Adorni de salida

El Gobierno Nacional anunció formalmente la salida de Manuel Adorni como jefe de Gabinete de Ministros y vocero presidencial, donde asumen Diego Santilli y Adrián Ravier, respectivamente.

El economista Ravier dio su primera conferencia de prensa en la mañana del martes, donde evitó hablar del escándalo de corrupción que implica a su antecesor. Además, lejos del tono despectivo y altanero de Adorni, se comunicó con el grupo de periodistas acreditados con cordialidad, aunque no respondió las preguntas sobre el enriquecimiento ilícito, dádivas y los intentos de obstrucción de la Justicia que se encuentran en investigación y complican la situación. El patrimonio personal de Manuel Adorni subió más de 2.000% en dos años.

Asimismo, la cartera que ahora encabeza Santilli volverá a dividirse en dos áreas, con Gustavo Coria e Ignacio Devitt, quien responde directamente a Karina Milei, secretaria de Presidencia y mandamás de la gestión libertaria. Cabe recordar que la hermana del presidente también está bajo la mira de la Justicia por las coimas en la Administración Nacional de Discapacidad (ANDIS) que produjo el desplazamiento de Diego Spagnuolo.

Por otra parte, esta semana se dieron a conocer nuevos audios de Adorni en los que presionó (o amenazó) al contratista Matías Tabar antes de su testimonio por las denuncias de corrupción por las obras en su vivienda en el country Indio Cuá, por un costo de 245.000 dólares pagados en efectivo. «Obviamente, te voy a dar todo el soporte que necesites. Despreocupate, como hice con todos. Eso está de más decírtelo, pero contás con todo lo que yo te pueda ayudar. Es una boludez, pero para que vos te quedes tranquilo y para que todos nos quedemos tranquilos», expresa la voz de Adorni días previos a la citación ante la Justicia en mayo pasado.

Curiosamente, por esa fecha en conferencia de prensa en Casa Rosada, se había negado a responder preguntas para no obstruir la investigación, pero no tuvo inconvenientes en ponerse en contacto con un implicado directo en la causa. En el mes de marzo fue fotografiado con su esposa, Bettina Angeletti, en el avión presidencial rumbo a New York. Primero dijo que no sucedió, luego explicó que fue invitada («vine a deslomarme y quise que mi mujer me acompañe») y, más adelante en el tiempo, se descubrieron contratos millonarios de su empresa de coaching ontológico con organismos del Estado.

En simultáneo, el funcionario de La Libertad Avanza contrató un jet privado a Punta del Este y viajó junto a Marcelo Grandío, quien había realizado contratos millonarios con la TV Pública, lo que lo implicó en posible tráfico de influencias.

De la misma forma, Adorni rechazó de manera rotunda haber recibido algún tipo de ingresos económicos extras por fuera de su labor estatal y argumentó que el dinero obtenido fue un préstamo de dos jubiladas, Beatriz Viegas y Claudia Sbabo. Pocas semanas después, cambió su «libreto» y aceptó el cambio de vida con la explicación de que sus ahorros se incrementaron debido al hallazgo de un pendrive con bitcoins. En el medio, no presentó su Declaración Jurada, obligatoria para todos los funcionarios públicos.

Entre otras declaraciones que acorralan a Manuel Adorni, se suma la de su exsecretaria Laura Schiuma, quien aseguró que este le ordenó comprar con su tarjeta de crédito un monitor gamer valuado en casi dos millones y medio de dólares (Samsung Odyssey OLED G8) que luego le pagó en efectivo.

A partir de esta semana, Manuel Adorni ya no tiene los espacios que ostentaba en el Gobierno Nacional y, cuando en un programa radial afín a la gestión le consultaron a Javier Milei sobre el cargo que aún ocupa como directivo en YPF, Karina lo interrumpió para que no brinde respuestas.

Finalmente, el Gobierno intenta renovar la imagen de una administración desgastada por los continuos escándalos. En palabras del Presidente, había definido a Ravier como un «chanta» e «imbécil» sin «rigor académico» y «un burro que carece de velocidad mental»; mientras que a Santilli lo tildó de «engendro» y «pésimo candidato de TikTok y el boludeo», de quien «no hay nadie que no diga que no es un corrupto».