«Cumbres Borrascosas»: ¿adaptación o fanfic?

Desde que se dio a conocer la noticia de una nueva adaptación del clásico escrito por Emily Brontë, las polémicas no se hicieron esperar. Entre las imágenes filtradas, el estilo provocador de Emerald Fennell y una campaña de marketing anclada en el concepto de «una historia de amor», las expectativas de una transposición potente parecían desinflarse día a día. Y, en ese sentido, Fennell no decepciona.

El plano inicial de la película plantea una semilla que resultaba, cuento menos, desafiante: todos están esperando algo de esta versión, pero vamos a sorprenderlos. Sin embargo, las pocas decisiones interesantes que podrían haber sido explotadas en función de eso se diluyen rápidamente, derivando en una sátira sin sentido que no termina de asumir su propia radicalidad y queda en un gesto inocuo.

Quizás el problema de raíz sea la insistencia en presentarla como «la historia de amor más grande jamás contada» cuando la novela es, justamente, mucho más incómoda que eso. Es ahí donde surge la pregunta inevitable: ¿por qué Fennell, una directora que trabajó con lo retorcido, lo perverso y lo sexualmente incómodo, decide suavizar el material original? Porque, sin dudas, esta versión de Heathcliff y Catherine deja de lado algunos de los aspectos más turbios del texto como la pulsión destructiva, sugerencias de necrofilia, el pseudo incesto y la violencia psicológica y física que atraviesan la obra.

Trasponer literatura al cine siempre implica sacrificar, recortar y reorganizar. Sin embargo, el Heathcliff de Jacob Elordi se ve reducido a un pichón gigante que solo busca proteger a Catherine de la lluvia, y le pide por favor que lo ame. Es simplemente un amante dolido que no tiene un plan de venganza como el maquiavélico personaje de Brontë. En esa misma línea, la Catherine interpretada por Margot Robbie conserva cierta veta manipuladora y contradictoria, aunque sus acciones pierden densidad y complejidad.

Esto no se trata de purismo literario sino de preguntarse para qué volver sobre una historia que fue adaptada en múltiples ocasiones. ¿Qué lectura nueva propone esta versión? A priori, pareciera que Fennell apuesta a la provocación estética (anacronismos en vestuario, música y diseño de producción) como si el gesto formal alcanzara para resignificar un texto que, por sí mismo, ya es áspero y profundamente controversial.

Ante la pregunta inicial, la «Cumbres Borrascosas» de Fennell no termina de ser una adaptación (como su propia directora sugirió), pero tampoco alcanza la libertad irreverente de una fan fiction promedio. Le falta rigor para lo primero, y sin dudas, le sobra timidez para lo segundo.