Tuve la oportunidad de asistir a un hecho artístico totalmente único. Algo más que un espectáculo teatral. Su protagonista se llama Carolina Fernández: es periodista, actriz y escritora, pero ante todo madre. Es la mamá de Sofía y Santiago. Hace dos años publicó un libro de autoficción. Uno de los gérmenes de ese proyecto fue el dolor y el horror que le significó ver a su hijo de 19 años tras las rejas, por causas relacionadas a la comercialización y consumo de drogas, producto de largo tiempo de estar involucrado en situaciones problemáticas, rehabilitaciones fallidas y marginalidad.
Ese libro se llama «Putamadre» (Editorial Sudestada): es una visceral y cruda novela en la que interpela de manera directa los mandatos sociales en torno a la maternidad, desromantizándola por completo.
Ahora, la sublimación de tanto sufrimiento se completa con la obra de teatro que lleva el mismo nombre, en la cual ella alcanza también una realización personal: ser actriz. Y no solo eso, también logra compartir el espacio escénico con Santiago Laborde, su propio hijo, quien desde la Unidad Penitenciaria Número 48 de José León Suárez -a través de registros audiovisuales que se van intercalando con su actuación- cuenta lo que se puede contar.
De esta manera, la interacción entre ambos construye una sinergia absoluta. Se puede percibir ese vínculo imperfecto de seres rotos y lastimados. Algunas veces traumático, en otro tóxico y siempre atravesado por el dolor de no saber cómo seguir adelante con el peso de este mundo, pero que logra rearmarse gracias al arte y al amor, que en muchos casos se transforman en esos oasis entre la tempestad.
Pero la obra va más allá, también abre una línea crítica hacia las instituciones que expulsan a quienes no encajan dentro de la sociedad, y que madre e hijo tuvieron que padecer y enfrentarse en reiteradas oportunidades. Estamos hablando del sistema judicial y carcelario, la policía, incluso la propia escuela, de donde Santiago fue apartado algunas veces, quizás por no ser hijo de una «buena madre» o por tener una presencia paterna con «intermitencias», dado que sus padres se separaron cuando él era pequeño.
Caro Fernández trabajó con Tere Donato para articular una inteligente dramaturgia y la dirección quedó a cargo de Felicitas Kamien, con acertadas decisiones en la puesta. Propone un original híbrido entre el biodrama, la performance y el documental. El diseño escenográfico suma otro condimento distintivo: los cubos metálicos que se ven en escena fueron realizados por el propio Santiago y sus compañeros del penal.
«Putamadre» es un verdadero hallazgo en la cartelera del teatro independiente. Feroz, cruda, sensible, auténtica. También hay lugar para el humor y la música, que alivian y distienden muchos momentos de alta tensión dramática. Caro Fernández relata, describe y se interpreta a sí misma de una manera electrizante. Ella es magnética y de una potencia arrolladora. Una mujer todoterreno. Salís de la sala conmovido, sacudido mentalmente y con más preguntas que respuestas. Esas preguntas existenciales, sociales e incómodas que finalmente son las que siempre celebro como dispositivo de interpelación en toda experiencia artística.
«Putamadre» se presenta los viernes a las 21:30 horas en el espacio Dumont 4040, ubicado en Santos Dumont 4.040, en el barrio porteño de Chacarita. La duración de la obra es de 70 minutos.
Ficha técnico-artística
Dramaturgia: Teresa Donato, Caro Fernández. Actúan: Caro Fernández, Santiago Laborde.
Vestuario: Atelier Pucheta Paz. Escenografía: Julia Freid. Iluminación: Federico Martini, Jaime Muschieti.
Realización escenográfica: taller de herrería de la Unidad 48 de José León Suárez.
Prensa: Marisol Cambre. Community Manager: Paulina Serra.
Producción general: Caro Fernández, Claudio Plano.
Dirección Audiovisual: Gonzalo Zapico. Coach actoral de Santi: Lola Berthet. Dirección: Felicitas Kamien.
Periodista, productor de contenidos en radio y crítico de artes en formación.
Especializado en cubrir la escena del teatro.