orleans Pelicans por Anthony Davis. Bridges fue a Phoenix Suns (después de ser drafteado por Philadelphia 76ers) y hasta disputó unas finales de NBA contra Milwaukee Bucks, luego fue cedido a Brooklyn Nets en el periodo oscuro de esa franquicia tras las salidas de Kyrie Irving y Kevin Durant.
Oh Captain! My Captain!
El caso de Jalen Brunson fue más pedregoso, su llegada a Dallas después de ser elegido en la segunda ronda del draft 2018 le marcó una necesidad de adaptarse al juego, en especial por tratarse de una época de la NBA atravesada por los triples como consecuencia de la dinastía de Golden State gracias a los «splash brothers», Stephen Curry y Klay Thompson.
Todos los equipos de la liga comenzaron a reconfigurarse para tener más tiradores que fueran parte de un equipo de roles similares y soltar, al mismo tiempo, la idea de tener un pívot tosco en sus «rosters». Otro obstáculo para JB fue la figura de Luka Dončić, nombre estelar con su llegada desde Real Madrid, ponderado como una nueva cara de la NBA, por lo tanto, el recién llegado no tuvo otra opción que ocupar un rol secundario, aguardando por oportunidades para sumar minutos.
Con el correr de las temporadas, incrementó sus estadísticas personales, sin embargo, había un plan detrás que incluía a Leon Rose y a su equipo de trabajo con una estrategia para sortear el cupo salarial del equipo, una imposición de la NBA para fomentar la equitatividad entre todas las franquicias. El plan era traer a Jalen Brunson para que se convirtiera en el base titular de equipo, una posición casi acéfala en años. Solo pasaron nombres rutilantes en sus etapas crepusculares como Stephon Marbury y Jason Kidd, también hubo otras apuestas como Kemba Walker, que resultaron en una decepción. Los recuerdos de Chris Childs y Charlie Ward aparecían como nombres positivos, más por haber sido participes del equipo mítico de 1999, que llegó a las finales contra San Antonio, que por sus atributos individuales.
Brunson llegó por un contrato máximo y con la responsabilidad de ocupar el papel de líder de un equipo en formación. En el «roster» también se sumó Julius Randle, un ala pívot de gran presencia física y poseedor de un buen tiro de media distancia, una característica en desuso en la NBA de los últimos años. JB se adaptó inmediatamente al equipo, en especial al esquema de defensiva férrea propuesto por el entrenador Thibodeau.
La primera movida para acompañarlo, en términos afectivos, fue la incorporación de Josh Hart desde Portland Trailblazers. No solo resultó ese movimiento de la organización para tener contenta a su flamante estrella, también encontró Knicks en Hart a un jugador «comodín», alguien capaz de hacer el trabajo sucio metiéndose en la zona pintada para luchar por rebotes ofensivos imposibles, para encender al equipo en una transición después de una pérdida rival y también para darle un corazón al equipo.
Los dos «Villanova Boys» iban a tener a un tercer integrante: Mikal Bridges. Jugador de mejor perspectiva, elegido en el puesto 10 de la primera ronda en 2018 del Draft, ostenta el mayor récord activo de partidos jugados en forma consecutiva durante la temporada regular: 556 juegos. El trío Brunson, Hart y Bridges terminó por conformar la columna vertebral del equipo.
En este esquema, el que parecía estar de más era Randle, más allá de sus buenos números, su presencia atentó contra el desarrollo del potencial de Brunson. El pequeño gran detalle para conformar este trío fue la baja del salario que aceptó el capitán para que el cupo salarial de los Knicks tuviera un margen a la hora de afrontar el contrato de Hart y, principalmente, el de Bridges.
OG, el factor X
Otro de los grandes planes de Rose se presentó a la hora de buscar un jugador de las mismas características de Randle, con la diferencia de que tuviera un ego más apagado y una filosofía de equipo más dada para lo colectivo. Así llegó el «trade» con Minnesota Timberwolves por Karl Anthony Towns (KAT), quien ya había cumplido un ciclo en el equipo del Oeste y estaba presto para buscar nuevos aires.
Así surgió el intercambio por Julius Randle, al que se sumó también Donte DeVicenzo, un sexto hombre importante en la primera etapa de esta resurrección de los Knicks, gracias a su aporte en los triples. Ya estaban Brunson, Bridges, Hart y KAT. Solo faltaba una pieza para lograr el equipo perfecto. En otra movida ajedrecística, Knicks intercambió con Toronto Raptors a RJ Barrett -otrora esperanza obtenida en un draft que no funcionó- e Immanuel Quickley por Precious Achiuwa y OG Anunoby, ambos campeones del 2018 con el equipo canadiense. Achiuwa duró poco, mientras que OG se consolidó como un ala pívot todo terreno capaz de luchar físicamente, obtener puntos desde la pintura y hasta meter triples fundamentales. Su frialdad siempre fue y -será- necesaria para afrontar pasajes en los que el equipo buscaba cortar una mala racha con alguna canasta. Ni hablar de lo imprescindible de su participación en los últimos playoffs.
La temporada 2025/2026 (o la gloria eterna)
Las ambiciones de cara a la temporada para New York Knicks (NYK) eran moderadas, la llegada de un nuevo entrenador como Mike Brown generaba ciertas dudas sobre el planteo del equipo.
Brown, caracterizado como defensivo, encontró en su faceta de asistente de Steve Kerr en Golden State Warriors una arista arraigada en el goleo y en la generación de juego para encontrar espacios que dieran lugar a una potencia triplera. Su experiencia previa en Sacramento Kings también alimentaba a las incertidumbres, en este caso, de una manera negativa por su relación con algunos referentes, el caso de D’Aaron Fox.
Sin embargo, al poco tiempo de asumir el mando de NYK encontró en el plantel un retorno de confianza con vistas a formar un nuevo equipo, no en cuanto nombres sino en cuanto a la estrategia táctica. Si Thibodeau fue un maestro de la defensa, Brown se presentó como uno que combinaba la dureza física en el cuidado del aro propio con el alto goleo insaciable.
La temporada comenzó con dos victorias importantes frente a Cleveland y Boston, ambas como local en el Madison Square Garden (MSG). No tardó mucho en llegar la duda con tres derrotas al hilo, pero cinco victorias seguidas hicieron reflotar la confianza, Brunson se sostuvo en la cúspide de su poder ofensivo y -lo más importante- es que la dependencia sobre él empezó a desplazarse hacia otros jugadores, Towns y Anunoby también pudieron aparecer como máximo goleadores en diferentes juegos.
En el orden lo defensivo, KAT dejó vislumbrar desde un principio lo que fue su temporada con un promedio de un doble-doble en puntos y rebotes. Otra racha de siete victorias consecutivas en los primeros días de diciembre posicionó al equipo entre los mejores tres de la Conferencia Este.
En el medio de la temporada, los Knicks llegarían a una instancia inesperada, la final de la NBA Cup en Las Vegas frente a San Antonio Spurs, en una especie de presagio de lo que sería el desenlace soñado de la temporada. Con tan solo dos ediciones previas, este nuevo torneo todavía no está posicionado como un objetivo para los equipos, más allá de los pocos juegos que demanda para alcanzar el título. New York aprovechó y dio el zarpado, a pesar de ser los «underdogs» frente a la sensación fresca de los Spurs, franquicia que también pretendía empezar a gestar un nuevo periodo tras la salida de su mítico entrenador, Gregg Popovich. Los Knicks ganaron la final 124 a 113, una ventaja obtenida en el último cuarto con un parcial feroz que le permitió llevarse el juego y la copa.
Si bien el festejo se diseminó por toda la ciudad, puertas adentro la franquicia seguía con el ojo puesto en la postemporada con el fin de llegar, al menos, a la misma instancia de la anterior: las finales de conferencia. Algunas lesiones como las de Miles «Deuce» McBride y Laundry Shamet, ambos bases suplentes, obligaron a Mike Brown a cambiar sobre la marcha para darle minutos al novato Tyler Kolek, de mucha presencia en la temporada con el equipo de los Knicks en la G-League, la liga de desarrollo de la NBA, donde brilló en varios partidos. Antes del mid-season por el fin de semana del All Star, Brown propuso a la franquicia sumar a otro base, el primero en la lista de requeridos fue José Alvarado de New Orleans Pelicans. El boricua criado en la ciudad de New York llegó para aportarle más dinamismo en los minutos de descanso de Brunson, con puntos y robos colaboró en la segunda mitad de la temporada.
El peor momento se vivió durante el final de 2025 y el comienzo del nuevo año, con 9 derrotas en 12 partidos, que se cortó con una racha de nada menos que de 8 victorias consecutivas. Estos periodos ciclotímicos generaron más que murmullos en los partidos de local y casi todas las «balas» tuvieron como blanco al entrenador Brown. Hasta el cierre de la fecha final para intercambios se dio una novela por un posible trueque con Milwaukee Bucks entre Giannis Antetokounmpo y KAT. El dominicano sufrió muchas críticas en gran parte de la temporada que se articularon con las ganas desaforadas del griego por dejar a los Bucks, Leon Rose se mantuvo firme en su decisión de declinar la propuesta, la cual varió en diferentes reuniones donde se planteó la posibilidad de incluir en el trato a McBride e, incluso, a Bridges, idea que fue desestimada por completo por los Knicks.
En el último tramo de la temporada regular, los Knicks debieron defender hasta el último juego la tercera posición con un Cleveland Cavaliers acechante, en los dos primeros lugares terminaron Detroit Pistons y Boston Celtics, respectivamente. Otra vez, Jalen Brunson finalizó como el mejor Knick con un promedio de 26 puntos por partido y un porcentaje de efectividad de 46.7% de tiros de campo.
Los playoffs más letales
El rival de la primera ronda resultó ser Atlanta Hawks, uno de los mejores equipos del último tramo de la temporada regular que lo ponían como un contrincante de peso frente a las aspiraciones de los Knicks. El primer juego terminó con un contundente 113-102 en el MSG, nadie se imaginó que los dos partidos siguientes los ganaría Hawks por apenas un punto en cada uno de ellos. Este fue el peor momento de la temporada de los Knicks, los miedos a una eliminación en primera ronda empezaron a crecer como así también las incertidumbres ubicadas sobre jugadores específicos, el caso puntual de Mikal Brdges, quien también sufrió un bullying por parte de los jugadores rivales, lo que fue algo más que un mero «trash talk».
Como sucedió durante algunos pasajes del 2025/2026, los Knicks arrasaron a los Hawks en los tres partidos restantes de la serie y se quedaron con un 4-2 para esperar a Philadelphia en la siguiente ronda, equipo que llegaba de ganarle con la mayor adrenalina a Boston en 7 juegos. NYK no tuvo piedad y barrió al equipo de Joel Embiid con un 4-0. Entre los dos últimos juegos contra Hawks y el primero contra Philadelphia, los dirigidos por Brown sacaron una diferencia de 119 puntos. Las finales de conferencia esperaban, una vez más.
Cleveland también pasó por el thriller de los 7 juegos al dejar en el camino a Detroit Pistons, el favorito de la conferencia para llegar a las finales. Los Knicks aparecieron como favoritos por primera vez en una instancia tan decisiva. El juego inicial presentó de manera transparente la cualidad más importante del equipo campeón, la resiliencia ante una adversidad casi imposible de revertir. «Cavs» ganaba el primer juego sin despeinarse, hasta que en el tercer cuarto los de Brown se despertaron con una parcial que se extendió al último periodo donde se impusieron por 14 para forzar a un tiempo suplementario que los llevó a la primera victoria.
Para el segundo juego surgió el «H(e)art» del equipo con 26 puntos, en un partido más holgado que llevó la serie 2-0 a la ciudad de Cleveland. Sin embargo, no tuvo chances el equipo de Ohio al caer por 14 y por 37 puntos en los dos encuentros que jugó como local. De esta manera, los Knicks alcanzaron el primer objetivo de convertirse en campeón del Este y llegar así a las ansiadas finales de la NBA por primera vez desde 1999.
Las finales de nuestras vidas
Del otro lado hubo que esperar a que San Antonio Spurs derrotara en 7 juegos al último campeón, Oklahoma City Thunder. Si bien la temporada del conjunto texano fue descollante, lo de OKT fue aún mejor, lo que podía dejar vislumbrar una chance de que una nueva dinastía estuviera en ciernes, después de muchas temporadas con «campeones sueltos». Spurs, de la mano del francés Victor «Wemby» Wembanyama y un séquito de jóvenes jugadores, llegaron a unas finales donde aparecían como favoritos, en especial por tener la ventaja de la localía, algo de lo Knicks prescindió por primera vez en estos playoffs.
En el primer juego, San Antonio mostró ciertas dudas, muchas de ellas de orden psicológico, aunque también se evidenció cierto cansancio físico por la demanda exigida en la ronda anterior, mientras que Knicks tuvo una semana de descanso antes de afrontar las finales. El primer cuarto fue de Spurs, en cambio, los otros tres parciales fueron de los visitantes, en el último la diferencia fue de 10. Primera sorpresa, Knicks arrebató la localía.
Para el segundo, Spurs arrancó nuevamente con fiereza y Knicks con muchos desaciertos en ofensiva y perdidas que derivaron en puntos rivales. Ese mismo problema lo tuvo a lo largo de la serie el equipo de Texas con los cierres de los cuartos. En esos momentos, NY aprovechó para recortar las diferencias y llegar mejor parado para el siguiente cuarto. En el segundo parcial, Knicks estuvo en su auge de la serie para ganar 31-18, San Antonio se recuperó en el último cuarto y forzó a un final electrizante. Con el juego empatado y la posesión a su favor, «Wemby» le tiró la bola en la espalda a su compañero Stephon Castle, lo que le permitió recuperarse a Brunson para hacerse de la última oportunidad. El 11 visitante marcó uno de los dos libres, dejándole el tiro final a Spurs, Wemby tomó la responsabilidad y falló un lanzamiento de media distancia. Knicks se llevó el segundo juego también.
El primer partido de los Knicks en el Madison Square Garden dentro de las finales presentó un desarrollo similar al encuentro anterior, San Antonio dominó con los tiros exteriores y con un «Wemby» recio defensivamente. Mantuvo la firmeza en la segunda mitad, a pesar de ganar por apenas 4 puntos presentó un juego superior a su rival y descontó la serie. Se vino el cuarto juego.
Knicks 2- San Antonio 1. Partido determinante en las finales, si San Antonio ganaba recuperaba la localía, si los Knicks se alzaban con el tercer punto quedaban a tiro del campeonato. Nadie esperaba que Spurs convirtiera 76 puntos en la primera mitad frente a los Knicks que apenas alcanzaron 49, todo aparentaba a una victoria visitante nuevamente.
Nunca en la historia de las finales de la NBA un equipo levantó una diferencia de 27 puntos, pero los Knicks 2025/2026 no pertenecen a la estadística. En el tercer cuarto comenzó la levantada con un Jalen Brunson imparable y un OG Anunoby en modo depredador. Al mismo tiempo, esos tiros imposibles que entraban del lado de San Antonio desaparecieron por completo, la única posibilidad de anotar que se les presentó fue a través de tiros libres. El parcial terminó 26 a 14, faltaba mucho todavía.
San Antonio comenzó el último fragmento del juego con una ilusión de sostener, al menos, la diferencia de 16 puntos. Los Knicks fueron posesión a posesión, el recorte de puntos los acercaba cada vez más el marcador y a una hazaña histórica. Y así llegamos a las dos últimas jugadas que quedaran para siempre en la memoria de los fans de los Knicks.
San Antonio ganaba 106 a 105 con la posesión para los Knicks. Brunson cargó contra la defensa de Spurs en la zona pintada, Fox logró quedarse con el balón después de una perdida, tiró hacia adelante para hacerse espacio con tan solo 11 segundos en la posesión, en lugar de retenerla, decidió ir con una bandeja sin contar que OG Anunoby llegaría por detrás para ponerle una tapa. La posesión quedó en manos de José Alvarado, a menos de un segundo de cometer una infracción de cancha atrás, recibió una falta. Después de un tiempo muerto, Brown armó una jugada para dejarle el tiro final a Brunson. El lanzamiento del 11 falló, pero el que llegó entre medios de todas las manos fue OG Anunoby para lograr un doble con la punta de sus manos y darle, así, a los Knicks la canasta más importante de los últimos 30 años a falta de 1.2 segundos con la ventaja mínima en el marcador. La victoria dejó a los locales 3-1, obligándole a Spurs a ganar los tres juegos por venir.
El juego decisivo tuvo una previa con una declaración de «Wemby» pretendida para inyectar confianza puertas adentro: «Sabemos que lo vamos a dar vuelta, fuimos superiores en toda la serie». El liderazgo de un joven de 22 años en apenas su tercera temporada en la NBA evidenció una gran falencia en la parte humana, en su intento por descolocar a los jugadores rivales en el juego 4 y en la lucha discursiva falló en las reglas tácitas de ser un buen perdedor por no saludar a sus adversarios que fueron justos campeones, incluso, se despidió de la última conferencia de prensa con un «mic drop» casi adolescente, al decir: «Nos vemos… nunca».
Mucho queda por aprender en este camino dentro de la élite. La diferencia la marcó Jalen Brunson, quien no dudó en estrechar manos con el entrenador Johnson ni con los pocos jugadores de Spurs que no habían huido raudamente una vez terminado el último juego.
En términos deportivos, San Antonio otra vez tomó la delantera y el control del partido, para variar. No falló nada de lo que se esperaba, nuevamente, los Knicks apretaron las clavijas en el último cuarto y comenzaron con el descuento de puntos dentro de una dinámica de goleo bajo, el pico lo tuvo el local con 30 puntos en el tercer parcial, pero los Knicks sacaron una ventaja decisiva en el cuarto con un 29 a 18 final. Brunson se alimentó de las fallas de Castle, quien solo metió un tiro de campo en todo el partido y, como en toda la serie, de las malas decisiones de Fox, el que se suponía que iba a revestir de experiencia al equipo en los momentos decisivos. El que sí estuvo a la altura fue el novato Dylan Harper, hijo del gran Ron Harper, uno de los integrantes del Chicago Bulls legendario de Michael Jordan y compañía. Sin embargo, el entrenador Mitch Johnson apostó por el ex Sacramento Kings para la alineación titular. Al día de hoy persisten las sospechas de apuestas deportivas por los horrores cometidos en momentos claves de la serie.
Los Knicks, en otro punto nodal, encontraron a un jugador de perfil bajo para salvar el día, en este caso fue Mitchell Robinson, el peor tirador de libres de la liga y, al mismo tiempo, el mejor reboteador ofensivo. Precisamente, en el último parcial de la serie tomó una bola después de un libre fallado por Anunoby, lo que le permitió a su equipo tener una posesión más con una ventaja de tres puntos y empezar a soñar con el título. Bridges fue a la línea, le bastó con meter un solo tiro libre para dar rienda suelta a la locura azul y naranja, que copó el estadio de San Antonio como lo hizo en cada escenario visitante donde se escuchó fuerte el grito de: «Let’s go Knicks!» («¡Vamos Knicks!»), a pesar de todas las trabas puestas por las organizaciones locales a la hora de expender tickets: bloquear las compras con el código postal de la ciudad de New York y alrededores, impedir que viajen en grupo, separar a los hinchas en las ubicaciones de los estadios, etcétera. Nada impidió finalmente que el público neoyorquino apoyara como una extensión enfervorizada de este plantel imparable.
Finalmente, después de 53 años, uno de los equipos más populares de la liga volvió a ganar un anillo y lo hizo con los números más potentes de los últimos tiempos: 253 puntos de diferencia contra sus rivales (la máxima en la historia de la NBA), 13 partidos ganados de forma consecutiva y con 9 victorias de visitante. Jalen Brunson fue el MVP de las finales e igualó el récord de Michael Jordan con 45 puntos marcados en un partido de finales en condición de visitante.
Una muestra de perseverancia tras épocas de malaria sin competencia genuina contra sus rivales, en periodos de oscuridad los fans se mantuvieron fieles mostrando un apoyo incondicional. Desde Walt «Clyde» Frazier pasando por Bernard King, John Starks, Allan Houston, Latrell Spreewell, Patrick Ewing hasta Carmelo Anthony y muchos otros que anhelaron el ansiado título, los New York Knicks pueden gritar campeón como resultado de una temporada de ensueño con dos títulos y con grupo humano único.